Repito: hacía los bebés más lindos del mundo.
No era exageración.
Era la verdad más evidente y pura.
Lo veía en cada mirada que le daban al nuevo integrante de la familia.
En cada sonrisa que provocaba.
Y sobre todo, lo sentía en lo más profundo de mi alma cada vez que lo tenía en mis brazos.
—Por Dios, Kylie... haces los bebés más hermosos —dijo Stassie, conmovida, mientras lo sostenía con ternura.
Yo sonreí, orgullosa, agotada, rota por dentro... pero en paz.
Combinar mis genes con los de Chris siempre había dado como resultado pequeños milagros.
Milagros que respiraban, lloraban, reían... y sanaban.
[......]
Finalmente estábamos en casa.
Y por primera vez, los tres.
Kiara, Liam y Dylan.
Mis tres pedazos de alma latiendo fuera de mí.
—Es tan pequeñito, mami... —susurró Kiara, con una dulzura que me desarmó por dentro, mientras tomaba su diminuta manita.
Yo asentí, mordiéndome los labios para no llorar.
Estaba tan sensible, tan emocional.
Verlos juntos era como ver el universo alineado, por un segundo, en medio del caos.
—¿En serio él estaba dentro de ti, mami? —preguntó Liam, asombrado, mirándome con esos ojos que había heredado de Chris.
—Sí... en serio.
—Wow...
—Tú también estuviste dentro de mí —dije acariciando su mejilla.
—¿Y cómo llegué ahí? —preguntó arqueando una ceja, todo curioso.
Vacilé. ¿Cómo explicarle eso?
—Pues papá y yo... em... ¿Quieren pizza? —solté, desviando la conversación con una sonrisa nerviosa.
—¡SÍÍÍ! —gritaron al unísono.
La risa volvió por un segundo.
La vida encontraba formas de colarse entre la oscuridad.
Y yo... seguía resistiendo.
[......]
Mientras los niños jugaban, yo amamantaba a Dylan.
Y aunque mi cuerpo estaba cansado, adolorido, agotado...
mi alma era la que más pesaba.
¿Qué iba a hacer yo sola con tres hijos?
Tres almas que me necesitaban.
Que dependían de mí.
Y yo, tan rota por dentro, tan vacía por fuera.
Yo también necesitaba a alguien. Lo necesitaba a él.
Pero Chris seguía encerrado en ese lugar.
Y yo... encerrada en esta nueva realidad.
Me juré que no lo esperaría, pero cada noche le guardaba un pedazo de mí.
Y aún sin saber cuándo saldría, lo esperaba.
Lo negaba, pero lo esperaba.
[......]
2 meses después
—Creo que Dylan se hizo popó... —dijo Kiara, con cara de asco, mientras me entregaba al bebé en brazos como si fuera una bomba.
—¿Quieres cambiarle el pañal? —pregunté entre risas.
—No, gracias, mami... —respondió rápidamente mientras huía de la escena.
Reí mientras lo acostaba suavemente en la cama.
—Eres un cochino, Dylan... —le susurré entre besos suaves y dulces—. Un cochino hermoso.
Después de cambiarlo, lo amamanté de nuevo y lo acuné en mis brazos hasta que se quedó dormido.
Esa calma que sólo te da la maternidad... y el amor incondicional.
Bajé, y ahí estaba Liam, de cabeza en el sillón como si la gravedad no existiera.
—¿Qué te he dicho sobre eso, señorito? —le dije cruzándome de brazos.
Él se rió, y lo jalé suavemente para que se sentara sobre mis piernas.
—Te amo, niño hermoso...
Besé su mejilla mil veces.
Él se reía, intentando quitárseme de encima.
—Ya no soy un bebé, mamá...
—Siempre serás mi bebé. No importa la edad que tengas. Siempre.
Lo abracé con fuerza y en ese instante Kiara entró a la sala.
—Mamá, ¿puedes probar mis galle...
Se congeló.
Y su voz se quebró.
—¡PAPAAAAAAAAAAAAAAA!
Todo sucedió en segundos.
El sonido de la puerta abriéndose.
El llanto contenido durante meses.
El grito desesperado de una niña que, al fin, volvía a ver a su héroe.
Kiara corrió.
Voló.
Se lanzó a sus brazos con un llanto desgarrador.
Y ahí estaba.
Christopher.
Con el rostro bañado en lágrimas,
con los ojos hundidos y el alma destruida,
pero vivo.
Presente.
De vuelta.
—¡PAPIIIIIII! —gritó Liam, soltándose de mis brazos, corriendo tras su hermana—. ¡PAPI, PAPI!
Y entonces me levanté.
Pero no podía caminar.
Mis piernas temblaban.
Mi corazón se salió del pecho.
Y mis lágrimas empezaron a correr antes de que pudiera decir una sola palabra.
Lo vi arrodillarse frente a sus hijos, abrazándolos con desesperación.
Como si su vida entera dependiera de ese abrazo.
Lloraban todos.
Yo me quedé quieta.
A unos metros.
Paralizada por el dolor, por el amor, por los recuerdos, por todo lo no dicho.
¿Cómo debía reaccionar ante esto?
Después de tanto dolor.
Después de todo lo vivido.
Después de tanto abandono, de tantas heridas, de tantas promesas rotas...
¿Cómo se vuelve a mirar al amor de tu vida cuando vuelve con el alma en ruinas?
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
FanfictionDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
