Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
Desperté con un nudo en el pecho. El otro lado de la cama estaba vacío. La sábana aún guardaba el calor de su cuerpo, pero él ya no estaba ahí.
—Chris... —dije con voz rasposa, apenas abriendo los ojos.
—En el baño —gritó desde dentro, con voz suave.
Me levanté, caminé hasta la puerta entreabierta y lo vi frente al espejo.
Estaba con el cabello mojado y una expresión más sobria, más él.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¿Y esos tatuajes? —pregunté, observando las marcas negras que recorrían sus brazos y pecho. No los recordaba.
Él sonrió, encogiéndose de hombros.
—Son falsos... —dijo mientras se veía en el espejo—. Los usamos en un llamado, me gustaron... así que me los volví a poner esta mañana. Ya sabes, por diversión..
—Ya veo... —respondí quedándome ahí, observando cada uno de sus movimientos.
Era raro... pero me tranquilizaba verlo así: despierto, limpio, algo más cuerdo.
—¿Cómo estás? —pregunté después de unos segundos de silencio.
Chris se giró y me miró directo a los ojos.
Su mirada era mucho más clara que la noche anterior.
—Mejor... —dijo con honestidad—. Ya no estoy drogado. Al menos... hoy..
Sonreí con melancolía. Me dolía todo esto. Lo amaba, y lo veía intentando... pero al mismo tiempo sabía que estaba a un paso del abismo.
—Perdón por todo el desastre de ayer —agregó, bajando la mirada—. Cuando estoy drogado, no puedo controlar nada de lo que soy..
Me quedé callada unos segundos. Tragué saliva.
—Lo entiendo —susurré con la garganta cerrada—. Pero debo irme..
Fui hacia la puerta, pero antes de salir, lo escuché.
—Gracias... —dijo con voz baja—. Te amo.z
Me detuve. Me giré lentamente y lo miré por última vez desde el marco.
—Vendré por ti el viernes para la rehabilitación, ¿okay?
—Okay —contestó, casi en un susurro.
Me acerqué a él y lo abracé. Por última vez.
—¿Quieres hacerlo? —pregunté, refiriéndome al ingreso. Lo miré fijamente.
Él asintió.
—Te amo... —le dije, besando su mejilla con dulzura.
—Yo te amo más —contestó.
Y entonces salí.
Pero antes de cerrar la puerta, su voz volvió a detenerme:
—Espera...
Se acercó, tomó mi mano con fuerza.
Me miró como si intentara memorizarme. Como si supiera que después de esto... ya no habría más nosotros.
—Eres lo mejor que me ha pasado en la vida... —dijo pegando su cuerpo al mío.
—Chris... —murmuré, sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas otra vez.
—Pase lo que pase... —repitió, con voz temblorosa—, tú eres lo mejor que me ha pasado..
—Por favor, ya no sigas...
—Es que mi amor por ti es una completa locura —dijo con una risa nerviosa—. Te amo tanto, tanto... de una manera exagerada, casi enferma.
—Eso es justamente lo que es, Chris... —contesté con los ojos vidriosos—. Demasiado tóxico.
Me tomó por la cintura y me pegó aún más a él. Su respiración rozaba mi cuello. Cerré los ojos. Su aroma me golpeó como un recuerdo dulce y adictivo.
—¿Cómo pretendes que pueda vivir sin ti? —susurró.
No respondí. Solo negué con la cabeza y lo abracé.
Pasé mis brazos por su cuello. Apoyé mi rostro en su hombro. Nuestros corazones latían tan fuerte que dolían.
Nos amábamos. Sí. Pero no podíamos estar juntos.
—Eres el amor de mi vida... —susurré.
Y fue como si el mundo se detuviera.
Me tomó del rostro y me besó.
Después de tantos meses, nuestros labios volvían a encontrarse.
El beso fue tan apasionado, tan desesperado, que casi me hace perder el control.
Pero no.
—No... —susurré contra su boca, separándome con esfuerzo.
Comenzó a besarme el cuello. Cerré los ojos, luchando contra mí misma.
—Chris, no... —dije poniéndome de pie.
Él hizo lo mismo. Tenía una erección evidente. Su cuerpo gritaba deseo. Y el mío también.
—Esto es tan tóxico, Christopher... —dije entre lágrimas—. Solo nos hacemos daño. Esto ya no está bien..
Él se quedó callado. Me observó. Sabía que tenía razón.
—Tenemos que terminar con esto. De verdad terminar. Ya no somos posibles. Tú quieres una vida, y yo quiero otra. No se puede. No debemos seguir mintiéndonos..
Me senté al borde de la cama. Me dolía en cada hueso lo que estaba diciendo.
—El "nosotros" como pareja ya no existe. Pero seguiré aquí. Para ayudarte. Para sacarte de toda esa mierda. Vendré por ti. Prepárate para cambiar tu vida.
Chris solo asintió. Su rostro estaba lleno de tristeza, pero también de resignación.
Sabía que... esta vez iba en serio.
Salí de la habitación. Cerré la puerta.
Y sentí que me dejaba la mitad de mi alma del otro lado.
Él no lo sabía... Pero yo tampoco tenía otra opción más que aceptarlo.