La fiesta terminó.
Pero no como imaginé. No como soñé.
No con lágrimas de felicidad.
Sino con una herida abierta.
Una grieta más en esta relación que, a veces, siento que construimos sobre ruinas.
Me alejé de Chris todo el tiempo.
Él tampoco hizo mucho por acercarse.
Se le notaba el enojo en los gestos, en la forma brusca en la que respiraba, como si cada exhalación fuera un reclamo que no se atrevía a decirme.
Cuando los invitados comenzaron a retirarse, sentí un vacío que me apretaba el pecho.
Se suponía que debía ser un día hermoso.
Se suponía que era el día de nuestra hija.
Pero terminó siendo un recordatorio de que el pasado de Chris aún tenía demasiado poder en nuestro presente.
—Vamos —dijo Chris con voz seca, detrás de mí.
—Nos vemos, Stassie. Te quiero —le dije a mi amiga mientras la abrazaba con fuerza.
—Cuídate... y cuídala —respondió ella con una mirada preocupada.
No respondí.
Caminé hasta el auto. Ni siquiera volteé a ver si Chris venía detrás.
Me abrió la puerta sin decir nada.
El silencio en el auto pesaba como si estuviéramos enterrando algo.
El amor. La paciencia. La promesa de ser uno solo.
[.....]
Bajé del auto y estrellé la puerta.
La frustración hervía dentro de mí como si mis hormonas fueran volcanes a punto de estallar.
—¿Podemos hablar? —dijo Chris, con un tono menos agresivo.
—No —contesté, subiendo las escaleras sin mirarlo.
—Kylie... —intentó otra vez.
Me encerré en el baño.
Me metí bajo el agua caliente. Como si pudiera limpiar la rabia. Como si pudiera arrancarme el dolor.
Cuando salí, Chris también estaba recién bañado.
Tenía una toalla en la cintura, el cabello mojado, los ojos más apagados de lo normal.
—¿Podemos hablar? —insistió.
—Voy a dormir.
Él bufó. Salió sin decir nada más.
[.....]
Pasaron días.
Días donde el orgullo dormía entre nosotros.
Días donde la distancia se volvió una rutina más.
Ya no éramos Chris y Kylie.
Éramos dos desconocidos compartiendo un techo... y una hija a punto de nacer.
Yo leía un libro.
Él tecleaba en su computadora.
La casa estaba en silencio, pero era un silencio enfermo. Cargado.
Como una bomba esperando ser detonada.
—¿Quieres agua? —preguntó, sin mirarme.
—No, gracias.
Rodó los ojos y se fue.
Y entonces sentí un pequeño calambre.
Luego otro.
Una presión extraña en la parte baja del abdomen.
Un movimiento. Una sacudida dentro de mí.
—Kiara... —dije, llevándome las manos al vientre.
Me puse de pie.
Caminar me ayudaba a calmarme, pero esta vez el dolor era distinto.
Más profundo.
Chris entró justo en ese momento.
—¿Qué sucede?
—Me duele —contesté, caminando de un lado a otro.
Mi mente entró en pánico.
Nada estaba listo. ¡Nada!
Yo quería parir en casa, tener a mi hija en nuestro hogar, en un ambiente cálido.
Pero no ahora. No así.
Llamé desesperada a María, la mujer que nos acompañaría en el parto.
—Hola, ¿María? Soy Kylie Jenner...
—¿Todo bien?
—Siento mucho dolor. Pulsaciones. Como cólicos.
—¡Estás dilatando, Kylie! El parto comenzó.
Qué.
—Estoy muy lejos, pero voy en camino —añadió ella.
—¿Y qué hago? ¿Qué hago ahora?
—Necesitas inducir el parto... Con relaciones sexuales.
—¿Qué?
—Eso puede acelerar la dilatación. Confía en mí. Hazlo si puedes. ¡Voy para allá!
Colgué.
Volteé a ver a Chris.
Él también me miraba, petrificado.
—¿Qué? —dijo levantándose.
Tragué saliva. El orgullo dolía más que las contracciones.
—Tenemos que tener sexo —dije seria, con la voz trémula.
—¿Qué? ¿Estás jugando?
—Para inducir el parto. Kiara ya viene. ¡Ahora!
Chris abrió los ojos como platos.
Yo tampoco podía creer que lo estaba diciendo.
Estábamos enojados. Fracturados.
Pero nuestra hija estaba llamando.
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Pornstar Love
Fiksi PenggemarDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
