Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
—Amor... —susurré mientras me inclinaba frente a él.
Kiara seguía llorando.
Le di el chupón con dulzura y la coloqué en el porta bebé que se movía automáticamente.
Su llanto comenzó a calmarse.
Pero el que me preocupaba... no era ella.
Me volví hacia Chris.
Estaba en el suelo, acurrucado como un niño. Temblando.
Con el rostro cubierto de lágrimas y la mirada totalmente ida. Vacía. Fría.
Como si hubiera sido arrancado de este mundo.
—Amor... —repetí, esta vez asustada—. Chris...
Se limitó a voltear lentamente, y al verme... se rompió aún más.
Se abalanzó a mis brazos y lloró desgarradoramente. Jamás lo había visto así. Jamás.
Lo abracé como si pudiera recoger sus pedazos con los míos.
—¿Qué tienes? —pregunté suavemente, acariciándole el cabello, las mejillas, buscando respuestas en su piel.
Pero él no hablaba. Solo lloraba. Y cada lágrima me hundía más en el miedo.
—Christopher... —murmuré temblando.
No sabía qué hacer. No sabía qué decir. Solo lo abracé, sintiendo que mi pecho se apretaba con fuerza. Que su dolor era tan real que se metía dentro de mí.
—¿Qué pasa? Dímelo, por favor...
Él me miró con unos ojos tan llenos de sombras que me hicieron doler el alma. Sombras viejas. Profundas. Como heridas que nunca cerraron.
—Ven... —le dije, levantándolo con cuidado, como si fuera una figura de cristal.
Lo senté en el sillón y fui por un vaso de agua. Se lo puse en las manos, aunque temblaban tanto que apenas podía sostenerlo.
—¿Puedes decirme lo que te pasa?
Me miró. Negó con la cabeza lentamente.
—¿Por qué no? ¿Es algo malo? ¿Algo con la bebé?
—No... —murmuró apenas, mirando sus propios brazos. Como si los estuviera viendo por primera vez.
—Bien... no te voy a obligar ahora, pero necesito saberlo. Lo que sea que te rompió así... necesito entenderlo. Para ayudarte..
Chris tragó saliva. Su labio inferior tembló. Luego solo dijo:
—No te preocupes. Ya pasó...
Me besó suavemente los labios y subió las escaleras sin decir más.
Y yo me quedé ahí, paralizada, con Kiara dormida a unos metros... y con el alma en vilo.
Porque no... no había pasado. Algo dentro de Chris se había abierto. Y dolía.
Chris
Mi hija tenía mis ojos. Mi boca. Mi misma expresión cuando duerme. Y cada vez que la miraba... era como mirar al niño que fui.
Tan inocente. Tan indefenso. Tan... solo.
Yo nunca permitiría que ella pasara lo que yo pasé.
Nunca. Le daría todo. Sería el padre que yo soñé tener cuando lloraba en silencio y nadie me escuchaba.
Ahora me tocaba a mí proteger. Sanar. Amar sin condiciones.
Estaba preparando todo con mi asistente.
Hoy era el cumpleaños de Kylie.
Y le daría la sorpresa más grande de todas: le pediría que se casara conmigo.
Ella se había ido con Stassie.
Yo me quedé a cargo de Kiara, planeando cada detalle.
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Decoramos la casa con luces cálidas, pétalos, música suave.
Tenía todo listo.
Mientras cargaba a Kiara de un lado a otro, acomodando flores y esparciendo velas aromáticas, pensaba en cómo había llegado hasta aquí.
En cómo el amor de Kylie me rescató de un mundo al que creí pertenecer para siempre.
Porque sí... después del infierno de mi infancia, vino el infierno adulto. El porno.
Fue mi escape. Mi castigo. Mi anestesia.
Vendí mi cuerpo como quien busca volver a tener control sobre él.
Pero nunca lo tuve. Solo fingía.
Cada orgasmo en cámara era un grito disfrazado. Y cada escena, una repetición inconsciente del abuso que no supe cómo detener.
Pero entonces, ella... Kylie.
Ella me vio. Me sostuvo. Me amó con paciencia. Con verdad. Con humanidad.
Y Kiara fue la salvación que no sabía que merecía.
La subí conmigo a su habitación. Aunque era solo decorativa, porque yo necesitaba tenerla cerca. Dormir con ella cerca. Respirar con ella cerca.
Cuando Kylie y yo teníamos sexo, simplemente nos íbamos a otra habitación. Porque este cuarto era sagrado.
Le quité la ropita y la metí en su pequeña tina. El agua la hacía sonreír. Esa sonrisa... era lo único que me devolvía la paz.
Jugó. Salpicó. Me mojó la cara y reí.
Aunque el peso en el pecho seguía ahí... yo reía por ella.
Lloró cuando la saqué, como siempre. Y luego cayó rendida.
La acosté. Me duché rápidamente. Me sequé el cabello. Busqué una camisa blanca, me la abotoné.
Saqué el anillo del cajón de la cómoda.
Lo miré. Y me miré en el espejo.
"¿Merezco esto?" me pregunté.
No respondí.
Solo supe que esa noche, le pediría a la mujer que me devolvió la vida... que me aceptara por completo.
Con mis luces. Con mis sombras. Con mi historia. Con mi lucha.
Y que juntas... tal vez... las sombras ya no dolerían tanto.