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Kylie

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Kylie

Despedíamos a los invitados, entre sonrisas, copas vacías y pétalos marchitos en el suelo.

El aire aún olía a rosas.

Ya solo quedábamos nosotros y Stassie, que nos observaba con una sonrisa maliciosa mientras Kiara, en sus brazos, mordía uno de sus dedos juguetonamente.

—¿Quieren que me la lleve para que celebren tranquilos? —dijo arqueando una ceja, con toda la intención del mundo.

—No... —respondió Chris de inmediato, tomándola en brazos como si fuera oro puro.

—Esperaremos —dije riendo suavemente, aunque mis piernas pedían cama y mi cuerpo lo pedía a él.

—Muchas felicidades, chicos. Los quiero tanto...

Nos despedimos de ella con abrazos y promesas de vernos pronto.

Kiara seguía riendo. Inquieta. Hermosa. Despierta.

—No quiere dormir... —dije tomándola en brazos, rendida.

Me saqué uno de mis pechos y comencé a darle de comer.

No había nada como esa conexión con ella.
Ni siquiera el agotamiento podía romperla.

—Duérmete, duérmete... —murmuraba Chris, besando su frente con ternura—. Dale chance a papá...

Pero Kiara solo reía con el pezón en la boca.

Literalmente estuvimos despiertos hasta las cuatro de la mañana.

Chris dormía a ratos.
Yo la arrullaba, con los ojos ardiendo.

—Kylie... —me dijo de pronto, medio dormido, empujándola con suavidad hacia mí—. No te salvas, ya se durmió...

Arqueé una ceja y la acosté con delicadeza en la cama.

Chris colocó las almohadas a su alrededor como si armara un muro de protección.

Salimos del cuarto.

—Pensé que jamás se dormiría... —susurró detrás de mí.

—Y yo pensé que tú estabas dormido...

—Estaba guardando energía —dijo con una sonrisa cómplice.

Bajamos a la planta baja.

Las rosas seguían ahí, testigos mudos de una noche que parecía no tener fin.

Sus pétalos se mezclaban con la luz tenue de la madrugada.

—Esto es hermoso... —dije girándome para ver el ambiente.

—Tú eres más hermosa —susurró él, abrazándome por detrás, empujándome con deseo hacia su cuerpo.

Lo tiré sobre el sillón y comenzó a desnudarse.

Sin apuro. Sin vergüenza. Con la seguridad que solo el amor puede dar.

Christopher se quitó todo.

Yo fui por el monitor de bebé.
Nuestra nueva rutina.
Hacer el amor sin dejar de ser padres.

Éramos eso ahora: una familia. Un hogar. Una historia que se escribe sin censura.

Me puse frente a él.
Lo observé de pies a cabeza.

Christopher comenzó a masturbarse mientras yo me desnudaba lentamente.

Nuestros ojos no se despegaban.

—Eso es mío... —dije poniéndome en cuclillas frente a él.

Él mordió su labio inferior.
Arqueó una ceja, excitado.

—Tienes el mejor y más bonito pene que he visto en mi vida... —susurré mientras pasaba la lengua por la punta.

No mentía.
No solo por lo físico, sino por lo simbólico.

Ese cuerpo... lo había visto todo.

Lo tomé entero en mi boca.
Lo metí hasta lo más profundo de mi garganta.
Ya no me ahogaba.

Él gemía como loco.

Yo lo masturbaba con mis senos, sincronizados con mi boca, con mi respiración.

—Cállate... la niña —dije alzando la mirada.

Se cubrió la boca, rojo, tratando de contenerse.

Hasta que se vino.
En mi boca.
Lo lamí con calma. Tragué.

Y lo besé.
Porque nada en él me daba asco.

—Condón —dije al separarme.

Él asintió, sorprendido.

—¿Condón?

—No quiero otro bebé... no ahora. El parto dolió demasiado. No estoy lista.

Asintió. Me amaba.
Me respetaba.
Jamás me forzaría.

Corrí a por uno y se lo coloqué con delicadeza.
No habíamos usado protección desde que dejó la industria.
Pero ahora sí.

—No quiero embarazarme cada año —dije entre risas.

Me subí sobre él y comencé a brincar, sintiéndolo profundamente dentro de mí.

El placer era real. No se trataba solo de sexo.
Era alma. Era vida.
Era nuestra forma de sobrevivir a todo.

Chris me recostó sobre el sillón, se colocó encima y siguió penetrándome con fuerza, con intensidad. Pero también con amor.

Y así continuamos.
Hasta que el sol salió...
Y Kiara despertó con un pequeño llanto.

Y fue perfecto.

[......]

Tan solo una semana bastó para que Christopher y yo nos casáramos.

Nada de vestidos gigantes ni ceremonias religiosas.

Solo lo legal. Solo nosotros. Solo amor.

Él había cumplido todos mis sueños.

Me hizo madre.
Me hizo sentir segura.
Me enseñó que incluso después del infierno... podía haber paraíso.

Ahora sí.
Soy Kylie Jenner.
Señora de Evans.

Y mi vida era perfecta.

¿Qué podría salir mal...?

?

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Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora