Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Decir que era feliz sería... incompleto. Tenía todo lo que alguna vez soñé. Una casa hermosa. Libertad. Y al hombre que siempre amé.
Chris.
Chris era mi todo.
Habíamos sobrevivido al infierno. Juntos.
Y ahora, un año después, estaba celebrando mi cumpleaños entre sus brazos, sudando, gimiendo, perdiéndome en la única cosa que aún nos mantenía unidos sin palabras: el sexo.
—Cójeme hasta las entrañas... —le susurré, temblando entre deseo y ansiedad.
—Lo que mi reina pida y mande... —respondió con una sonrisa traviesa, antes de besar mi trasero con devoción.
Se posicionó detrás de mí, sujetando mis caderas con firmeza.
Y sin pensarlo demasiado, me penetró con fuerza. Mi cuerpo se arqueó. Mis labios soltaron un gemido ahogado.
—DAME MÁSSSS, CHRISTOPHER... —grité, mordiendo la almohada mientras su pelvis chocaba violentamente contra mí.
Sus manos viajaban por mi espalda, su sudor caía sobre mi piel caliente.
Sus gemidos eran graves, sinceros, sexuales.
Era nuestro lenguaje secreto. El único que nos hacía olvidar todo.
—Más lento... —susurré, escondiendo mi cara en la almohada.
Me dolía. Pero no podía decírselo.
¿Cómo decirle que a veces me sentía un objeto... incluso con él?
—¿Te duele? —preguntó, deteniéndose de inmediato.
Asentí.
Chris salió de mí con delicadeza, mirándome con culpa.
—¿Mucho?
—No... Solo sentí una pequeña molestia... —mentí.
Él acarició mi mejilla con ternura.
—Es que ya he usado mucho tu trasero. Es hora de cambiar. —bromeó, como si eso lo aliviara.
Me obligué a reír.
—Es que fuiste rudo de más...
—Seré menos rudo por ahí... —dijo antes de meter su dedo índice en mi boca.
Lo succioné, como me enseñaron. Como me entrenaron. Como me acostumbré a hacerlo.
Y después, sin más palabras, hicimos el amor de nuevo.
Vaginal.
Conectados.
Falsamente completos.
[......]
Más tarde...
Yo seguía en la cama, envuelta en su olor.
Él bajó las escaleras, semivestido, arreglándose para otro día de trabajo.
—¿Comerás? —pregunté con voz baja.
—No, amor. Tengo llamado a las diez. Estoy tarde..
"Llamado".
Una palabra que para mí significaba mucho más.
Era el recordatorio de que no lo compartía solo con el mundo.
Lo compartía con otras mujeres. Con otras pieles. Con otras bocas. Con otras manos.
—Okay... —dije, fingiendo una sonrisa.
—Nos vemos. Te amo. —me besó la frente, como si eso bastara.
Y se fue.
Y ahí quedé yo. En la cocina. Sola. Vacía. En silencio.
No lloré. No podía.
Hace un año dejé el porno. Chris pagó mi salida. Y desde entonces, solo tengo sexo con él.
Exclusiva. Solo para él.
Pero él no es solo para mí.
Y eso me está matando lentamente.
A veces me miro al espejo y me pregunto: ¿Cuándo dejé de ser actriz porno para convertirme en una mujer que finge que está bien?
Fingí tanto en mi trabajo, que ahora finjo en mi vida. Finjo que entiendo. Que no me molesta. Que soy madura. Que soy "la ex actriz porno que ahora vive feliz con su pareja estrella porno".
Pero por dentro... por dentro me estoy desmoronando.
Ya no me gusta lo que hace. Me duele. Me carcome.
Veo sus escenas en internet. Y aunque intento evitarlo, a veces me gana la ansiedad. Y las veo. Y comparo. Y me odio.
Lo veo gemir con otras. Lo veo besarlas. Lo veo penetrarlas. Lo veo acabar en ellas.
Y lo peor... es que sigue siendo él. Mi Chris. Mi amor. Mi hogar.
Pero no lo tengo solo para mí. Y no sé cómo pedirle que se detenga.
Porque sé lo que cuesta salir. Porque sé cuánto duele perder contratos. Porque sé lo difícil que fue mi propia libertad.
Quiero casarme. Tener hijos. Dormir todas las noches sabiendo que el cuerpo de mi esposo no estará al día siguiente en otro set, con otra mujer. Quiero que sea solo mío.
Pero ¿cómo lo pido? ¿Cómo le digo que me duele?
¿Soy egoísta? ¿Soy hipócrita?
¿O simplemente estoy rota?
No sé qué hacer. Pero ya no puedo callarlo más.
Estoy empezando a odiar lo que alguna vez amé.
Y me estoy empezando a odiar a mí, por seguir atrapada en una vida que ya no quiero vivir.