115

1.1K 79 17
                                        

Kylie

Nuestro pasado... ese del que huimos tantas veces...
ese que quemamos, negamos, silenciamos...
volvía ahora en la mirada triste de mi hija.

Peor que cualquier insulto, peor que cualquier escándalo...
es ver cómo tu hija comienza a pagar por tus decisiones.

—¿Videos... como cuáles? —preguntó ella, bajando la voz.

Chris tragó saliva.
Yo lo sentí temblar.
No era fácil admitirlo.
Ni siquiera después de haberlo dejado atrás.

—Desnudos, mi amor... —dijo con esfuerzo—. Con otras personas... cosas que tú no deberías ver jamás.

Y ahí quedó su infancia, o al menos, una parte de ella.

En ese silencio.
En esa mirada que ya no era la misma.

—Mañana hablaremos en tu escuela, ¿sí? Vamos a aclararlo todo.

—No quiero que me molesten más —susurró, bajando la cabeza.

Chris la abrazó fuerte.

Yo tuve que mirar hacia otro lado.
Porque si no... rompía.
Tenía el corazón metido en la garganta.

—Ve a tu cuarto —dijo él con ternura—. Descansa.

—Ven, mi amor... dale un beso a mamá.

Su beso fue corto.
Frío.
Como si ahora me mirara distinta. Como si ya no supiera quién era yo.

[......]

—Sabía que pasaríamos por esto... —murmuró Chris, cuando ella subió.

Le arranqué la foto de las manos.

Esa imagen donde salíamos desnudos, haciendo lo que hacíamos... otra vez rondaba en redes. Y ahora en manos de niños.

—¿Qué podemos hacer? —le pregunté, sintiéndome derrotada.

—Hablar, ir a la escuela... ponerles un alto...

Asentí.

Pero nada me quitaba esa culpa.
Ese veneno lento.
Mis hijos estaban pagando por algo que hicimos cuando no teníamos opción.

—¿Quieres cenar?

—Sí... despierta a Liam.

Comimos juntos, como si nada pasara.

Sonreímos. Jugamos.

Yo quería aferrarme a esa escena, porque sentía que en cualquier momento el mundo se nos iba a desmoronar.

[....]

Más tarde, Chris salió de bañarse.

Se acostó a mi lado. Yo fingía estar leyendo, pero no había entendido una sola palabra.

—Bien, hablemos —dijo, directo.

Cerré el libro. Ya no podía seguir callando.

—¿Por qué estás distinto conmigo?

—No lo estoy.

—Sí lo estás, Chris. Llegas tarde. No me miras. No me tocas. Me escondes cosas. Estoy cansada de fingir que todo está bien cuando no lo está..

—Tengo más trabajo, Kylie. Estoy construyendo algo mejor para nosotros..

—¿Mejor? ¿Y por qué me siento cada vez más sola?

Chris suspiró. Se acercó.

—Jamás te engañaría —dijo tomándome la cara—. Eres todo para mí..

Pero ya no me alcanzaban sus palabras.

—¿Entonces por qué no puedes darme tu celular?

—Porque no es sano. No quiero convertirnos en eso.

—Lo que no es sano es esta distancia, Chris. Este vacío.

Silencio.

Yo miré al techo. Ya no tenía fuerzas para seguir discutiendo.

Y entonces él dijo lo que siempre decía cuando quería esquivar una conversación:

—Te hace falta una buena dosis de sexo...

Se subió sobre mí.

Yo lo miré, sin saber si llorar o ceder.

—¿Quieres que te lo haga para que te quede claro?

—No sé —murmuré.

—¿Estás de acuerdo?

—Sí...

Nos besamos.

Me bajó el short y la tanga con delicadeza.
Yo me quité la blusa.

Me giré boca abajo.
Él se puso el preservativo.
Y lo hicimos.

No fue solo sexo.

Fue necesidad. Fue escape. Fue esa conexión que solo entiendes cuando has estado en la oscuridad y encuentras un poco de calor.

Él se acostó sobre mí.
Se movía con fuerza.

Yo apretaba la almohada, mordía el silencio.
No quería despertar a los niños.

Pero necesitaba sentirlo. Sentirme viva. Sentirme deseada por el único hombre que me había amado después de haber sido deseada por tantos que solo me usaron.

Me giré. Él me besó, empapado de sudor.
El ritmo se hizo más intenso.
Y ambos nos vinimos casi al mismo tiempo.

—Te amo con mi vida —susurró, besando mis labios.

—Te amo más...

Y por un segundo... quise creer que todo iba a estar bien.

Pero no.

Porque cuando se fue al baño, llegó la notificación.

Tomé su celular. Me puse su camiseta. Apreté el dispositivo como si me diera respuestas.

Cuando volvió, lo miré a los ojos.

—¿Puedes desbloquearlo?

—Kylie...

—Por favor.

Dudó. Pero al final colocó su huella.

Revisé sus mensajes. Nada.
Pero fui a la galería.

Y entonces sentí que el suelo se me abría.

Cientos de fotos.
Desnudo. Erecciones. Videos. Capturas.
Poses.
Para otras mujeres. O para fans. O para Dios sabe quién.

—¿A quién le mandas esto...? —pregunté, con la voz rota—. ¿Por qué a mí no?

Chris bajó la cabeza.

Y yo sentí que la industria jamás lo había soltado.
Ni a él.
Ni a mí.
Ni siquiera ahora... después del amor, después de los hijos, después de las promesas.

Porque cuando vives de mostrar el cuerpo... muchas veces dejas de sentir que tienes alma.

Y esa noche...
sentí que estaba casada con un fantasma.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora