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—Entonces... ¿qué demonios quieres conmigo? —dije con la voz quebrada, con los ojos ahogados en lágrimas.

Chris no respondió de inmediato.

Solo se sentó en la orilla de la cama, con esa maldita calma que me partía el alma.

—Ser feliz —dijo al fin, casi como si no entendiera el peso de su respuesta.

Me senté frente a él, temblando.
El aire entre nosotros era un campo minado.

—¿Por qué demonios no tuvimos esta conversación antes? ¿Por qué esperaste a que yo construyera un castillo sobre una mentira?

Chris levantó los hombros, con esa maldita expresión de indiferencia disfrazada de serenidad.

—Yo te lo dije..

Su voz era tranquila.
Demasiado tranquila.
Me hervía la sangre.

Y de repente, lo recordé.

"—Jamás he tenido novia.
—¿Qué? —pregunté, confundida.
—No me gustan las relaciones serias. No me gusta el compromiso.
—Qué bueno que me lo dices... —respondí, intentando mantener el control.
—¿Me estabas tomando en cuenta?
—No... para nada. —Mentí.
—No me gusta el compromiso ni nada de eso, pero si tú fueras mi novia, dejaría todo. Las drogas, el alcohol, las mujeres... todo. Por ti.

Y reímos.

Maldita sea. Pensé que era una frase bonita, no una advertencia real.

—No me gusta el compromiso —repitió ahora, como si fuera su mantra.

—Christopher... Repito, ¿cuál es tu objetivo conmigo? ¿Cuáles son tus malditos planes?

— son hacerte feliz... sin necesidad de todo eso. ¿Por qué convertir el amor en una lista de obligaciones? ¿No te basta con lo que somos?

—¿Sin casarte? ¿Sin tener hijos? ¿Sin un maldito propósito?

—Unión libre —dijo, como si eso fuera suficiente.

Quise vomitar.

—¿Y por qué no me lo dijiste antes?

—Porque para mí no es importante. No pensé que para ti lo fuera... así de vital..

Me quebré. Me rompí por completo.

—Christopher —murmuré, limpiándome las lágrimas—, mi sueño desde que tengo memoria es casarme, formar una familia... con el hombre que amo. Con vos.

Su expresión cambió. Se apagó.

—Entonces... ¿eso es lo que quieres para tu vida? —preguntó en voz baja.

—Es lo que siempre he querido —susurré—. Lamento tanto... tanto... que no lo habláramos antes.

Y ahí me solté a llorar. Como una niña abandonada.
Como una mujer rota.

—¿Esto significa que estoy perdiendo mi tiempo contigo? —pregunté, entre sollozos.

Chris negó con la cabeza, pero ya tenía los ojos llenos de lágrimas.

—No, Kylie. No es eso. Solo... simplemente no nací para eso. No soy el tipo de hombre que quiere jugar a la casita. Tengo claro lo que quiero..

"Jugar a la casita".

Era devastador que mi sueño más profundo —formar una familia— fuera para él un juego de niños.

—Y lo único que tengo claro es que te quiero a ti. Te amo a ti. Y no necesito un papel ni un hijo para probarlo..

¡Pero yo sí!

Me puse de pie.

Caminé hacia la cómoda.

Tomé los papeles. Los resultados. Las ecografías.
Las pruebas. Todo lo que había planeado con ilusión.

Se los entregué, temblando.

—¿Qué es esto? —preguntó con el ceño fruncido.

—Fui al médico. Quería asegurarme de que todo estuviera bien en mí... para tener un bebé. Nuestro bebé..

Chris se quedó en silencio. Palideció. Tragó saliva.

—¿Por qué no lo dijiste antes?

—Porque nunca pensé que me responderías que no. Nunca imaginé que me mirarías a los ojos y me dijeras que no quieres tener un hijo conmigo.
Pensé que nuestro amor era suficiente..

Él bajó la cabeza. Se quedó callado.

—Pero está bien, Christopher. De verdad... no te culpo.

—Mi amor...

—Tú tienes tus planes. Y yo tengo los míos. Claramente... no coinciden.

—Kylie...

—No te voy a obligar a casarte conmigo. Ni a tener una familia que no quieres. Pero tampoco puedes pedirme que entierre mis sueños por seguir amándote.

El silencio fue sepulcral. Solo se oía mi respiración entrecortada.

—Esto no va a funcionar más... —dije con la voz rota, cubriéndome con la sábana.

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