117

1K 86 14
                                        

Todo en mi interior comenzó a temblar.

No era solo tristeza, era una especie de muerte interna.

Sentía que mi alma se deshacía, como si la estructura que me sostenía se viniera abajo, viga por viga, pedazo por pedazo.

Caí sentada sobre la cama.
No pude sostenerme ni siquiera por orgullo.

Las lágrimas me ahogaban.
Me dolía el pecho, el estómago, el corazón.
Me dolía ser yo.

Tenía que hacer algo.
No podía quedarme así, en la ruina emocional, entre los pedazos de una historia que creí eterna.

Y entonces lo supe: mis hijos no podían seguir en medio de esta tormenta.

No merecían ser testigos del infierno emocional que se respiraba en casa.

Así que conduje hasta la escuela, aún con las manos temblorosas, y pedí hablar con la directora.

No dije mucho, solo que Kiara estaba siendo acosada por nuestro pasado, por algo que jamás debió afectarla.

Y luego los recogí. A Kiara y a Liam.
No podía verlos y no romperme.
Sus caritas, su inocencia, su confianza en mí...

Los llevé con Stassie.
Mi mejor amiga. Mi hermana de la vida.

—Yo los cuido, no te preocupes... —dijo abrazándome.

—Gracias. Te quiero tanto... —murmuré, ahogada en lágrimas.

—Yo te quiero más, amiga... —me susurró, sosteniéndome mientras yo me quebraba en sus brazos.

Y después de dejar a mis bebés a salvo, manejé sin rumbo, llorando como si el dolor me expulsara de mí misma.

[.....]

Volví a casa...
Ese lugar que alguna vez fue nuestro santuario.

Y ahora... era un campo de batalla lleno de escombros emocionales.

Nada olía igual.
Nada se sentía seguro.
Nada me pertenecía ya.

El hombre que más había amado me falló.

Pero no debía sorprenderme, ¿no? Al final de cuentas, era hombre.

Y muchos hombres traen consigo heridas, orgullo, y una maldita incapacidad de ver a la mujer que tienen delante.

Pero no quería caer en clichés...
Lo amaba. Dios, cuánto lo amaba.
Y por eso mismo... tenía que irme.

Si él no me dio mi lugar, yo me lo daría a mí misma.
Si él me traicionó, no podía permitirme traicionarme quedándome.

Me puse a empacar.

Ropa, fotos, juguetes de los niños...

Y con cada prenda que doblaba, venían a mi mente recuerdos: nuestras risas, nuestros viajes, nuestras primeras navidades juntos.

Todo eso que pensé que duraría para siempre.

Tal vez sí fue el amor de mi vida...
Pero no todas las historias de amor están destinadas a sobrevivir.

Ya eran las diez de la noche.
No había rastro de Chris.
Y entonces escuché el sonido del portón.
El coche entrando.
Mi corazón se paralizó.

Tragué mis lágrimas, me limpié la cara como pude, y bajé las maletas de la cama.

Solo me faltaban las de los niños.

Él entró a la habitación.
Rojo. Serio. Distante.

Se recargó en la puerta y me miró con los ojos vacíos.
Como si no supiera todo el daño que me había hecho.

—¿Qué haces con esas maletas? —preguntó.

—Me voy... —dije, quebrada.

—No. No te irás a ningún lado —respondió con firmeza, cruzándose de brazos.

Tomé las maletas y avancé.

—Quítate. Déjame salir.

—No, Kylie. No te vas a ir.

—No voy a soportar la mierda que haces. No lo haré. Tú acabaste con todo.

—Lo siento, pero no te dejaré ir.

—¡Te amo, Christopher! ¡Pero me amo más a mí! Y tú me fallaste...—Las lágrimas comenzaron a fluir otra vez—. No lo voy a permitir. Quítate o llamo a la policía.

Él negó con la cabeza.

Intenté empujarlo. Pero era ridículo.
Era mucho más fuerte.

—¡QUÍTATE, CHRISTOPHER!

No respondió. Solo me miró.

Entonces... me quité el anillo.

Ese maldito símbolo que ya no significaba nada.
Y se lo aventé en la cara.

—AHORA YA NO TIENES ESPOSA...
NI MUCHO MENOS UNA FAMILIA.
ERES LIBRE. PODRÁS METERTE CON QUIEN TE PLAZCA.
¡AHORA QUÍTATE!

Y entonces, rompió.

Chris rompió.

Las lágrimas comenzaron a caerle por el rostro.
Por fin. Lo vi humano. Dolido. Perdido.

—Perdóname... —dijo, con la voz hecha polvo—. Perdóname, Kylie...

Se acercó. Me abrazó con fuerza.
Y lloró.
Como nunca lo había hecho.
Como si de verdad entendiera lo que me había hecho.

Pero ya no era suficiente.

Porque a veces, el amor no puede sostener lo que la confianza ha destruido.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora