Kylie
Abracé a Stassie con todas mis fuerzas mientras el pequeño ataúd era depositado frente a mí.
Una cajita blanca.
Pequeña. Frágil.
Injustamente hermosa.
Nunca algo tan diminuto había provocado tanto dolor.
—¿Puedes acercarme a él? —le pedí a Stassie con un hilo de voz.
Ella asintió entre lágrimas, y empujó mi silla con lentitud hasta dejarme justo frente al lugar donde mi hijo dormía para siempre.
—Hola, mi bebé... —susurré, acariciando su fría mejilla—. Hola, mi amor...
Me temblaba todo. El alma. Las manos. La voz.
No existía nada más cruel en el mundo que ver a tu hijo así... tan callado, tan inmóvil... tan irreal.
Su lugar era en mis brazos, pegado a mi pecho, llorando, comiendo, sintiendo el calor de su madre...
No aquí. No así.
—Eres tan bello... —dije mientras las lágrimas caían como lluvia sin fin—. Tan perfecto...
Demasiado hermoso para este mundo de mierda, ¿verdad?
Tomé su manita con ternura y la besé una, dos, mil veces.
Ojalá pudiera devolverle la vida solo con amor.
—Tenía tanta leche para darte, mi cielo...
Tenía tantos besos guardados para ti, tantas canciones, tantas noches abrazados...
Iba a llenarte de amor hasta que te hartaras de mí...
Iba a hacerte el niño más feliz del universo...
Miré a Chris.
Estaba de rodillas, destrozado, llorando como si su alma se rompiera en pedazos.
No había consuelo posible.
—Ve por Kiara, por favor —le pedí a Stassie.
Ella asintió y salió.
Yo quería que sus manitas tocaran a su hermano al menos una vez.
Que supiera que él existió, que lo viera.
Que el vínculo de sangre y alma se sellara, aunque fuera con un último adiós.
Stassie volvió con ella en brazos.
Kiara me miró con sus enormes ojos inocentes, sin entender lo que ocurría, pero con el corazón latiendo al ritmo del nuestro.
—Ven, mi amor... —dije sentándola con delicadeza sobre mis piernas—. Mira, él es tu hermanito...
¿Lo recuerdas? Estaba dentro de la pancita de mamá... tú le cantabas y le dabas besitos...
Kiara observó con curiosidad, callada, con esa paz sagrada que solo tienen los niños.
Acercó su carita al ataúd sin miedo, sin preguntas.
—Él es baby Christopher... —le dije—. Y aunque no pudo quedarse con nosotros, te va a cuidar desde el cielo, te va a seguir a donde vayas, va a ser tu ángel.
Tomé su manita y la deposité suavemente sobre la frente del bebé.
—Mira qué bonito es... tiene tus ojos... y los de papá... pero está dormidito, mi amor. Muy dormidito...
Kiara miraba en silencio.
No hablaba, pero su alma entendía.
—Baby Christopher es un angelito ahora... —dije mientras se me quebraba la voz.
Ella se acurrucó contra mi pecho, como si supiera que mamá se estaba muriendo por dentro.
Stassie la tomó y se la llevó arriba.
Y yo me quedé sola...
Sola con el dolor más brutal que puede sentir una madre:
sobrevivirle a su hijo.
Chris
No sabía que el alma podía romperse en tantas partes.
No sabía que un hombre podía llorar así.
Jamás imaginé que perder a un hijo se sintiera como un disparo al corazón que no deja de sangrar.
Y aún así tienes que respirar.
Yo no quería acercarme al ataúd.
Me sentía culpable.
Me sentía indigno.
¿Cómo mirar a mi hijo y no haber podido salvarlo?
Las personas llegaban. Dejaban flores blancas.
Se abrazaban.
Lloraban.
Pero yo no escuchaba nada.
Era como si el mundo se hubiera apagado.
Me quedé sentado en el borde de la escalera, con la cabeza entre las manos, deseando cambiar la historia, ofrecer mi vida a cambio de la suya.
Cuando decidí tener hijos con Kylie, sabía que mi existencia tenía un nuevo sentido.
Ellos...
Ellos se convirtieron en todo.
En lo más puro. En lo más real.
En el amor que nunca tuve de niño, en la familia que siempre soñé.
Y perder a uno de ellos...
Era perderme a mí.
Pensaba en todo lo que jamás viviríamos juntos:
En su primer paso.
En su risa.
En enseñarle a patear una pelota, a ser valiente, a no tener miedo de llorar.
A decirle que estaba bien sentir.
Yo tenía tantos planes para ese niño...
Iba a enseñarle a amar de verdad.
Iba a ser su guía, su escudo, su refugio.
Quería romper con la maldición de los hombres de mi familia.
Quería enseñarle lo que a mí nunca me enseñaron.
Pero ya no habría más.
Y aunque aún tenía a mi esposa, y a mi pequeña princesa que me necesitaban más que nunca...
Sentía que me estaba hundiendo.
Me dolía respirar.
Me dolía mirar a Kiara y pensar que ella algún día preguntaría por su hermanito.
Y me dolía saber que no podía darle la respuesta que ella merecía.
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Pornstar Love
FanfictionDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
