Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
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Finalmente llegamos.
Respiré hondo mientras bajaba del auto.
A pesar del cansancio que sentía, una sonrisa se dibujó en mi rostro.
Este lugar era realmente hermoso, casi sacado de un sueño: flores colgando del techo, listones blancos meciéndose con el viento, una mesa enorme llena de regalos, dulces, risas.
Siempre había soñado con tener un baby shower así... rodeada de gente que me amara, esperando a una hija fruto del amor verdadero.
Y hoy... hoy lo tenía.
Era mi día. Era nuestra hija. Era mi familia.
—Te amo tanto... —susurré mientras me giraba hacia Chris y lo besaba, conteniendo las lágrimas de emoción.
—Y yo a ti muchísimo más —respondió él, acariciando mi mejilla antes de robarme otro beso.
Me alejé con una sonrisa para saludar a los invitados.
Había personas que amaba con el alma... y también caras que no conocía.
Amigos de Chris. Gente que, si fuera por mí, no estaría.
Pero hoy no iba a arruinar nada.
O eso pensaba.
—¡Eres una maldita diosa! —gritó Stassie al abrazarme y besar mi enorme panza—. ¡Hola coshita de la tía Stass! —dijo en voz dulce mientras acariciaba mi abdomen como si ya conociera a Kiara Gizem.
Ella era mi hermana del alma, aunque la sangre no nos uniera.
Había estado conmigo en mis infiernos, en mi recuperación, en mis recaídas, en mis triunfos. Si alguien podía estar aquí, era ella.
—¿Cómo te ha ido? —me preguntó mientras nos sentábamos juntas.
—De maravilla —dije sonriendo—. Soy la persona más feliz del mundo... menos cuando tengo que vomitar, o siento que mi cabeza va a explotar del dolor..
—Por favor, recomiéndame nunca embarazarme... —dijo entre risas.
—Solo encuentra a la persona correcta —contesté, mirando a Chris a lo lejos—. Él no quería ser papá, y mira... hasta lo planeó.
—Es increíble lo que puede hacer el amor.
—Sí... —asentí, aunque una sombra me cruzó por dentro.
Chris reía con un par de amigos al fondo del salón.
Lo observaba desde mi silla... lo amaba con el alma.
Pero incluso en los días felices, mi mente no me daba descanso.
Los recuerdos... el pasado... sus mujeres... su madre... y entonces, como si el universo quisiera recordarme que la paz nunca dura tanto, la vi.
—Ya llegó la odiosa de tu suegra... —dijo Stassie en voz baja.
La sangre me hirvió como si me hubieran echado aceite caliente en las venas. La seguí con la mirada.
Ahí estaba. Lisa. La mujer que me juzgó, me criticó y nunca me aceptó como suficiente para su hijo. Y no venía sola.
No.
Junto a ella... estaba ella. London.
Y entonces todo dentro de mí se revolvió.
La misma London que se había acostado con Chris fuera de las cámaras, por puro placer. La misma con la que Chris se besaba cuando intentaba conquistarme. La misma que él me juró que no significaba nada... Y que ahora abrazaba a mi pareja como si aún tuviera derecho de tocarlo.
—Tranquila... —dijo Stassie tomándome de la mano.
—¿Cómo quieres que me tranquilice? —susurré conteniendo las lágrimas—. Me tocó ver cómo se besaban en la boca cuando apenas comenzábamos... No quiero verla aquí. No la quiero cerca.
—Kylie, él estaba soltero, no puedes...
—¿Tú estarías cómoda con una mujer que se acostó con tu novio mientras él decía que te amaba? ¿Una mujer que lo tuvo sin cámaras, sin contratos, solo por deseo?
Stassie guardó silencio. Yo sabía que tenía razón.
Pero no sabía si era paranoia... o simplemente mi instinto de protección elevado al mil por mi embarazo.
Sí. Chris fue un pornstar. Me acostumbre a verlo teniendo sexo con otras mujeres. Pero eso era trabajo.
London fue elección. Fue fuera del set. Fue intencional. Fue real.
Y eso dolía más.
—Lo nuestro fue real desde el principio —me decía siempre Chris.
Pero verlos abrazarse de nuevo... me rompía.
Mi corazón palpitaba a mil. Las manos me temblaban.
No sabía si eran mis hormonas o simplemente el dolor que siempre había estado ahí... escondido... esperando su momento.
Me levanté. Caminé firme hacia ellos.
Chris volteó al sentir mi presencia. Sonrió, ajeno al incendio dentro de mí.
—Cariño, muchas felicidades... —dijo London acercándose con falsa amabilidad.
Me abrazó.
Yo me alejé. Fingí una sonrisa que se rompía por dentro.
—Gracias —dije secamente clavando mi mirada en los ojos de Chris.
—¿Por qué miras así a mi hijo? —preguntó Lisa, su madre.
—A usted no le importa —respondí sin quitarle la vista.
—Kylie... —susurró Chris, acercándose.
—Eres una grosera —dijo Lisa, cruzándose de brazos.
—Retírese —le dije. Mi voz fue firme. Tan fría como el hielo—. No la quiero aquí..
Chris tomó mi mano. Yo la solté.
—No me iré. Es el baby shower de mi nieta. Estoy aquí por mi hijo..
—Y a mí me importa una mierda. Yo soy la madre. Y no la quiero aquí. Punto.
Silencio. Un silencio tenso, cortante, insoportable.
Chris no decía nada. Ni una palabra. Y eso, eso fue lo que más me dolió.
Su silencio.
En ese momento entendí que esto apenas comenzaba.
Que ser madre no me protegería del dolor, ni del juicio, ni de la inseguridad.
Que la tormenta hormonal era real. Pero que la herida... la herida era mucho más profunda.
Era mi hija. Era mi pareja. Y yo no pensaba permitir que nadie, absolutamente nadie, ensuciara ese vínculo.
Ni su madre. Ni su ex. Ni su pasado.
Y si Chris no lo entendía ahora... entonces estaba a punto de descubrir quién soy yo cuando se trata de proteger lo que amo.