Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
—¡Listo y queda! —anunció el director con tono satisfecho.
Me aparté de encima de la actriz con un suspiro.
—Estoy cansado —murmuré mientras me ponía una bata.
—Buena esa, Evans —dijo ella, cubriéndose también con indiferencia, como si acabáramos de firmar un contrato más.
Le dediqué una sonrisa mecánica. Las sonrisas se me daban bien. Mentir con la boca era mi especialidad.
Me dirigí a mi camerino, me vestí con rapidez y pasé por mi cheque, otro más.
Otro número alto por otra escena vacía.
Dinero fácil para un cuerpo entrenado y una reputación construida sobre sexo.
Regresé a casa en silencio.
A veces, después de una jornada como esta, me invadía el vacío.
No por culpa, sino por ausencia. Por la soledad que se sentía más fuerte cada vez que cerraba la puerta de mi departamento.
Tenía todo lo que la mayoría soñaba: Fama, mujeres, dinero, libertad. Y aun así, había noches en las que me sentía como el último hombre en la tierra.
Abrí la ventana. El paisaje de Nueva York, desde lo alto, era impresionante.
Luces infinitas. Ventanas con historias dentro. Y ninguna era mía.
A veces me imaginaba con una familia.
Una mujer que me amara de verdad. Un hogar donde nadie me aplaudiera por fingir placer.
Pero eso era imposible para alguien como yo.
Soy Chris Evans. Soy la estrella.
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El ídolo sexual. El que todos desean... Y al que nadie realmente conoce.
KYLIE JENNER
La despedida más difícil de mi vida acababa de suceder.
Me abrazaron con amor. Me desearon suerte. Y yo... les mentí en la cara.
Hoy volaba a Nueva York para comenzar la vida que había elegido a la fuerza.
La vida que había comprado con desesperación. La vida que jamás quise tener.
Inventé una historia hermosa: "Me ofrecieron un trabajo como asistente de presidencia. Es una gran oportunidad." Mi madre me creyó. Mi padre sonrió desde su silla de ruedas, aún débil, aún luchando.
Yo era su orgullo... y también su mentira.
Al entrar a la sala de abordaje, sentí que algo dentro de mí se rompía.
Mi pecho se apretaba, mi cuerpo temblaba. Cuando el avión despegó, lloré. Lloré como una niña.
No por miedo a volar. Sino porque sabía que estaba volando hacia el infierno.
[......]
Llegar a Nueva York fue surreal.
Todo parecía tan nuevo, tan frío, tan distante.
Tenía un pequeño departamento semi amueblado que había rentado por internet.
Tenía vista a la ciudad, esas ventanas enormes del suelo al techo que ves en las películas.
Y aun así, me sentía como si viviera en una caja de cristal, atrapada, sola, temblando.
Me dije a mí misma que esto sería temporal.
Que ahorraría, que compraría un departamento propio. Que invertiría. Que saldría.
Me mentí a mí misma... como lo había hecho con mis padres.
[.....]
Y entonces llegó el día.
Mi primer video oficial.
Me dolía la cabeza de los nervios.
Mi cuerpo aún cargaba el trauma del día en que me abusaron durante "una prueba".
Pero ahora todo sería "profesional". Todo estaba guionado. Todo estaba fríamente calculado.
Esta vez sí me habían dado un libreto.
Sexo lento al inicio, agresivo al final. Mi papel: una oficial de policía. El escenario: un arresto que se convertía en dominación.
Me vestí con la minifalda ridículamente corta y la blusa ajustada que me dieron.
No parecía una policía. Parecía una fantasía. Una burla.
Caminé hacia el set. El director me guiñó un ojo. Las luces se encendieron.
Y comenzó.
Ese video lo cambió todo. Me convertí en la actriz sensación. Mi nombre artístico, Lie J, comenzó a sonar por todos lados. Me llamaron de revistas, me ofrecieron contratos millonarios.
Salí en Playboy. Fui portada. La nueva "estrella del porno".
Y sin embargo... Me hundí.
Con ese video llegó el supuesto éxito. Pero también llegaron las noches sin dormir. Las crisis de ansiedad. La depresión. Las ganas de gritar y no poder decirle a nadie lo que en realidad sentía.
Porque sí... me veían como una diosa sexual. Pero nadie veía a la chica rota, rota en cada escena, en cada gemido fingido, en cada momento donde deseaba estar en cualquier otro lugar. Menos ahí.
Tenía dinero. Tenía fama. Pero no tenía paz.
Y nadie sabía... que la estrella más brillante del porno, estaba a punto de apagarse.