¿Qué debía creer ahora?
Ya no sabía qué era verdad, qué era mentira... y qué era simplemente mi miedo hablándome al oído.
Sentía tanto coraje, en serio.
Era una mezcla entre rabia e impotencia, como un nudo en el pecho que no me dejaba ni respirar.
—Mami... —dijo Liam, asomando la cabeza por la puerta.
—¿Sí? —le respondí rápido, limpiándome las lágrimas con la manga del suéter—. ¿Qué pasa, mi amor?
—Ven a ver una película con nosotros...
—No, mi cielo... Ahorita no estoy de humor.
—Por favor... —insistió abrazándome con fuerza.
Ese "por favor" desarmó toda mi resistencia.
—Está bien... vamos.
Lo tomé en brazos.
Ya pesaba mucho, pero no me importaba.
Aún era mi bebé.
Entramos a la pequeña habitación que habíamos acondicionado como cine en casa.
Ahí estaba Chris.
Sentado cómodamente, con Kiara dormitando sobre su pecho.
Con esa cara de paz fingida y el celular en la mano.
Lo ignoré por completo.
Me acomodé en el otro extremo del sillón, lo más lejos posible.
Estaba más que molesta. Herida. Rota.
Y NECESITABA ver su celular.
Necesitaba saber. Necesitaba paz. Aunque fuera por medio del dolor.
Mientras veía la película, acariciaba suavemente el cabello de Liam.
Y de reojo, seguía espiando a Chris...
Otra vez con el celular.
Sus dedos tecleaban rápido, con esa sonrisa apenas visible que solo tenía cuando hablaba con alguien que le importaba.
—Deja ese celular, Chris —le dije sin poder contenerme más.
Él solo lo dejó a un lado y fingió prestarle atención a la película.
Pero ya no podía engañarme.
[...]
La película terminó.
Como siempre, Kiara y yo éramos las únicas despiertas.
Chris y Liam dormían profundamente.
Rodeé los ojos, me puse de pie.
—Mi amor, vamos a alistarte para dormir, mañana hay escuela...
Ella asintió.
Cargué a Liam hasta su habitación.
Lo acomodé, le besé la mejilla con ternura.
—Duerme, mi bebé hermoso —susurré con la voz entrecortada.
Luego fui con Kiara.
—¿Quieres que te haga un par de trenzas?
Ella asintió. Se sentó frente a mí, mientras yo tejía su cabello con manos expertas pero temblorosas.
—Sueña lindo, mi cielo. Te amo...
—Yo también te amo, mami —dijo, besando mi mejilla.
Sonreí, como si todo estuviera bien.
Como si mi mundo no se estuviera cayendo a pedazos.
Cerré la puerta de su cuarto y volví a la sala.
Ahí estaba él.
Chris.
Tan bello, tan sereno...
Tan idiota.
Tan mentiroso.
Me senté a su lado.
Lo observé dormir por unos segundos.
Tenía esa expresión de calma que solo alguien que no teme ser descubierto puede tener.
—Chris... —lo moví suavemente.
Despertó al instante.
—¿Qué pasa...? —murmuró, tallándose los ojos.
—Esto me está lastimando. Hay algo en ti que me hace desconfiar... y no sé cómo callar esta sensación..
—Mi amor...
Me jaló del brazo y me colocó encima de él.
Me abrazó como si ese gesto pudiera repararlo todo.
—Yo te amo —susurró.
—No es eso, Christopher. Quiero saber qué demonios estás ocultando. Has cambiado demasiado..
—No tengo nada...
Lo tomé del rostro con ambas manos.
Lo miré a los ojos, buscando la verdad.
Escarbando detrás de su mirada.
—¿Te estás drogando otra vez? —pregunté, en voz baja, temblando.
Negó con la cabeza.
—¿Has bebido? ¿Has fumado? ¿Estás inhalando algo?
—Nada de eso, te lo juro...
—¿Entonces qué?
—¿En qué idioma quieres que te diga que no tengo nada?
—En el idioma que no me mienta, Christopher. Te conozco. Y no te creo.
—Ese es tu problema. Yo no estoy haciendo nada.
—Dame tu celular —dije con la voz más fría que pude.
Me respondió con un beso.
Apasionado. Desesperado.
Pero yo no era tonta.
Ese beso tenía sabor a distracción.
Me separé de él, con los ojos clavados en los suyos.
—No. Dame tu celular.
—No voy a hacerlo. Porque eso es tóxico.
—¿Tóxico? Tóxico es que me ocultes cosas. Si no tienes nada, ¿por qué no me lo dejas ver?
—Es mi privacidad.
—¿Privacidad? ¿De qué, Chris? ¡Soy tu esposa! ¿Qué clase de privacidad necesitas que yo no pueda ver?
—Simplemente no quiero.
—Entonces revisa el mío. Revísalo todo. No tengo nada que esconder.
—No, no voy a hacer eso.
Como si yo fuera la culpable ahora.
Y sin pensarlo, agarré su celular y salí corriendo hacia nuestra habitación.
—¡KYLIE! —gritó.
—¡Baja la voz! Vas a despertar a los niños.
Me encerré en el baño.
El teléfono tenía clave.
Obvio.
Salí furiosa.
Me planté frente a él, mirándolo con fuego en los ojos.
—Desbloquéalo.
—No. No lo haré.
Me arrebató el celular de las manos.
Con una mirada de rabia, salió del cuarto y estrelló la puerta.
Me quedé ahí.
Sola.
Temblando.
¿Qué podía pensar ahora ante eso?
¿Qué demonios escondía?
¿Tenía una amante?
¿Una doble vida?
¿Una adicción?
¿Una mentira más grande que las palabras?
Mi respiración se aceleró.
El corazón se me salía del pecho.
Y por primera vez en años... me sentí completamente sola en mi propio matrimonio.
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Pornstar Love
Fiksi PenggemarDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
