46

2.4K 151 3
                                        

—Eres increíble... no te merezco —susurré mientras caía de rodillas frente a él, llorando como nunca—. ¡No te merezco, Chris!

Me sentía tan rota, tan sucia, tan usada por dentro... y aun así, él seguía ahí, arrodillado frente a mí, con los ojos llenos de amor.

—Basta —dijo con una sonrisa temblorosa, sus dedos acariciando mis mejillas mojadas—. Te amo, Kylie. Y haría cualquier cosa por verte feliz. Lo que sea..

Él me había liberado.

Me había sacado del contrato más oscuro y asqueroso de mi vida.

Ese contrato que había borrado mi nombre, mi dignidad, mi valor.

Ese contrato que me había convertido en un objeto para cientos de miles de ojos que no sabían ni mi historia, ni mi dolor.

Negué con la cabeza, todavía sin poder creerlo.

—No sé qué hice para merecerte...

—Me enseñaste a amar —dijo él, con una ternura que me rompía el alma—. Me cambiaste la vida... y eso no se compra, ni se olvida..

Limpió mis lágrimas con los pulgares y me besó con una delicadeza que me estremeció el alma.

—Te amo tanto... —susurró—. Tanto que si pudiera, borraría cada lágrima que has llorado..

Y ahí entendí que él era real.

Que el amor real no juzga, no señala, no exige.
Solo abraza.

Por primera vez en meses, sentí que respiraba.

[......]

Estaba encima de él, abrazándolo como si se me fuera la vida en ello.

—Solo quiero ser feliz, Chris... Solo quería hacer feliz a mis papás. Nada más. No quería fama, ni placer, ni lujos. ¡Solo quería salvar a mi familia!..

Él me besó la frente con ternura.

—Ahora yo me encargaré de hacerte feliz..

Lo miré a los ojos, aún húmedos, aún vulnerables.

—¿Sabes cómo puedes hacerlo?

—Dime... pide lo que quieras.

Lo miré fijamente, pero mi voz tembló.

Ya no por deseo físico. No era lujuria. Era necesidad de sentirme viva, humana, amada.

—Quiero sentir que soy tuya, no de esa industria de mierda...

—Kylie...

—Tócame. Pero no como ellos. No como esas cámaras sucias, esos contratos fríos. Hazme el amor como lo hace un hombre que ama, no un director que paga..

Mi voz temblaba. Yo también. Estaba deshecha por dentro.

Chris no dijo nada. Solo me abrazó fuerte.

Nos quedamos así, respirando el uno al otro, como si quisiéramos fundirnos y volver a nacer.

—¿Volverás conmigo? —dijo en un susurro, sin dejar de acariciarme el cabello.

Yo sonreí apenas.

—Dependerá... de cuántas veces logres hacerme olvidar el infierno del que me sacaste..

Él rió, con los ojos brillando de emoción.

—Acepto el reto. Pero esta vez... solo si tú quieres..

—Lo quiero —dije segura, con una lágrima cayendo de mi mejilla—. Pero no por obligación. No por contrato. Lo quiero por amor..

Y esa noche, no hubo cámaras.
No hubo directores.
No hubo performance.
Solo hubo dos almas intentando recomponerse.

Chris no me tocó con desesperación, sino con respeto.

Cada caricia fue una declaración de amor.
Cada beso, una disculpa silenciosa por todo lo que el mundo me había hecho.

Me desnudé frente a él como nunca lo había hecho en un set: con miedo, pero con confianza.

Con vergüenza, pero sin culpa.
Con dolor, pero también con esperanza.

Me acosté en la cama, y esta vez, no era un escenario.

Era un refugio.
Nuestro refugio.

Me miró con ternura.

—Eres hermosa, ¿lo sabías?

Asentí apenas, con la voz quebrada.

—A veces me cuesta creerlo...

—Yo me voy a encargar de que no lo olvides nunca más.

Y entonces sí, me besó como si fuera sagrada.

Su cuerpo sobre el mío no fue peso ni dominio, fue un escudo.

Me hizo el amor como nunca nadie lo había hecho: para sanarme, no para consumir.

Para darme vida, no para arrancármela.

Esa noche, por primera vez, me sentí dueña de mi cuerpo.
Y aún más importante, de mi historia.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora