Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
Henry Cavill ahora pertenecía oficialmente a PornHub.
Había dejado Xvideos atrás y ahora se convertía en "la nueva estrella" de la plataforma... la competencia directa de Chris.
Y sí, me tocaba grabar con él.
Nunca entendí bien por qué Henry y Chris se odiaban tanto.
Nadie lo decía, pero todos lo sabían.
Al parecer, compartían un pasado turbio, oscuro... cargado de rivalidad, traición y egos heridos.
Esa mañana fue el shooting.
Solo fotos.
Ropa interior diminuta, miradas sugerentes, poses imposibles que nos cosificaban por completo.
Mañana, el video.
—Nos vemos mañana, Kylie —dijo Henry con su típica sonrisa encantadora.
—Sí... hasta mañana —respondí, aunque por dentro, algo me decía que esto iba a explotar.
Me subí al auto con el corazón apretado. Conducía, pero no pensaba. Me ardía el estómago.
Al llegar a casa, abrí Instagram y mi celular explotó.
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Era ridículo.
¿Dónde quedó el límite entre trabajo y vida personal?
¿Desde cuándo filmar una escena me convertía en infiel?
Pero claro, esto es la industria del porno.
Todo se vende. Todo se convierte en morbo. Y nosotras, las mujeres, terminamos siendo el espectáculo.
Sonó el celular. Era Chris.
No saludó. No preguntó cómo estaba. Solo dijo:
—Tenemos que hablar. —¿Qué pasa? —¿Estás en casa? —Sí... CLICK. Colgó.
[.....]
Entró como un huracán, azotando la puerta de mi departamento. Lo miré, desconcertada.
—¿¡Qué carajo te pasa!? —grité.
—¿¡Qué hacía ese imbécil tocándote!? —su voz era puro fuego.
—No vas a grabar con él. Te lo prohibo —dijo apretando los puños, como si estuviera conteniéndose.
—¡Tú no decides eso! ¡No soy tu propiedad!
—¡No voy a permitir que ese hijo de puta te toque, Kylie!
Ese "te toque" me sacudió el alma.
Porque eso era exactamente lo que pasaba: me tocaban. Me tocaban todos.
Yo no lo disfrutaba. Yo fingía.
Fingía placer, fingía deseo, fingía estar en control.
Pero por dentro, muchas veces me sentía como una niña usada por adultos que aplauden cada toma como si fuera arte.
—No puedo decir que no, Chris. ¡Estoy atrapada! —grité, con el alma hecha pedazos—. Tengo un contrato, ¡tú sabes cómo funciona esto!
—¡Entonces rómpelo!
—¿Y que me demanden? ¿Y que todo lo que hice por mis padres termine en nada?
—¡Hazlo! ¡No hagas nada con él!
—¡BASTA! —mi grito fue tan fuerte que temblaron las ventanas.
Él me miró con los ojos rojos, llenos de rabia.
Me siguió hasta mi habitación.
Cada paso que daba lo sentía más lejos de mí. De ese hombre que decía amarme.
—No vas a grabar esa escena, Kylie —dijo con una frialdad que me congeló la sangre.
Me giré. Mi voz ya no era fuerte. Era dolorosa.
—¿Sabes qué es lo peor, Chris? Que tú puedes elegir. Tú grabas con quien quieres, cuando quieres. Porque tú lo haces por placer.. Yo no. Yo lo hago porque no me queda otra. Porque si no lo hago, mi papá muere. ¿Entiendes? Esto me está matando por dentro y tú vienes a gritarme como si fuera una puta cualquiera..
Sus ojos se quebraron. Pero ya era tarde.
—Vete. No te quiero aquí.
—Kylie...
—¡VETE! —grité de nuevo. Me temblaba todo el cuerpo.
Chris se quedó paralizado unos segundos. Respiró hondo, como conteniéndose... y se fue.
Cerré la puerta con las manos temblorosas. Me derrumbé en el suelo. Y lloré. Lloré como nunca.
Porque estaba sola. Sola en una industria que me devoraba. Sola con un contrato que me ahogaba. Sola con un novio que no podía entenderme. Sola, atrapada en una vida que jamás quise vivir.
Y mañana tenía que acostarme con otro hombre. Frente a cámaras. Con un corazón roto y la dignidad por los suelos.