Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
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Después de nuestra intensa luna de miel, volvíamos a casa... pero no volví sola.
Dentro de mí, latía otra vida.
Había salido embarazada nuevamente.
Aquel viaje no solo selló nuestro amor, sino que trajo consigo a nuestro pequeño Christopher, que ya estaba a punto de nacer.
Kiara ya había cumplido su primer año.
Caminaba por toda la casa, balbuceaba, decía "mamá" y "papá" con esa voz que me derretía el alma.
Era la niña más dulce del universo, y sabía en lo profundo de mi corazón que sería la mejor hermana mayor.
Estábamos en la sala.
Chris jugaba con Kiara en el suelo mientras yo intentaba leer un libro, aunque la verdad, estaba más concentrada en inventarme una excusa para no ir a la casa de su madre.
No quería ir. Lo detestaba.
Ese lugar no era un hogar, era una cueva en la que jamás me sentí bienvenida.
Pero Chris insistió. Me rogó. Y por amor, por respeto a él... acepté.
Suspiré y dejé el libro.
—Ven, ven... —dije mientras acomodaba mi panza. Coloqué mi mano en la parte derecha de mi abdomen—. Está pateando otra vez.
Chris corrió como niño emocionado. Tocó mi vientre y soltó una carcajada.
—¡Mierda! Este se mueve como si quisiera boxear con tus órganos —dijo, asombrado.
Tomó a Kiara en brazos.
—¿Quieres tocar a tu hermano? —le dijo con ternura.
Kiara, con esa inocencia celestial, acercó su manita a mi vientre.
Sonrió y le dio un beso a mi panza.
Me derretí por dentro. Aquella imagen era todo lo que siempre soñé, y por lo que tanto había luchado.
Chris se recostó sobre mí y besó mi vientre una y otra vez.
—Ya sal, mini Christopher... —susurró.
—Espero que se parezca a mí esta vez —bromeé.
—Nah, mejor que siga la buena genética —rió, arrogante.
Le pegué en el hombro y ambos estallamos en risa.
Pero ese amor y paz que sentía... duraría poco.
[......]
Salimos de casa.
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Y ahí estábamos. En esa casa donde todo me incomodaba.
Yo, en una esquina, con una sonrisa fingida. Chris, nervioso. Y su madre... Dios. Esa mujer.
—Gracias a Dios heredó tu belleza —dijo ella, besando a Kiara sin parar—. Con esa madre que tiene...
Apreté los puños con fuerza. No era la primera vez que lo insinuaba. Esa vieja no me toleraba. No le gustaba mi pasado. Ni siquiera le interesaba conocer mi presente.
Me tragué mis palabras. Por respeto. Por Kiara.
Y entonces apareció ella. London.
Tomó a Kiara en brazos sin siquiera pedirme permiso.
La alzó con esa sonrisa hipócrita pintada en la cara.
—Yo pude haber sido tu madre, pequeña... —dijo. Su voz era como veneno envuelto en terciopelo—. Si tan solo te hubiera fallado la vasectomía, Christopher..
¿Qué?
El mundo se detuvo.
—¡Basta, London! —Chris se puso de pie de inmediato, quitándole a Kiara de los brazos—. Respeta a mi esposa.
Ella cruzó los brazos, tranquila, sabiendo exactamente lo que hacía.
—Por Dios, Chris, ¿tú le tuviste respeto? ¿Por qué debería yo hacerlo?
Me congelé.
Volteé a verlo. Sentí como si una daga atravesara mi pecho.
—¿De qué demonios habla esta zorra? —le solté, mirándolo con un temblor en la voz.
Mis ojos lo taladraban buscando una verdad.
Chris tragó saliva. No dijo nada. Ni sí, ni no. Y ese silencio fue peor que cualquier palabra.
—¿Chris? —dije otra vez, esta vez con voz quebrada—. ¿De qué mierda está hablando?