Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
El rostro de Chris cambió radicalmente. Su mirada se perdió en el vacío.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas sin ningún intento de ocultarlas.
Yo respiraba agitada. La rabia me quemaba el pecho. El amor me destrozaba las entrañas.
Y el miedo... ese maldito miedo de perderlo para siempre, no me dejaba pensar con claridad.
—Dime, Christopher... ¿de verdad no te importan tus hijos? —dije con la voz hecha trizas—. ¿No te importa que este bebé crezca sin su padre?
Él alzó los ojos llenos de lágrimas y susurró apenas, temblando:
—Perdón... Pero ya no puedo más.
—¿Qué te sucede...? —me acerqué, tomándole las manos con fuerza—. Dímelo. Por favor.
—No puedo, Kylie —repitió una y otra vez, como si las palabras le sangraran por dentro—. No puedo decírtelo..
—¡Claro que puedes! —dije entre dientes, conteniendo mi llanto—. ¡Claro que puedes! ¡TE CONOZCO! Sé que no eres un asesino, sé que lo que hiciste fue por algo. ¡No lo justifica, pero lo explica!
Chris rompió en un llanto más profundo, casi infantil.
Se dobló sobre sí mismo como si llevara una tonelada en el pecho.
—¡No puedo decírtelo...!
—¡¿Por qué no?! —le grité, al borde del colapso—. ¡¿Qué te hizo ese hombre, Chris?! ¡¿QUIÉN ERA?! ¿QUÉ PASÓ?
Su llanto se volvió más desgarrador. Nunca lo había visto así. Jamás.
—Mi amor, por favor... —susurré acercándome a él—. Déjame ayudarte. Pero no puedo hacerlo si no me dejas entrar.
Él negó con la cabeza una y otra vez. Me quemaba por dentro. Rabia. Dolor. Impotencia. Todo junto.
—¿No te importan tus hijos? —pregunté firme—. ¿No te importa el daño que les estás causando al callar? ¿Quieres que crezcan preguntando por qué su padre está en la cárcel?
—¡Quiero ser un buen padre! —gritó él con desesperación—. ¡Lo juro, lo intento... pero no puedo!
—¡Pues no lo estás logrando! —le solté con fuerza—. En este estado, eres una amenaza para ellos. ¡Y no voy a permitirlo! ¡No voy a permitir que el hombre que amo se convierta en el monstruo del que algún día tengan que huir!
—¡No te vayas! —suplicó Chris, aferrándose a mis manos como si fuera a hundirse en un abismo—. ¡Por favor, no te vayas de mi vida!
—Entonces dímelo, Christopher... ¡Dime qué te hizo ese hombre! ¡Dime por qué lo golpeaste hasta casi matarlo!
—No puedo, Kylie. No puedo decirlo en voz alta... si lo digo, me destruyo. Me mata...
—¡¿Fue por una mujer?! —dije poniéndome de pie de golpe.
Las palabras me salieron solas, llenas de veneno, de celos, de dolor.
Él bajó la mirada, y en ese segundo, el silencio fue más cruel que una confesión.
—¿FUE POR UNA MALDITA MUJER? —grité, con las lágrimas cayéndome sin control.
—No. —susurró, con el alma partida—. No fue por una mujer.
—Entonces, ¿por qué no puedes contármelo? ¿No confías en mí?
—¡SÍ CONFÍO! —gritó al fin, poniéndose de pie, furioso y desesperado—. ¡PERO NO PUEDO! ¡NO ENTIENDES, KYLIE! ¡ESTO ES ALGO QUE ME TORTURA DESDE HACE AÑOS! ¡ES ALGO QUE NO ME DEJA VIVIR!
Retrocedí asustada. Nunca lo había visto tan alterado.
Los policías entraron en ese instante y lo sujetaron con fuerza.
—¡DEJENME! —gritó entre sollozos—. ¡JAMÁS LASTIMARÍA A MI ESPOSA!
Yo me quedé congelada, rota.
—Me voy... —dije sin poder sostenerme más—. Está bien si no quieres ayuda, Christopher. Pero entonces no te quiero cerca de mis hijos.
—¡Kylie, no! ¡Por favor!
—¡No puedo obligarte a sanar! Pero si tú no luchas por ti, entonces no puedo luchar yo sola por nosotros.
—¡Te amo! ¡Te lo juro, te amo!
—¿Y de qué sirve el amor si tú no quieres vivir...? ¿De qué sirve si te está matando por dentro?
Chris cayó de rodillas. Los policías lo sujetaban, pero él ya no se resistía.
Solo lloraba.
Como un niño que acaba de perderlo todo.
Salí de ese lugar sin poder respirar.
Sin entender qué dolor llevaba Chris por dentro. Y con el corazón completamente hecho trizas.
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