70

1.5K 110 1
                                        

Kylie

Me encontraba en casa, sumergida entre dos búsquedas que me partían el alma en direcciones opuestas:
un buen centro de rehabilitación para Chris...
y mi nueva casa en Los Ángeles.

Dos futuros completamente distintos.
Uno en el que yo huía...
y otro en el que trataba de salvarlo.

Ambos se sentían imposibles.

La laptop estaba abierta frente a mí, con páginas de clínicas privadas, programas de desintoxicación, terapias intensivas, pero ninguna parecía lo suficientemente buena para lo roto que estaba él.

Christopher necesitaba ayuda urgente... pero también necesitaba paz.

Y yo no sabía dónde encontrarle ambas cosas al mismo tiempo.

El celular empezó a sonar con fuerza.

Era Stassie.

—Kylie... —su voz sonaba extraña, contenida, pero al borde del pánico—. ¡KYLIE!

Mi corazón se paralizó.

—¿Qué? ¿¡QUÉ SUCEDE!?

—Ve las noticias del 20... ahora. YA. —dijo, con un tono urgente que me heló la sangre.

De inmediato pensé en Chris.

—¿Qué pasa? —pregunté, con la voz temblorosa, mientras mis manos buscaban desesperadamente el control remoto.

—Solo hazlo. Pero tranquila, ¿sí?

Tranquila.

Me pidió que estuviera tranquila mientras mi cabeza ya imaginaba el peor de los escenarios.
Mi respiración era errática.
Ya lo presentía.

—¡¿QUÉ PASA, STASSIE?!

Encendí la televisión.

Un silencio absoluto inundó el cuarto antes de que la reportera pronunciara las palabras que rompieron mi mundo en mil pedazos.

"Chris Evans, el famoso empresario y actor del cine para adultos, ha sido encontrado esta tarde con una severa sobredosis en su departamento de Manhattan. Se encuentra entre la vida y la muerte."

El control se cayó de mis manos.
Y con él, el celular.
Y con ellos, yo.

Sentí que mi cuerpo se desmoronaba.

—No, no, no... —susurré. Pero ya no servía de nada.
La realidad era clara.

Chris podía estar muriendo.

Salí de casa como estaba.

Pelo suelto, lágrimas corriendo por mis mejillas, sin siquiera cerrar bien la puerta.

Manejaba como loca, esquivando autos, semáforos, peatones.

Iba hecha un mar de gritos silenciosos.
El corazón me latía como si fuera a salirse del pecho.

¡ÉL NO PODÍA MORIR!

¡NO MI CHRIS!

Marcaba al asistente una y otra vez.

—¿Hola? ¡Soy Kylie! ¿En qué hospital está Chris?

—Hospital Mount Sinai, piso premier... —respondió, serio—. Gracias por venir.

No necesitó decir más.

[......]

Llegué veinte minutos después.

Todo Manhattan parecía haberse reunido frente al hospital.

Paparazzis. Camarógrafos. Fans. Curiosos.
Gritaban mi nombre.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora