Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
Mi departamento, que alguna vez fue mi santuario, ahora me parecía una jaula fría y vacía.
Cada rincón olía a él. Cada pared guardaba su risa, sus besos, sus promesas vacías.
Christopher me dolía...
Me dolía con rabia, con miedo, con decepción.
Y no porque ya no me amara —tal vez sí lo hacía— sino porque eligió no amarme en el momento que más lo necesitaba.
Él y su madre me aplastaron.
Y lo que más me destruyó... fue que él no dijo ni una palabra.
Me arrastré hasta la regadera con los ojos hinchados y la garganta seca de tanto llorar.
El agua tibia cayó sobre mi cuerpo como una caricia inútil. No me calmaba. No me limpiaba. No podía lavarme el dolor.
Intenté respirar.
Pero las náuseas, otra vez, volvieron.
¿Qué estaba pasando?
Sentí un escalofrío por todo el cuerpo. ¿Y si estaba embarazada?
Dios... No. No. No podía ser.
Me senté en el suelo de la ducha, abrazando mis rodillas.
La verdad me golpeó de lleno en el pecho.
En esta industria, el riesgo es parte del trabajo.
Aunque nos exigen pruebas constantes, aunque las reglas digan que todos deben tener vasectomía, yo sé que esas reglas se rompen. Todos las rompen.
Y aunque Chris me juró que tenía la suya... ¿Y si algo falló?
Y peor aún, ¿y si el bebé no era suyo? Cada escena, cada rodaje... Cada cuerpo que me tocaba por obligación profesional... ahora me parecía un monstruo potencial.
Me preparé un té de manzanilla. Mis manos no dejaban de temblar.
Me senté en la enorme ventana que daba a la ciudad. Nueva York brillaba como siempre. Tan viva. Tan despiadada.
Encendí mi playlist de música triste y me acurruqué con mi almohada. Mi llanto volvió. Esta vez más silencioso, más profundo, más desgarrador.
Me había perdido. En un mundo donde mi cuerpo era espectáculo, y mis emociones, un estorbo.
Me sentía usada. Desechada. Amaba a un hombre que no me defendió, y trabajaba en una industria que no me protegía.
Vi una de nuestras fotos, la que teníamos en el viaje a Italia.
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Donde el me besaba y yo sonreía. Esa sonrisa... ya no era mía.
La abracé con fuerza.
—Debes ser fuerte, Kylie. No mereces llorar por quien no supo sostenerte cuando más lo necesitabas..
[.....]
Desperté tirada en el sofá, con el sol entrando a chorros por la ventana.
Cada rayo era una puñalada en mis ojos hinchados.
Subí a mi habitación. Me miré al espejo.
Horrible. Eso fue lo primero que pensé.
Mis ojos estaban deformes de tanto llorar. Mi piel apagada. Mis labios agrietados.
Fui al baño y, sin aviso, vomité.
Lo poco que había comido el día anterior se fue en un grito estomacal.
—Oh dios... —susurré, recargada en la pared helada.
Ya no era una teoría. Mi cuerpo estaba hablando. Y gritaba que algo no iba bien.
Limpie el desastre como pude, con rabia, con miedo.
—Fuck... —susurré mientras recogía el último papel.
No aguantaba más. Tenía que saber la verdad.
Me metí a bañar, todavía con ropa interior. No importaba. El agua debía apagar este incendio en mi cabeza.
Pero no lo hizo.
Ni el agua, ni el silencio, ni mi voluntad bastaban para calmar lo que estaba por estallar.
Me vestí rápido. Sin maquillaje. Sin pensar. Salí volando al hospital.
[.....]
Estacioné el coche.
Me quedé ahí, con las manos en el volante, los ojos en el vacío.
¿Y si sí estaba embarazada?
¿Qué haría?
¿Qué haría con esta carrera? ¿Qué haría con ese bebé? ¿Qué haría con esta culpa?
Las lágrimas me cayeron sin permiso. No estaba lista para ser madre.
No en este momento. No en esta vida. No con este cuerpo tan maltratado, tan agotado.
Limpié mis mejillas con rabia y entré. Hice el trámite como una autómata.
En apenas 20 minutos me sacaron sangre.
[.....]
Esperé sentada. Las piernas no me respondían.
—¿Kylie Kristen Jenner? —preguntó la enfermera.
Me puse de pie como un fantasma.
—Gracias... —susurré al tomar el sobre con los resultados.
Podría haberme ido a casa. Pero no. No tenía fuerzas para volver a fingir.
Entré al baño. Cerré con seguro.
Me senté en la taza del baño. El sobre temblaba entre mis dedos. Mi cuerpo entero se sacudía como una hoja al viento.