40

2.4K 150 9
                                        

NO ESTABA EMBARAZADA.

Lo repetí varias veces en mi cabeza mientras las lágrimas me caían como cascadas.

No estaba embarazada.

—Gracias Dios... gracias... —susurré temblando mientras me sostenía de la pared del baño—. No ahora, no así...

Sí.
Quería tener hijos.
Siempre había soñado con ello.

Pero no hoy.

No en medio de esta maldita vida, de esta industria que me consume el alma.

No cuando ni siquiera puedo ser dueña de mi propio cuerpo.

Respiré con fuerza.

Me sentía aliviada y, al mismo tiempo, vacía.

¿Esto era lo que me quedaba? ¿Una victoria momentánea en medio de una vida donde ni siquiera sabía quién era?

Aun así, salí del baño y caminé directo con el doctor.

Algo no encajaba.
Las náuseas. Los vómitos. Los mareos.

Tenía que haber otra explicación.

[.....]

La respuesta llegó: infección estomacal severa.

—Pudo haberse originado por algo mal cocido o mal almacenado. ¿Comiste algo fuera de casa recientemente? —preguntó el doctor.

Sí.
La maldita comida de la madre de Chris.

No podía creerlo. Una sola comida, una sola visita, y mi cuerpo estaba pagando la factura.

Aunque no dejaba de preguntarme...

¿Por qué tanto tiempo enferma? ¿Por qué tan violenta la reacción?

Sali del hospital, estaba infestado de paparazzis, esta era mi vida ahora.

Ellos nos respetaban nada. Yo estaba hecha un desastre. Simplemente me cubri el rostro.

Volví a casa en silencio, conduciendo como un fantasma

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Volví a casa en silencio, conduciendo como un fantasma.

El viento me pegaba en la cara mientras trataba de mantenerme en pie.

Debía guardar reposo.
Mi cuerpo ya no aguantaba más.
Mi alma tampoco.

A lo lejos, vi el auto de Chris estacionado frente al edificio.

—No... no ahora... —susurré.

Aceleré el paso, tratando de evitarlo, pero fue inútil.

Él corrió y se metió en el ascensor conmigo justo antes de que se cerraran las puertas.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, seria, sin mirarlo.

—Te amo... ya no puedo estar sin ti.

—Te dejé muy en claro que no te quería ver..

—¿Qué hacías en el hospital?

—¿Me estás siguiendo?

—No... los paparazzis lo hacen..

—Lo que haga o deje de hacer no es de tu incumbencia. —Me crucé de brazos. Su voz me repugnaba en ese momento.

—Mi amor... —intentó acercarse.

—Nada de "mi amor". Tú fuiste quien terminó todo, ¿recuerdas? Ahora no vengas a llorarme..

—Yo te amo, eres el amor de mi vida...

—Lo eras.

Las puertas se abrieron.
Salí sin mirarlo.
Pero él me siguió, como si con seguirme pudiera borrar todo lo que me había hecho.

—Hablemos, por favor...

—Basta, Christopher. Soy rencorosa, sí, pero con razón. Me dolió lo que hiciste. Me abandonaste frente a tu madre como si fuera una extraña. Como si valiera menos que una visita incómoda..

—Y estoy arrepentido... no tienes idea de cuánto..

Lo miré, harta.

Pero algo me detuvo.

La puerta de mi departamento.

—Espera... —dijo Chris, poniéndose frente a mí.

Estaba entreabierta.
La cerradura colgaba forzada, destrozada.

Mi corazón comenzó a latir como un tambor.
No... no puede ser.

Chris empujó la puerta con cuidado.
Yo entré detrás de él.

Mi mundo... estaba en ruinas.

Mi hogar, mi espacio, mi refugio... destruido.

Cajones vacíos. Sillas rotas.
Fotografías arrancadas de los marcos.
Mi computadora, mi cámara, mis pertenencias más íntimas...

Todo... tirado. Todo revuelto. Todo saqueado.

Caí de rodillas, como si alguien me hubiera desconectado el alma.

—Mierda... —decía Chris, revisando cada rincón—. Quédate aquí, voy arriba...

No pude responder.
Solo lloraba.
Lloraba como si me estuvieran arrancando la piel.

—¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué otra vez? —susurré entre sollozos.

Chris gritó desde el cuarto. Corrí como pude.

Y ahí lo vi.

Mi habitación... también destruida.

El armario abierto de par en par.
Las puertas del closet arrancadas.
Mis bolsos de lujo, mis zapatos, mi caja fuerte... vacía.

Me lancé al rincón donde la escondía.
La tocaba como si fuera a encontrar algo que no me hubieran robado.

Pero todo estaba vacío.

TODO.

Mis ahorros.
Los papeles legales de mis departamentos.
Mis documentos de identidad.
Mis videos privados con Chris.
Nuestros momentos íntimos, filmados con amor. Ahora, robados por quién sabe quién... quién sabe con qué intención.

Grité.
Grité como nunca.
Como si todo el dolor del mundo se me hubiera concentrado en la garganta.

Caí otra vez al suelo.
Devastada. Humillada. Rota.

—Kylie... —susurró Chris, viéndome hecho trizas.

No le contesté.
No tenía palabras.

Porque no me habían robado solo mis cosas.
Me robaron mi historia.
Mi esfuerzo.
Mi cuerpo.
Mi dignidad.

Y en ese momento, lo supe.

Tenía que salir de esa industria.

Tenía que escapar.
Antes de que me arrancaran lo poco que quedaba de mí.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora