Kylie
—¿Qué es esto, Christopher? —dije mirándole fijamente los brazos mientras sostenía su muñeca con fuerza.
Yo conocía ese tipo de marcas.
Las había visto antes.
—Picadas de moscos —dijo, quitando su brazo con torpeza.
¿De verdad creía que podía mentirme así?
A mí no me hacía tonta.
Yo era su esposa, la madre de sus hijos, lo conocía mejor que nadie.
Lo tomé de la mano sin decir nada más.
Subimos las escaleras, como si mis piernas no tuvieran fuerza, como si un presentimiento oscuro se apoderara de mí.
Cerré la puerta.
—Si me entero que...
—No es nada, Kylie —repitió con ese tono evasivo, esa mirada que ya no me miraba de frente.
Lo miré fijamente a los ojos, me crucé de brazos.
Podía sentir mi corazón latir con furia en el pecho.
—Si te estás drogando, solamente te advierto que...
No pude terminar la frase.
No quería decirlo, no quería romper lo que ya se sentía en ruinas.
—No —dijo serio, seco, firme—. No lo hago.
Y salió de la habitación como si nada.
Como si el mundo no se me estuviera cayendo encima.
Me dejé caer en la cama.
Las lágrimas no salían, pero ardían por dentro.
No podía hacer corajes.
No con este bebé.
Tenía que mantenerme fuerte... por él... por ellos... por mí.
[.....]
Bajé las escaleras con una calma fingida.
Vi a Liam y Kiara sentados en el sofá, tranquilos, inocentes, ignorantes del infierno que se gestaba en esta casa.
—¿Y papá? —pregunté mientras acomodaba sus platos.
—Se fue en su auto —dijo Liam sin despegar la vista de su iPad.
—Bien... —respiré hondo, conteniendo el llanto—. Estaré en mi habitación. Recuerden levantar sus platos y dejarlos en el lavado..
—Sí, mami —dijeron los dos al mismo tiempo.
Los besé en la frente.
Y subí de nuevo.
No confiaba en Chris.
Y el simple pensamiento me destrozaba.
Pero no me quedaría de brazos cruzados.
Tenía que confirmar mis sospechas.
Y si estaba equivocada, que el cielo me perdone.
Comencé a buscar. Primero el closet. Nada. Cajones.
Solo ropa, preservativos...
¿Por qué condones si ya no teníamos sexo desde hacía semanas?
Me tragué el nudo en la garganta y seguí buscando.
Bajé a la pequeña oficina que teníamos en el living.
Era más su espacio que mío.
Siempre decía que era su "cueva".
Busqué en el escritorio.
Y ahí estaban.
Una pequeña caja.
Al abrirla, un olor fuerte me golpeó.
Una decena de cigarros de marihuana, perfectamente enrollados, con filtros finos y bolsitas herméticas.
Todo muy bien escondido.
Prefería eso a lo otro... pero aún así dolía.
Dolía como una daga clavada lentamente en el alma.
Intenté no llorar.
Intenté mantenerme fuerte.
Hasta que abrí el último cajón.
Y lo vi.
Una bolsa pequeña. Blanca. Herméticamente sellada.
Con ella, otras tres más.
Heroína.
Heroína.
Heroína.
El aire se me fue de los pulmones.
Me llevé la mano a la boca mientras un grito ahogado se me escapaba desde el alma.
Esto era demasiado.
Demasiadas mentiras.
Demasiado dolor.
Me dejé caer al suelo.
Lloré.
Lloré como nunca había llorado.
Como cuando enterramos a Baby Christopher.
Como cuando vi a Chris por primera vez y sentí que lo amaba para siempre.
¿En qué momento lo perdí?
¿En qué momento perdimos todo?
Saqué el celular temblando y marqué.
—¿Stassie?
—¿Kylie? ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—No... necesito que vengas. Ven por los niños... por favor...
—¿Qué pasó? Me estás asustando...
—Nos vamos... me voy de esta casa. No puedo más. Esto se acabó...
Chris
No sabía ni cómo había llegado hasta la carretera.
Solo manejaba.
Las manos me temblaban. El corazón me pesaba.
La culpa era insoportable.
La imagen de Kylie mirándome como si fuera un extraño...
Sus ojos llenos de miedo, de decepción...
Eso me estaba matando más que cualquier droga.
Paré el auto en la orilla. Apagué el motor.
Saqué un cigarro de marihuana, lo encendí, pero ya ni eso me calmaba.
La cabeza me daba vueltas.
El cuerpo me pedía más.
La cocaína...
La heroína...
Estaban ahí. En la guantera.
—¡BASTA! —grité con fuerza, golpeando el volante—. ¡BASTAAA, MALDITA SEA!
Saqué las bolsitas, las lancé al suelo, las pisoteé como si fueran el demonio que me arrastraba.
—¡NO QUIERO PERDER A MI FAMILIA! —grité llorando—. ¡NO QUIERO PERDERLA A ELLA!
Pero luego...
Las miré.
Las drogas, en el suelo.
Esperando.
Tentándome.
—Ustedes... me hacen olvidar —susurré, derrotado—. Me hacen sentir que el dolor no existe...
Y como un cobarde...
Las recogí.
Subí al auto.
Y me drogué.
Porque ya no sabía cómo vivir sin estar roto.
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
FanfictionDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
