29

3K 176 6
                                        

Los golpes llovían con una furia que helaba la sangre.

Ambos se daban con toda la fuerza de años acumulados de odio, celos y frustración.

Dos cuerpos gigantes, musculosos, bestiales, reducidos a la violencia más primitiva.

Parecía una pelea entre dioses caídos.

Como si el mismísimo Capitán América se estuviera batiendo a muerte con Superman.

Pero esto no era ficción.
Esto era real. Esto dolía.

—¡CHRISTOPHER! —grité con la garganta hecha trizas, mis manos temblando.

Nadie podía separarlos. Nadie.

Ni los productores, ni los camarógrafos, ni los cinco hombres que se lanzaron sobre cada uno para detenerlos.

Era como contener una tormenta con una toalla.

Y entonces, la sangre apareció.

Primero en el labio de Chris.
Luego, chorreando de la nariz de Henry.

Mi corazón se paralizó.

—¡NO TE METAS CON KYLIEEEE! —rugió Chris con un odio tan visceral que supe que algo dentro de él se había quebrado para siempre.

Henry, aún con el rostro ensangrentado, solo reía.

Esa sonrisa me dio más miedo que cualquier golpe.
Era la sonrisa de alguien que no tiene alma.
De alguien que disfruta destruir.

—¡LA PRÓXIMA VEZ TE VOY A MATAR! —escupió Chris.

No lo pensé. Lo tomé de la mano y lo jalé.

—¡Vámonos, por favor! —dije con los ojos llenos de lágrimas, con la voz al borde de romperse.

Él venía detrás de mí, respirando como un toro herido.

Le quité las llaves de su auto con rapidez.
No lo dejaría conducir así, en ese estado.

—Yo conduzco —le dije mientras encendía el coche.

Durante todo el trayecto, Chris escupía sangre y apretaba los dientes.
Su labio estaba reventado.
Yo solo conducía... con los ojos empañados y un nudo en la garganta.

[.....]

Entramos a mi departamento sin hablar.

—La violencia nunca es buena... —dije en voz baja, apenas cerrando la puerta.

—¿Y qué demonios querías que hiciera? —respondió, con una furia contenida que aún hervía en su pecho.

—Te pedí que lo ignoraras, Chris...

—¡NO IBA A DEJAR QUE HABLARA MIERDA DE TI! —gritó.

—Sí, pero todo esto no está bien... No lo estuvo nunca...

—¿Lo estás defendiendo? —preguntó, con una chispa de traición en sus ojos.

Me sentí agotada.
Vacía.

Lo empujé hacia la cama con suavidad, como si necesitara detener su impulso, bajarlo de esa nube de rabia.

Fui por el botiquín.

—No estoy defendiendo a nadie —respondí, sacando el alcohol—. Solo te digo que esta industria ya nos quitó demasiado. No permitas que te quite también tu control..

Remojé el algodón y lo presioné contra su labio herido.

—AHH —se quejó, apretando los puños.

—Cállate... por favor... —susurré mientras limpiaba mis lágrimas y su sangre al mismo tiempo.

La violencia lo había marcado.
Y a mí también.

Tenía el pómulo inflamado.

Sabía que ese golpe le dejaría moretón... pero lo que más dolía era lo invisible.

Lo que no se curaba con alcohol ni vendas.

—¿Por qué se odian tanto? —pregunté por fin—. ¿Sólo porque es tu competencia? Me parece algo tan... infantil, Christopher..

Él bajó la mirada.
Por un momento, pareció un niño roto.
Ya no era el actor, el ídolo ni el musculoso.
Era solo un hombre cansado.

—No es por eso... —susurró.

—¿Entonces qué pasó entre ustedes?

Chris tragó saliva. Le costaba hablar. Pero lo hizo.

—Solíamos ser mejores amigos. Hermanos. Hasta que entré a este mundo... el porno. Él no soportó mi éxito. Me abrazaba como amigo, pero por detrás me robaba contratos, mentía sobre mí, saboteaba mis castings. Luego quiso a todas las chicas con las que yo estuve. Todas. Tuvimos una pelea horrible.
Le rompí la cara. Los dientes que tiene ahora... no son suyos..

Mi cuerpo se estremeció.

—Y gracias a eso me rompí la mano. Nunca volvió a curarse del todo —agregó con amargura.

Me crucé de brazos, mirándolo fijamente.

—¿Todo eso... es por mujeres? ¿Sigues sin superar eso?

—No, Kylie... no es por eso.

Se puso de pie. Como si no pudiera contenerse más.

—¡ES PORQUE ESE MALDITO IMBÉCIL QUIERE TODO LO QUE TENGO! —gritó—. ¡TODO!
Y lo único que no tenía... ERAS TÚ.

—Chris...

Sus ojos brillaban. Pero no de amor.
De impotencia. De dolor.

—¡Y AHORA TE TUVO! ¡TE TOCÓ! —gritó con lágrimas cayéndole por las mejillas—. Lo único que me importa en este maldito infierno... y ahora ese bastardo también te tuvo..

Yo no supe qué decir.

Me sentí usada.
No por Chris.
Por el sistema entero.
Por un mundo que convertía nuestros cuerpos en carne de consumo... y nuestras emociones en terreno de batalla.

Yo no había sido infiel.
Había sido forzada a obedecer un guion.
A firmar contratos que convertían mi cuerpo en propiedad ajena.

Y ahí estaba el hombre que amaba... destrozado por lo que otro había hecho con algo que ya no me pertenecía.

Me acerqué a él. Lo abracé fuerte.

Chris me abrazó con fuerza.
No dijo nada.
Porque no había palabras suficientes para curar lo que esta industria ya nos había roto.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora