23

3.2K 188 15
                                        

El tiempo pasaba y nosotros nos volvíamos más adictos el uno al otro

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El tiempo pasaba y nosotros nos volvíamos más adictos el uno al otro.

No sólo por el sexo desbordante y constante —en la cocina, en el baño, en la sala, en la piscina, incluso en el gimnasio o el coche—, sino por lo que pasaba cuando nos mirábamos sin hablar, cuando nos reíamos hasta quedarnos sin aliento o cuando, en silencio, Chris me abrazaba como si tuviera miedo de que desapareciera.

Me trataba como a una reina.

A veces demasiado.

Ramos de rosas gigantescas llenaban cada rincón de mi casa, al punto de que el perfume dulce de las flores me mareaba.

Pero ese amor embriagador también traía algo más: ansiedad.

Porque mientras más me amaba él, más lo necesitaba yo.

Y mientras más lo necesitaba, más miedo me daba perderlo.

Los celos comenzaron a corroernos lentamente, como un veneno disfrazado de pasión.

Yo no quería compartirlo.

¿Y quién en su sano juicio compartiría al hombre más deseado del porno?

Lo odiaba.

Odiaba saber que su cuerpo, ese cuerpo que me hacía estremecer cada noche, también provocaba gemidos en otras bocas.

Que sus caricias, sus besos, su voz jadeante... no eran solo míos.

Nos encontrábamos en su casa, tirados en la cama viendo una película.

Yo desnuda entre las sábanas, él con su brazo rodeando mi cintura.

—¿Te quedarás hoy? —susurró, besando mi cuello con suavidad.

—No, ya tengo dos días aquí —dije entre risas suaves—. Tengo que volver a mi casa. Necesito espacio..

—No te vayas... vive conmigo —dijo abrazándome más fuerte—. Quédate aquí. Quédate conmigo..

—No quiero vivir en una casa en la que han estado cientos de mujeres... —contesté sincera, mirando el techo.

—Desde que estás tú, no ha entrado ninguna —respondió él, en un tono más serio.

Me levanté de la cama y comencé a vestirme sin prisa, el cuerpo aún tembloroso por el sexo y la conversación.

—¿Qué planes tienes esta semana? —pregunté mientras me colocaba el brasier.

—Tengo que volar a Boston. Grabación pendiente. Luego junta en San Francisco..

—Qué ocupado estás... —dije con tono neutro, poniéndome la tanga.

—¿Y tú?

—Una junta, un video. Nada tan glamuroso como tu agenda de estrella —dije entrando al baño.

Chris entró detrás de mí, también desnudo.
Orinaba mientras yo me lavaba los dientes.

Ese tipo de intimidad era la que más me desarmaba.

Me dio una nalgada al salir y desde el vestidor, gritó:

—Amor, hay más ropa tuya que mía aquí.

—Pues a ti te encanta tenerme aquí —dije entre risas mientras me ponía un vestido y cepillaba mi cabello.

[.....]

Llegué tarde a la junta en las oficinas de PornHub.

Chris me había hecho perder la noción del tiempo —como siempre.

Abrí la puerta de la sala de juntas.

Ahí estaban Daniel, el director de producción y un hombre que no conocía.

Atractivo, elegante... diferente.

—Vaya, hasta que llegas, Kylie —dijo Daniel, con una sonrisa sarcástica.

—Una disculpa, buenos días —dije con una sonrisa nerviosa, mis ojos posándose en el desconocido.

—Hola, un gusto conocerte —dijo él, con voz grave y segura—. Soy gran fan tuyo..

Me sorprendió.
Su tono era serio, sin rastro de burla.
No necesitaba presentación.

—Soy Henry Cavill —dijo finalmente, ofreciéndome su mano.

—La competencia de tu noviecito —intervino Daniel entre risas.

—¿Sales con Evans? —preguntó Henry, sorprendido.

Su expresión cambió, como si eso lo hubiera desconcertado más de lo esperado.

Y entonces lo supe.

Ese momento marcó un antes y un después.

Cuando Henry Cavill apareció en mi vida... lo complicado recién comenzaba.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora