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[.....]

—Mañana tengo que viajar temprano... —dijo Chris, quitándose la camiseta con esa sensualidad despreocupada que solo él tenía.

Lo miré desde la cama, con la sábana cubriéndome apenas las piernas. Sonreí.

—Bien... Te amo.

Se acercó y se tumbó a mi lado.

Su calor, su olor, su piel... era como si mi cuerpo encontrara su lugar exacto cuando estaba entre sus brazos.

—Te amo más... —murmuró, recargando la cabeza en mi pecho.

Me rodeó con sus brazos y suspiró.

A veces parecía un niño, un hombre perdido que solo encontraba paz en mi pecho.

Me acarició la cintura con la yema de los dedos.

—Tu corazón late muy fuerte... —dijo en voz baja, casi como si pensara en voz alta.

—Adivina quién es el causante... —dije con una sonrisa, jugando con su cabello.

Él me besó la comisura del rostro, lentamente, como si intentara sellar cada parte de mí con sus labios.

Y yo... yo lo amaba con locura.

Con una locura que empezaba a doler.

Me imaginé a Chris con un bebé en brazos.
Con nuestro bebé.
Me imaginé despertando con él a las tres de la madrugada para calmar el llanto de un pequeño que fuera mitad él, mitad yo.

¿Era muy pronto? No. Ya no.

Llevábamos tanto tiempo juntos.
Nos amábamos.
Teníamos un hogar, estabilidad, pasión, complicidad. ¿Qué más necesitábamos?

Quería ese siguiente paso.
Lo deseaba como se desea algo que arde por dentro.

—Eres el amor de mi vida —dijo de pronto, mirándome desde abajo, con esa sonrisa que podía destruirme y reconstruirme a la vez.

—Y tú el mío.

Desde que lo conocí, jamás imaginé amar de esta manera.

Pensé que había nacido para resistir, no para sentir.

Éramos dos personas heridas, rotas, que se habían encontrado sin buscarse y que ahora no sabían respirar sin el otro.

Adictos el uno del otro.

[......]

—Te amo. Cuídate mucho —dije mientras lo abrazaba fuerte, con mis manos aferradas a su espalda.

—Te amo más... —respondió, besando mis labios una y otra vez, como si también le doliera irse.

Siempre dolía cuando Chris tenía que viajar.
Su ausencia me vaciaba.

Se subió al auto, me dedicó esa mirada que sólo él sabía dar... y se fue.

Yo me quedé ahí, viendo cómo desaparecía al final de la calle, con una mezcla de orgullo, ansiedad y tristeza.

Hoy empezaba algo grande.

[......]

—Gime mi nombre... —jadeaba Chris por teléfono.

Yo tenía mis auriculares puestos, la habitación a media luz.

Mis dedos se deslizaban entre mis piernas mientras él se masturbaba del otro lado de la línea.

—Ya quiero llegar para devorarte la vagina... —decía con voz ronca—. No sabes cuántas ganas tengo de probarte entera..

—Ahh vamos, Christopher... te necesito... —gemí mientras me tocaba más rápido—. Esto no es suficiente...

—Te voy a dejar en silla de ruedas otra vez...

Recordé esa noche.
Esa vez que lo hicimos tan rudo que estuve sin poder caminar bien por un día.
Y me encantó.

Nos prometimos no repetirlo.

Pero la verdad... lo extremo nos definía.

Nos excitaba ir más allá, cada vez.

El sexo con Chris no era sólo placer.

Era nuestra forma de hablarnos, de pelear, de reconciliarnos, de recordarnos cuánto nos necesitábamos.

[.....]

Mi mejor amiga me acompañó al ginecólogo

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Mi mejor amiga me acompañó al ginecólogo.

Yo iba con el corazón galopando en el pecho, con los ojos brillando.

Estaba lista.

Iba a comenzar a buscar a nuestro bebé.

Me revisaron.
Todo estaba bien.
Mi cuerpo estaba listo.

No podía dejar de pensar en eso: en ver a Chris con un bebé dormido en su pecho, en escuchar sus risas en la casa, en formar una familia.

Mi sueño estaba por comenzar.

Salí del consultorio gritando de la emoción.

Llamé a Chris. No contestó. Pero no importaba.
Solo quedaba hablarlo con él.

Todo estaba listo. Solo faltaba su sí.

[.....]

Esperé en casa su llegada.
Puse velas, me arreglé, cociné su comida favorita.

Estaba tan feliz, tan emocionada, tan nerviosa...

Porque no sabía que esa felicidad que me recorría el cuerpo iba a romperse en mil pedazos muy pronto.

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