Kylie
Comencé a guardar la ropa de los niños con manos temblorosas, mientras las lágrimas me caían como una lluvia incontenible.
Los cajones se abrían y cerraban sin orden, mi mente estaba en otra parte, como si mi cuerpo funcionara solo.
¿En qué momento llegamos a esto?
¿En qué momento pasamos de ser una familia feliz a esta ruina emocional que nos consume vivos?
Yo lo amaba.
Con todo lo que tenía. Con todo lo que era.
Esperaba envejecer junto a él, compartir navidades, graduaciones, bodas...
Pero ahora... solo compartíamos dolor.
Y quizás... todo fue mi culpa.
Chris siempre fue claro.
Siempre me dijo que no quería casarse, que no estaba listo para ser padre.
Y yo, con mis sueños de cuento, con mi necesidad de tenerlo todo, lo presioné.
Lo metí en un molde que no era el suyo.
Y ahora, aquí estábamos.
Con un matrimonio destrozado.
Y un nuevo bebé en camino.
Un bebé que llegaba en el peor momento de nuestras vidas.
[......]
De pronto, escuché ruidos extraños abajo.
Un golpe. Una risa. Una carcajada espesa, como salida de un abismo.
Bajé corriendo.
Ahí estaba él.
Christopher.
Con los ojos rojos, la piel sudorosa, temblando.
—Tenemos que hablar —dije desde la escalera.
—¿Y los niños? —preguntó, tambaleándose.
—No están.
—¿Por qué demonios no están?
Su voz era espesa, ebria de sustancias.
Venía hasta el tope de drogado.
—Chris... —dije, bajando lentamente—. ¿Estás drogado?
—No sé... tal vez —dijo con una risa vacía, desquiciada.
—Se acabó —susurré entre lágrimas.
Él caminó a la cocina con la mirada perdida, como si no me oyera.
—Fumé... inhalé... me inyecté de todo —dijo, como si estuviera contando una anécdota divertida—. Cocaína, heroína, metanfetamina... no sé ni cómo sigo vivo.
Solté un sollozo mientras lo veía.
El amor de mi vida... destruido.
Un espectro de quien fue.
—¿No hay alcohol? ¿Cómo que no hay alcohol en esta casa? —gruñó abriendo los gabinetes.
—Ve arriba —dije con la voz rota.
—¿Tú dándome órdenes? —rió—. ¿Haremos el amor?
Lo temía.
Cuando estaba así, era como convivir con un extraño.
Recordé la última vez y me recorrió un escalofrío de terror.
—Sube, Christopher.
—No puedo, se me mueve el piso —rió.
—¡SUBE A LA MALDITA HABITACIÓN! —grité, quebrada.
Él me miró un instante... y subió.
[.....]
Yo lloraba sin consuelo, pegada a la pared, sintiendo que mi alma se rompía por dentro.
Cuando entré al cuarto, lo encontré sentado en la cama, con los ojos perdidos, jadeando como si hubiese corrido un maratón.
—¿Sabes qué? —dije mirándolo con el corazón hecho trizas—. La sigues cagando, Christopher.
Ya no puedo más.
—Hagamos el amor —dijo quitándose la camiseta con torpeza.
—Ni se te ocurra tocarme —dije con firmeza, retrocediendo.
Él se quedó congelado.
Me acerqué, lo tomé del brazo, y lo llevé directo a la regadera.
Abrí el agua fría sin piedad.
—¡Mierda, Kylie! —gritó—. ¡Está helada!
—Lo sé.
Le arrojé una toalla sin mirarlo y me dejé caer en la cama.
Sola. Rota. A punto de colapsar.
Minutos después, regresó con una bata, todavía tambaleante.
—Esto es demasiado —susurré—. Ya no puedo más, Christopher. Me has fallado por completo.
Él se sentó en la cama, sin atreverse a mirarme.
—Me has fallado como padre, como esposo... pero, sobre todo, como el amor de mi vida —dije entre lágrimas—. Hace días te pedí la verdad. Te pregunté si seguías en las drogas, y mentiste. Otra vez.
Me mentiste a la cara.
Él bajó más la cabeza.
Yo me acerqué, con la voz quebrada.
—¿Qué te pasa, Christopher? ¿Qué hiciste con el hombre que me prometió ser mi refugio? ¿Por qué te perdiste así?
—Kylie...
—¡CÁLLATE Y ESCÚCHAME! —grité.
Mi cuerpo entero temblaba.
—Esto es demasiado. Tengo que proteger a mis hijos. Tengo que protegerme a mí. Y creo que lo mejor, lo único sano que queda... es que no estemos juntos
—¿Quieres un tiempo? —dijo poniéndose de pie, temblando.
—No. Quiero el divorcio.
Se quedó helado.
—Esto ya no es bueno para mí —continué—. Y como a ti no te importa nada, esto es lo mejor
Tomé aire. Lo miré a los ojos, por última vez con ese amor que se estaba apagando.
—¿Sabes por qué? Porque estoy embarazada, Christopher. Y no me importa lo que digas ahora.
Me voy. Y no hay vuelta atrás.
Él abrió la boca, pero ningún sonido salió.
Se derrumbó de rodillas frente a mí, pero ya era tarde.
Muy tarde.
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
FanfictionDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
