128

1.1K 87 24
                                        

Chris

Llegué al punto de quiebre.
Ese donde ya no ves, no piensas, no mides.

Solo actúas.

Y lo hice desde el rincón más oscuro de mi alma, donde habita el niño destrozado que nunca nadie ayudó a sanar.

Tenía las rodillas sobre el pecho de ese maldito bastardo, mis manos aferradas a su cuello como si fuera el mismísimo infierno.

Mis lágrimas caían como lava.
Gritaba, lloraba, apretaba.

—¡VAMOS, HIJO DE PUTA! ¡LASTÍMAME AHORA, COMO CUANDO TENÍA SEIS AÑOS!

Mientras más imaginaba lo que me hizo, más fuerte apretaba.

Veía flashes: mi padre tomando el dinero, la habitación cerrándose, el dolor, el silencio.
Todo volvía. Todo me partía.

Quería matarlo.
Necesitaba matarlo.

—¡MÍRAME, MÍRAME A LOS OJOS, MIERDA! ¡QUIERO QUE VEAS AL HOMBRE EN EL QUE ME CONVERTISTE!

Sentía su cuerpo temblar.
Su piel fría.
Su respiración cada vez más lenta.

Y de pronto, alguien me derribó desde atrás.

Sentí un golpe en la cabeza, caí al suelo con violencia. Me sujetaron.

Tres, tal vez cuatro tipos.
Me gritaban. Me inmovilizaban.

Yo solo lloraba.

—¡QUIERO MATARLO! —grité entre dientes, con la cara pegada al piso—. ¡DÉJENME MATARLO!

Y en el fondo... solo era un niño suplicando justicia.
Solo era un niño gritando por ayuda.

Kylie

Abrí los ojos en un cuarto blanco, con luces frías que me dolían en el alma.

El pitido de las máquinas me hizo volver a la realidad.

Y el dolor en mi vientre me hizo recordar por qué estaba ahí.

—¿Qué pasó...? —susurré, mirando a mi alrededor.

Stassie estaba sentada con el celular en la mano, ojerosa, demacrada.

—Ky... —dijo acercándose—. Me tenías muy preocupada..

—¿Y los niños...? ¿Y Chris?

Ella tragó saliva. No quiso responder de inmediato.

—Lo importante ahora es que estás estable... pero tienes riesgo de aborto. Debes estar tranquila, Ky... o puedes perder al bebé..

Sentí un vacío en el pecho. Como si alguien me lo arrancara con la mano.

—No... no otro bebé... por favor, no...

Las lágrimas comenzaron a brotar sin freno.

—Tranquila... estoy aquí.

—¿Y Chris? —pregunté de nuevo, con la voz quebrada.

Stassie bajó la mirada.

—Está en prisión preventiva. Llamaron a sus abogados. Solo sé que fue algo grave, muy grave, Ky...

Me quedé muda.
Sin aire.
Sin fuerzas.

—Él... no es así... —susurré—. No puede ser...

Y lloré como no había llorado en años.

[......]

Una semana después

Habían sido los días más oscuros de mi vida.

Chris estaba en la cárcel.
Yo con un embarazo de alto riesgo.

Los niños preguntando por su papá, por qué no estaba, cuándo regresaba...

No tenía respuestas.
No tenía paz.
No tenía nada.

Después de mil trámites, finalmente pude visitarlo.

Me temblaban las piernas al caminar por esos pasillos fríos.
Nunca pensé verlo así.

Entré a la sala de visitas.

Él estaba ahí.
Sentado.
Con la mirada perdida.
Más delgado. Más roto. Más... humano.

Apenas me vio, se levantó.
Y corrió a abrazarme.

Nos fundimos en un llanto que no se puede escribir.
Un llanto que dolía hasta los huesos.

—¿Por qué...? —susurré, separándome de él, viendo su cara deshecha—. ¿Por qué hiciste esto?

—Perdóname... por favor... perdóname... —dijo cayendo de rodillas frente a mí—. No quería... no quería arrastrarlos a esto...

—¡Eres un imbécil! —grité entre lágrimas—. ¿Pensaste en Liam? ¿En Kiara? ¿En este bebé?

Nos sentamos frente a frente.
Él bajó la cabeza, como si no mereciera mirarme.

—Ya no te reconozco, Christopher. Tus decisiones han destruido todo. Te convertiste en tu peor pesadilla.

—Lo sé... lo sé... pero tú no sabes con qué cargo, Kylie... Desde que era niño, todo me duele.
Todo me persigue.

Y entonces me miró con unos ojos que ya no eran los mismos.

Estaban cansados.
Rotos.
Sin luz.

—Tengo voces en la cabeza todo el tiempo... voces que me gritan que no valgo nada... que nunca valí nada... y cuando me abrazas, cuando los niños me dicen "te amo", me siento un impostor...
Un actor de mi propia vida.

—¡Y por eso prefieres drogarte y perderlo todo! —le grité, golpeando la mesa—. ¡Por eso prefieres la heroína a nosotros!

Él se encogió como un niño.

—Porque cuando me drogo, el dolor se va... por unos minutos... Y por fin puedo respirar.

—¿Y si ese hombre muere? ¿Vas a poder vivir sabiendo que tus hijos crecerán sin su padre?
¿Que yo pariré sola, sabiendo que estás enterrado en una celda?

Silencio.

Solo su llanto.

Y entonces, susurró:

—No me merecen. Tú no me mereces.
Mis hijos no merecen cargar con este monstruo.

Y por primera vez en mucho tiempo...
No supe qué decir.

Solo lo vi ahí, derrotado, sin armas, sin máscaras.
Un niño disfrazado de hombre.
Un sobreviviente que nunca pidió serlo.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora