PORNSTAR LOVE

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¿Qué fue lo que me arrastró hasta este mundo de luces falsas, cámaras encendidas y gemidos fingidos?

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¿Qué fue lo que me arrastró hasta este mundo de luces falsas, cámaras encendidas y gemidos fingidos?

¿Qué fue lo que me empujó a cruzar esa delgada línea entre la necesidad y la humillación, entre la desesperación y la entrega?

La respuesta es simple: el amor.

Pero no el romántico, no el de película.

Fue el amor más crudo, más real, más desgarrador que puede existir:
el amor por mi padre.

Antes de la tormenta, éramos una familia feliz.

Teníamos un hogar cálido, risas en la cocina, y un restaurante que era el orgullo de mi padre.

La gente venía de todos lados solo para probar su comida.
Él cocinaba con el alma.
Y nosotros vivíamos sin lujos, pero con dignidad.

Pero entonces, la enfermedad llegó.
Silenciosa, lenta... y mortal.

Una sentencia clínica empañó todo.
Su cuerpo comenzó a apagarse, y con él,
nuestra estabilidad.

Vendimos el restaurante.
Después el coche, luego el mío, una propiedad, los muebles, los recuerdos.
Hasta hipotecamos la casa.

Nos quedamos con las paredes desnudas y un hombre muriendo entre ellas.

Las inyecciones que podían salvarlo costaban lo mismo que una casa entera.
Y necesitaba diez.
Diez oportunidades de vivir.
Diez esperanzas inalcanzables.

Mi padre nos suplicaba que lo dejáramos ir.

Decía que prefería morir antes de seguir
viéndonos caer.
Pero yo no podía.
No iba a permitir que se rindiera.
Él me dio la vida.
Yo estaba dispuesta a perder la mía con tal de devolverle un poco de la suya.

Fue entonces cuando tomé la decisión
más oscura de mi existencia.
No fue valiente.
No fue heroica.
Fue humana.
Elegí el camino más rápido.
El más cruel.
El más denigrante.

Pero también el más efectivo:
el mundo del porno.

Me adentré en un universo donde el cuerpo es mercancía y las lágrimas no tienen lugar, donde los contratos pesan más que el consentimiento.

Un mundo que me arrancó partes de mí...
...pero que, irónicamente, también me dio la posibilidad de salvar a quien más amaba.

Y fue ahí,
entre escenas vacías y noches de llanto, donde lo conocí a él.

Chris Evans.

Sí, el mismo.
Uno de los rostros más reconocidos
del cine para adultos.

Un ídolo. Un símbolo sexual.
Y detrás de todo eso... un hombre roto como yo.

Lo nuestro no fue perfecto.
Fue tormenta y calma.
Fue celos, pasión, locura, heridas... y amor.
Amor de ese que no se ve en las películas,
pero que te marca el alma para siempre.

Esta es nuestra historia.

Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.

Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Dos sobrevivientes del mismo infierno.

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