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Me sentía rota. Vacía.

Era nuestra primera noche en esta casa, ese lugar que se suponía sería nuestro refugio, nuestro hogar.

Y esa vieja cagada —porque no tenía otro nombre— vino a arruinarlo todo.

Sí, era su madre.
Sí, debía respetarla.
Pero la odiaba con cada parte de mí.

Me tiré en la cama, apretando la almohada con tanta fuerza que sentí las uñas enterrarse en mi piel.

—Abre la puerta —susurró Chris desde el otro lado, con voz baja.

—Vete —dije entre lágrimas.

—Andas muy sensible... —añadió, como si eso fuera un consuelo, como si fuera culpa mía.

—¡CÁLLATE! Y vete a dormir con tu mamita —escupí, sintiendo la bilis en la garganta.

Escuché un golpe leve en la puerta. Luego... silencio.

Ni un "lo siento". Ni un "te amo".
Nada.

[.....]

Me desperté antes que el sol.

Tenía cita en la clínica de PornHub.

En tres días rodaría un nuevo filme, así que necesitaba hacerme los estudios previos.

Me duché, me lavé los dientes, me vestí en silencio.

No podía comer nada por los análisis.
Lo único que tragaba era el resentimiento.

Mientras bajaba las escaleras, la voz de Chris me alcanzó.

—¿A dónde vas?

No respondí.
No le debía explicaciones.
No después de cómo me hizo sentir anoche.

Cerré la puerta sin mirar atrás.

[.....]

En la clínica todo salió bien, físicamente hablando.
Pero por dentro, sentía que me quebraba.

Después del chequeo, me fui a desayunar.

Intenté distraerme, pero el nudo en el pecho no desaparecía.

La presión, la exposición, los juicios, el cansancio emocional... todo empezaba a pasarme factura.

En el coche, de regreso a casa, sonaba "Plutón" de CNCO con Kenia OS.
Cantaba para no llorar.

—QUIERO VER SI ME DAS LA TALLA PORQUE SOY MUCHA MUJER... —grité con una sonrisa rota.

Pero al llegar a casa, la sonrisa se me congeló en el rostro.

Chris estaba en los brazos de su madre, viendo una película.

Como si nada hubiera pasado.
Como si la noche anterior no hubiera existido.
Como si mi ausencia ni siquiera le importara.

Cuando me vio, se puso de pie, incómodo.
Demasiado tarde.

Rodé los ojos y caminé directo a las escaleras.

—Kylie... —dijo Chris, con voz culpable.

—Déjala, hijo —respondió su madre, como si yo fuera una molestia más.

Y no me siguió.

NO. ME. SIGUIÓ.

[.....]

Subí. Cerré la puerta. Quise gritar, pero solo lloré en silencio.

¿Cómo puede doler tanto sentirse invisible?
¿Cómo puede doler tanto que la persona que amas no te defienda?

Escuché la puerta abrirse. Chris entró, como si nada.

—¿Qué te sucede? —preguntó.

—No soporto a tu madre. Y no te soporto a ti cuando estás con ella..

—Por Dios, Kylie...

—¡CALLATE! ¡Y no me hables hasta que esa señora se vaya de mi casa!

—¿Por qué eres así?

—¿¡Eres o te haces!? Vete con ella, disfrútala, abrácenla, vean sus películas. Yo estorbo, ¿no?

—No te enojes conmigo...

—¡DAME MI LUGAR, CHRISTOPHER! ¡Esta casa ni la hemos estrenado y ya está contaminada por la mierda que trae tu mamá!

—No seas celosa...

—¡No es celos, imbécil! ¡ES DIGNIDAD! ¡ES RESPETO! ¡Estoy harta de escuchar cómo me insulta, cómo me mira como si fuera basura, cómo me minimiza como si no mereciera estar contigo!

Chris se sentó en la cama, mudo.
Eso me dolió más que cualquier grito.

—¿Sabes qué? No te voy a molestar más. Ni a ti ni a tu bella madre —tomé mi bolso—. Me voy..

—¡BASTA KYLIE! ¡DÉJATE DE COSAS!

—Quédate con tu mamá. No me necesitas —dije mientras azotaba la puerta.

Bajé con pasos firmes.
Y ahí estaba ella. La señora Evans.

De pie. Esperándome.

—Largo de aquí, zorra —escupió con veneno en la voz.

Me detuve. Sentí que algo dentro de mí se quebraba.

—¿QUÉ DEMONIOS LE PASA? ¿¡QUÉ LE HE HECHO!? —grité—. ¡¿Qué tanto le duele de mí?! ¿Que su hijo ama a una mujer? ¿Una actriz porno? ¿Una mujer libre?

—Nadie me va a quitar a mi hijo —gruñó—. Él no es tuyo, nunca lo fue. Él es un ser libre. Puro. Y tú eres solo un agujero más..

—¿Sabe qué? Métase esto por el culo —le dije alzando el dedo—. Y aléjese de mí.

Chris bajó las escaleras en ese momento.

—¡Si cruzas esa puerta, terminamos! —gritó.

Me detuve.

Lo miré.

Vi a ese hombre que decía amarme...
y que ahora me chantajeaba con el abandono por defender a una mujer que me había llamado zorra.

Tenía lágrimas en los ojos.
Pero esta vez, no eran de tristeza.
Eran de claridad.

—Entonces terminamos, Christopher. Porque si amar significa tragarme mi voz, dejar que me humillen y quedarme callada... prefiero quedarme sola..

Y crucé la puerta.
Azotándola con toda la rabia, el dolor y el amor traicionado que me recorría el cuerpo.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora