Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Realmente me encontraba en el momento más triste y complicado de mi vida.
Y eso que había pasado por muchas tormentas. Pero esta... esta se sentía diferente.
No por la dificultad del día a día.
No por las náuseas del embarazo, ni por el dolor de espalda, ni por las noches sin dormir.
Era el peso del alma. Era la ausencia del hombre que, en algún momento, había jurado estar conmigo hasta el final.
Chris no murió.
No murió el día que se lo llevaron, ni el día que fue arrestado.
Pero algo dentro de él sí murió, y eso me estaba matando a mí también.
Por suerte, el hombre al que golpeó sobrevivió.
Pero la justicia no ignora la intención.
Chris debía pagar con al menos un año en prisión, bajo fianza.
Un año sin verlo. Un año sin su voz en la casa.
Un año de estar embarazada sola, criando a dos niños pequeños, sola.
Un año de llorar a escondidas, para que ellos no me vieran derrumbarme.
Stassie hizo lo que pudo. Me sostuvo. Me ayudó.
Pero nadie puede reemplazar al padre de tus hijos. Al amor de tu vida.
Y lo más doloroso de todo era que no sabía si, cuando Chris saliera, lo tendría de vuelta.
¿Volvería el hombre que amaba? ¿O regresaría el fantasma que lo reemplazó?
Porque ese... el que se fue... ya no era él.
Y yo no podía seguir construyendo una familia sobre la ruina de un alma que no quería reconstruirse.
Lloraba cada noche. Lo confieso. Lloraba porque lo amaba. Lloraba porque lo odiaba. Lloraba porque lo necesitaba.
Nuestros hijos estaban yéndose a pique emocionalmente.
No entendían qué pasaba, solo sabían que papá ya no estaba.
No les mentí. Sabían que estaba en prisión. Y escribían cartas. Tan inocentes. Tan llenas de amor. Tan dolorosamente dulces.
Yo los llevé a terapia.
No podía permitir que ellos crecieran con las cicatrices que marcaron a Chris.
No iba a repetir la historia.
Por más rota que yo estuviera, no iba a permitir que ellos se quebraran también.
[......]
—¡Se movió! —le dije a Liam con una sonrisa cansada, mientras su pequeña mano descansaba sobre mi panza gigante.
Sus ojos se iluminaron como si acabara de ver magia.
—¿Te duele, mami?
—Solo cuando patea muy fuerte —respondí entre risas ahogadas por la nostalgia.
—¿Cuándo va a nacer?
—Tal vez hoy. Tal vez mañana. Cuando él decida salir.
—¿Él?
Asentí con la cabeza.
—Sí. Es un niño. Tu nuevo hermanito.
Liam dio un grito de emoción.
—¡SÍ! ¡Voy a ser el hermano mayor!
Mi risa fue sincera, por primera vez en días.
Lo abracé fuerte, porque me recordaba que aún quedaba tanto por qué luchar.
—Serás el mejor hermano mayor del mundo.
Acaricié la cabeza de Kiara, que dormía a mi lado. Mis hijos. Mi motivo. Mi todo.
[......]
El trabajo de parto comenzó en medio de una madrugada agitada y solitaria.
Stassie me ayudó a llegar al hospital, y luego todo fue rápido.
Las contracciones eran fuertes.
Mi cuerpo ya estaba listo. Pero mi alma... Mi alma no estaba lista para dar a luz sola.
Ese espacio vacío a mi derecha... Ese donde Chris debería estar. Dolía como una puñalada.
Mientras gritaba y pujaba, lloraba también por dentro.
Por la tristeza. Por el abandono. Por el vacío.
Por ese bebé que venía al mundo con un padre ausente, un hogar roto y una madre rota que intentaba fingir fortaleza.
Hasta que lo escuché llorar.
Mi hijo. Mi bebé. Mi tercera estrella.
Y entonces el mundo se detuvo.
Lo pusieron sobre mi pecho, tibio, tembloroso, perfecto.
Y mis lágrimas fluyeron como ríos sin control.
—Hola mi amor... —susurré entre sollozos, acariciando su piel húmeda—. Soy mami...
Lo besé con tanta ternura que sentí el alma romperse.
—Perdóname por llorar tanto mientras estabas dentro de mí. Perdóname por no darte la bienvenida que merecías... Pero te prometo que haré lo imposible para que no te falte nunca el amor.
Y en ese momento lo supe. Ese niño llegó para salvarme. Para salvarnos a todos.
[......]
Chris no estuvo.
No estuvo cuando lo necesité. No estuvo cuando lo necesité más que nunca.
Y eso... eso no lo iba a perdonar fácilmente.
Pero sí sabía algo: No iba a rendirme. Ni por mí. Ni por mis hijos. Ni por él.
Porque aunque el amor no alcanza cuando alguien no quiere salvarse, el amor sigue siendo una llama. Y yo no voy a dejarla apagarse tan fácil.