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—Eres un gran Christopher, te ganaste totalmente mi cariño por hacer feliz a mi hija..

—Su hija me convirtió en una buena persona, su hija me dió lo mas preciado que tengo ahora que son mis hijos..

—Gracias por amarla..

—Amarla me llena de vida..

Kylie

El aire en el jardín se sentía denso, cargado de una emoción que Kylie no podía descifrar desde la distancia.

Vi a Chris limpiarse las lágrimas con la manga de su camisa, una imagen que rara vez presenciaba.
Mi corazón dio un vuelco.

—¿Qué pasó? —dije, mirando a Chris, la preocupación arañando mi voz mientras él se secaba las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

—Nada, una plática de hombres —respondió Chris, su voz un hilo apenas audible, evitando mi mirada.

—¿Estás bien? —insistí, el nudo en mi estómago apretándose.

Chris asintió, pero la opacidad en sus ojos me decía otra cosa.

Lo abracé con fuerza, buscando consuelo en su cercanía, tratando de absorber cualquier dolor que lo estuviera consumiendo.

—Le hice una promesa a tu papá... —murmuró, su voz cargada de una solemnidad que me heló la sangre. Me separe un poco, sus ojos fijos en los míos, una intensidad que me traspasó el alma—. Tú y yo estaremos juntos toda la vida, y yo me encargaré de que así sea...

Una sonrisa se dibujó en mis labios, una mezcla de alivio y una punzada de algo indefinible.

Lo besé con la desesperación de quien se aferra a un ancla en medio de la tormenta.

—Solo quiero estar contigo siempre, siempre, mi amor... —dije, mis ojos empañados mientras lo miraba—. Eres el amor de mi vida, la razón por la que cada día vale la pena...

—¿Y qué hay de mí? —La vocecita aguda de Liam nos sacó de nuestra burbuja. Estaba de pie, con los brazos cruzados y una expresión adorablemente celosa.

Volteamos a verlo, y Chris lo tomó en brazos, una risa ahogada escapando de sus labios.

—Tú eres el amor de nuestras vidas, campeón —dijo Chris, besando su mejilla ruidosamente.

—Eres nuestro mundo entero, cariño —añadí, mi corazón desbordándose de amor.

En ese instante, viendo a mi esposo y a mi hijo, la felicidad era una ola que me arrastraba, abrumadora y perfecta.

Estaba perdidamente enamorada de mi familia, de este milagro que había forjado a pesar de todo.

Salí de ahí.

Los pasos me llevaron casi por inercia a la habitación de mi padre.

La puerta estaba entreabierta, revelando la silueta de su cuerpo frágil, acostado, con la mirada perdida en un punto invisible en el techo.

Una punzada de dolor atravesó mi pecho.

—Papá... —susurré, mi voz apenas audible.

Su cabeza giró lentamente, una sonrisa débil pero genuina iluminando su rostro cansado.

—Mi vida entera... —respondió, su voz áspera pero llena de ternura.

Sonreí, un nudo formándose en mi garganta y me acosté a su lado, abrazándolo con una fuerza desesperada, como si pudiera infundirle mi propia vida.

—Quiero pedirte perdón... —comencé, la culpa quemándome la garganta.

—No, mi amor, yo quiero pedirte perdón a ti —me interrumpió, su mano temblorosa acariciando mi cabello—. Por juzgarte, por no entender que todo lo hacías por amor a mí...

—En serio, yo no quería ser eso, papá, pero... —Las palabras se me atascaban, la vergüenza y el dolor de esos recuerdos volviendo a la superficie.

—Las cosas pasan por algo, mi Kylie. Tu historia ya está escrita. Y mira, algo bueno salió de eso, ¿no crees? —Sus palabras eran un bálsamo inesperado.

—Pero... —La duda seguía ahí, la sombra de mis decisiones más oscuras.

—Sí, fue un trabajo horrible —admitió, un suspiro escapando de sus labios—. Pero sin eso, ahorita no serías feliz con tu esposo y tus hijos. Sin eso, no me hubieras alargado la vida un poco más, ¿verdad?

—Pero yo no quiero que te sientas decepcionado de mí... —Mis ojos se llenaron de lágrimas, la necesidad de su aprobación era una herida abierta.

—¿Sabes? A pesar de todo, estoy orgulloso de ti —dijo, volteando para mirarme, sus ojos, aunque nublados, brillaban con amor puro—. Sé que crié a una niña con excelentes valores, que pone a la familia sobre todo. Sé que te eduqué de tal manera que me amas demasiado, y por eso hiciste lo que hiciste. Dejaste tu dignidad, lo dejaste todo solo por salvarme a mí...

—Es que yo te amo, papá... —Mi voz se quebró, las lágrimas fluyendo sin control.

—Lo sé, mi amor. Y perdóname a ti por no entenderlo a la primera, por juzgarte y decirte todo lo que dije —Su mano buscó la mía, entrelazando nuestros dedos.

—Yo no tengo nada que perdonarte, papá, te debo tanto... —murmuré, mi voz ahogada por el llanto.

—No, cielo, yo te debo tanto a ti... —Su respuesta fue un suspiro.

Negué con la cabeza, incapaz de articular más palabras, y escondí mi rostro en su pecho, sintiendo el ritmo lento y cansado de su corazón.

—Eres lo mejor que he hecho en esta vida, Kylie. Eres un ángel puro y hermoso. No entiendo qué hice para merecerte. Gracias por escogerme como tu padre...

Sus palabras eran demasiado para mi corazón ya frágil, una avalancha de amor y gratitud que me desarmó por completo.

—Si me voy, no quiero que llores, mi amor —continuó, su voz apenas un susurro, pero cada palabra resonó como un trueno en mi alma—. Quiero que entiendas que estoy orgulloso de ti y que te amo más que a mi vida, mi única bebé tan hermosa...

—Eres el mejor papá del mundo... —logré decir entre sollozos.

—Tú eres la mejor hija del mundo... —Su voz se desvaneció casi por completo.

Mis lágrimas salían sin control mientras enlazaba nuestras manos, aferrándome a cada instante, a cada toque.

Esto era justo por lo que luché aquel día.

Ese día en el que debatía si era lo correcto sumergirme en ese oscuro mundo del porno.

Y ahora, en sus últimos momentos, lo entendía: sí, valió completamente la pena.

Valió la pena porque pude alargar un poco más la vida de mi padre.
Valió la pena porque conocí al amor de mi vida. Valió la pena porque tengo unos hijos maravillosos.

Y así fueron los momentos, cargados de amor y de despedida, antes de que mi amado padre partiera de este mundo.

Él estuvo a mi lado el día de mi nacimiento, y yo estuve a su lado el día en que partió para siempre.

Ahora, con el corazón destrozado pero lleno de un amor eterno, podía vivir tranquila.

Sabía, con cada fibra de mi ser, que mi papá, mi héroe, estuvo orgulloso de mí hasta su último aliento.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora