Kylie
La noche fue larga.
Larguísima.
Eterna y cruel.
Una noche que jamás debió existir.
La vela de nuestro bebé apenas comenzaba, pero yo ya me sentía marchita, vacía, rota.
Chris estaba en el sillón, con la mirada perdida.
No decía nada. Solo estaba ahí.
Hundido en su propia oscuridad.
Yo, en cambio, no me separaba del pequeño ataúd.
Ese ataúd que debía ser cuna, que debía ser cama...
No tumba.
Me acerqué.
Tomé su manita una vez más.
Tan suave.
Tan perfecta.
Tan fría.
—¿Por qué no te acercas? —le dije a Chris con voz temblorosa.
Él no respondió de inmediato.
—No quiero... no puedo —susurró.
—¿Me ayudas? Quiero sentarme contigo...
Se levantó y me ayudó con cuidado.
Nos sentamos juntos, pegados, frente al horror más grande de nuestras vidas.
Lo abracé con fuerza.
—Te amo, mi amor —le dije, mirándolo a los ojos por primera vez en horas.
Él me miró.
Tenía la mirada devastada, como si el alma se le hubiera hecho trizas.
—Te amo más... —respondió apenas, mientras las lágrimas caían por su rostro.
Le limpié el rostro con delicadeza.
—Duerme un poco... lo necesitas...
Christopher se recostó sobre mi pecho.
Y por primera vez en días, cerró los ojos.
Solo por un momento, solo para no sentir.
Chris
Desperté con un nudo en el estómago.
Lo primero que vi fue el pequeño ataúd...
Y las decenas de rosas blancas que lo rodeaban, como si intentaran suavizar lo imposible.
Kylie dormía a mi lado, agotada emocionalmente.
La cubrí con una manta.
Subí a ver a mi hija.
Ahí estaba mi princesa, dormida entre los brazos de Stassie, con su osito de peluche en las manos.
Inocente.
Ajena al infierno que estábamos viviendo.
Bajé de nuevo.
Todo mi cuerpo temblaba.
No quería hacerlo.
Pero lo necesitaba.
Si alguna vez fuiste adicto, lo sabes:
cuando el dolor te sobrepasa, tu cuerpo grita por eso que te anestesiaba.
Fui al garaje.
Busqué los dos kilos de weed escondidos en el auto.
Forjé tres cigarros.
Salí por la puerta trasera.
No podía hacerlo en la calle.
Los malditos paparazzis siempre estaban acechando.
Lo único que no quería era que Kylie se enterara.
Me escondí entre los arbustos, en la parte más oculta del jardín.
Y fumé.
Una calada. Dos.
Y por un segundo el dolor se desvanecía.
Solo por un segundo.
Solo lo suficiente para no gritar.
Solo marihuana. Nada más. Lo prometí.
La luna aún alumbraba.
Las estrellas brillaban, como si no entendieran que en esta casa se acababa de apagar una vida.
Kylie
El sol había salido, pero para mí todo seguía igual de oscuro.
Las flores no paraban de llegar.
Ramos y ramos de rosas blancas...
Como si eso pudiera tapar el vacío.
Era hora.
El momento más terrorífico que puede vivir una madre.
Me giré.
Christopher no estaba a mi lado.
—¿Chris? —llamé.
—Estoy aquí... —dijo bajando las escaleras con el cabello húmedo.
—¿Me ayudas?
Asintió y me tomó en brazos.
Mientras bajábamos, lo miré detenidamente.
Tenía los ojos hinchados. Muy rojos.
Y no me miraba directamente.
Conocía su rostro.
Y sabía que algo dentro de él se estaba quebrando.
[.....]
El momento llegó.
La despedida final.
El ataúd descansaba en medio de nuestra sala, rodeado de flores.
Demasiadas flores.
Como si eso pudiera disfrazar el horror.
Chris y yo nos abrazamos.
Temblábamos. Llorábamos.
Nos sosteníamos como dos náufragos en medio de una tormenta interminable.
Yo tenía la mirada perdida.
Ni siquiera sabía cómo seguir respirando.
—Solo lo tuve cinco minutos... —susurré al oído de Chris—. Cinco minutos para toda una vida de amor que nunca podré darle...
Y me preguntaba, entre sollozos:
¿Qué se supone que hago ahora con todos estos sueños que construí contigo, mi amor?
¿Dónde meto tus pijamas?
¿Quién usará tus pañales?
¿Qué hago con tu ropita?
¿Con los cuentos? ¿Con las canciones que te iba a cantar?
¿Dónde pongo este amor tan grande si tú ya no estás?
Sentía que me arrancaban algo más que un hijo.
Sentía que se llevaban una parte de mí.
Una parte de nosotros.
Y ahí estábamos: Chris, yo, y un silencio sepulcral.
Porque cuando muere un hijo, no solo muere un bebé...
Mueren también los futuros que jamás serán.
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
FanfictionDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
