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Finalmente, después de una semana que se sintió como un mes, mi hombre estaba por llegar a casa.

Había limpiado cada rincón, perfumado las sábanas, cocinado como si fuera Navidad... incluso le horneé su pastel favorito.

Quería que este reencuentro fuera perfecto, porque no solo era el regreso de Chris: era el inicio del resto de nuestras vidas.

Mi corazón latía con fuerza mientras escuchaba el portón eléctrico abrirse.

El brillante Ferrari rojo se asomó, y con solo verlo sentí mariposas, ansiedad, amor, dolor, todo junto.

Cuando Chris bajó del auto, corrí hacia él como una niña desesperada por abrazar a su superhéroe.

—Te extrañé como no tienes una idea... —dijo, envolviéndome en sus brazos.

—Te extrañé más, mi amor... —respondí enterrando mi rostro en su cuello.

Ese olor, ese calor, esa paz... era mi casa.

Lo que Chris no sabía era que hoy le hablaría de nuestro futuro.

Hoy comenzaría nuestra nueva historia: dejaría el porno, se quitaría la vasectomía y empezaríamos a buscar a nuestro bebé.

Nuestra familia. Nuestro todo.

Me llevó en brazos, cruzando el umbral como si fuéramos recién casados.

—Mira, te hice esto... —dije separándome de él.

Sobre la mesa lo esperaban sus sandalias favoritas de Louis Vuitton y el pastel recién horneado, decorado con su fruta favorita.

—¡Amor! Estas sandalias son las que siempre había querido... —me besó con fuerza—. Gracias, mi amor. Te amo tanto... no sé qué haría sin ti..

Tampoco sé qué haría sin él, pensé mientras lo abrazaba.

[.....]

Estábamos en la sala, desnudos, fundidos en nuestra pasión.

Montada sobre él, me movía lento, provocándolo a cada segundo.

—En la noche seguimos, mi amor... —susurré jadeando, sintiendo su lengua recorrer mis pechos.

—¿Por qué? —preguntó, besando mi ombligo.

—Tengo cosas que hacer... y en la noche se disfruta mejor..

—Bien... —respondió en un suspiro que me estremeció.

Me bajé de él lentamente.
Aún sentía su piel en mi interior.
Lo vi caminar al baño y mientras enjuagaba mi cara, pensé en todo lo que habíamos construido.

No era solo sexo. Era complicidad. Era amor real.

¿Quién no querría tener un hijo con el hombre de su vida?

[......]

Fuimos al supermercado. Era nuestro ritual.

Pareja de manual, pensaba la gente.

Pero lo que no sabían era todo lo que arrastrábamos por dentro.

—Necesito Tampax... —dije al revisar los estantes.

—¿Ya estás en tus días? Aún no te toca... —respondió Chris arqueando una ceja.

—¿Te sabes mis días?

—Claro. Tengo que evitar ser un imbécil en esos días... —bromeó.

Sonreí, aunque por dentro una vocecita me decía: "Ojalá también recordaras lo mucho que quiero una familia."

Seguimos caminando.
Tomé unos condones de sabores.

—¿En serio quieres probar esto? —rió Chris.

—Quiero saber cómo sabe tu pene a fresa... —le guiñé.

—Entonces prepárate para el postre más delicioso de tu vida... —me respondió con esa mirada que me desarma.

[.....]

Mientras acomodábamos las bolsas en el auto, algo llamó nuestra atención:un chico le proponía matrimonio a su novia en medio del estacionamiento

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Mientras acomodábamos las bolsas en el auto, algo llamó nuestra atención:
un chico le proponía matrimonio a su novia en medio del estacionamiento.

Ella lloraba, el se hincaba, todos aplaudían.

—¿Quién demonios pide matrimonio en un estacionamiento de supermercado? —dijo Chris, riendo.

—Creo que no importa el lugar... —respondí con ternura—. ¿Cuándo me tocará a mí?

Lo miré a los ojos, esperando una broma, un "pronto"... cualquier esperanza.

Pero su sonrisa desapareció.
Y en su lugar, quedó solo silencio. Frío.

—Nunca —dijo, clavando la mirada en las bolsas del supermercado.

—¿Qué...? —mi voz se quebró.

—No me quiero casar... —agregó, nervioso, sin atreverse a mirarme a los ojos mientras metía las cosas al auto.

Y ahí fue donde todo se vino abajo.

El aire se volvió denso. Los colores del atardecer se apagaron. El mundo se detuvo.

Mis sueños, mi plan, mi ilusión, todo explotó en mil pedazos dentro de mí.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora