77

1.4K 77 1
                                        

KYLIE

Estaba totalmente en shock.

Congelada por dentro.

Mis manos temblaban, y mi corazón latía tan fuerte que me dolía el pecho.

Las palabras de Chris aún resonaban en mis oídos:

"Ya no más porno para mí. Quiero vivir tranquilamente al lado de la mujer que amo."

La ovación en la sala fue atronadora.

Todos se levantaron a aplaudir, cámaras, flashes, gente que fingía entender la profundidad de lo que acababa de pasar.

Pero nadie, absolutamente nadie, sabía la verdad detrás de ese anuncio.

Nadie sabía lo que costó llegar ahí.

Chris bajó del escenario, con el premio entre las manos, y sin decir palabra, me abrazó con toda su alma.

Un abrazo que hablaba más que cualquier discurso.
Un abrazo de despedida a su pasado.

Era un beso de liberación.
De amor puro.
De renacimiento.

—Te amo tanto... —susurré entre lágrimas, incapaz de contener la emoción— Eres el amor de mi vida, Chris. El mejor hombre que he conocido..

Él me miró con esos ojos celestes que ahora brillaban distinto.

—Tú me haces ser mejor... tú me diste la razón para quedarme en este mundo...

Y lo abracé tan fuerte que sentí su alma pegada a la mía.

Ya no tenía dudas.

Éramos almas que habían nacido para encontrarse, a pesar del infierno.

[.....]

Horas después, nos alejamos de la ciudad.

Chris me llevó a una laguna escondida, a las afueras de Nueva York.

Un lugar mágico que había conocido durante su rehabilitación, donde aprendió a respirar otra vez.

Ahora quería compartirlo conmigo.

Nos recostamos sobre el cofre del auto.

El cielo estaba cubierto de estrellas.

Los árboles crujían con el viento, y el agua de la laguna susurraba calma.

Yo me acomodé sobre él.

Sentía su respiración en mi cuello, su pecho caliente contra mi espalda.

Me abrazaba como si todavía tuviera miedo de que desapareciera.

—¿Estás seguro de esto? —pregunté, acariciando su mano que me rodeaba la cintura.

—Más que seguro, —respondió en voz baja, — Lo hago porque lo deseo. No porque me obligue. Ya no necesito hacer porno, Kylie. No quiero. Ya no tengo que demostrarle nada a nadie. Solo quiero estar contigo. Hacer el amor contigo. Vivir contigo. Y que el resto del mundo se vaya al carajo..

Se inclinó y me mordió suavemente la oreja.

Yo cerré los ojos y me estremecí.

—Me hace feliz que seas solo mío, —le susurré— Solo yo y nadie más. Solo amor, sin cámaras. Sin guiones..

—Y yo encantado de ser solo tuyo, —susurró mientras su mano descendía de mi cintura hasta mi muslo.

Me giré para mirarlo.

Sus pupilas estaban dilatadas, pero no por drogas.
Por amor. Por deseo real.

—Ese vestido... —dijo bajando la mirada— No tienes idea de lo bien que te ves. Juro que me dan ganas de arrancártelo con los dientes..

—Jamás lo había usado. Me alegra escuchar eso... estaba insegura. —sonreí con timidez.

—Gran elección... —murmuró mientras su erección se marcaba contra mi espalda.

Yo comencé a mover mis caderas sobre él, lentamente, simulando que lo hacía mío desde atrás.

Lo provocaba.
Sí.

Lo provocaba como mujer enamorada.

Como una sobreviviente que volvía a tocar su cuerpo sin culpa.

Chris jadeó cerca de mi cuello, y su mano se deslizó por mi entrepierna.

—Quiero hacerte el amor, no como antes. Quiero hacerlo como un hombre que encontró la paz... dentro de ti..

Yo me di la vuelta y lo miré a los ojos.

Vi a un hombre marcado por su pasado, pero no controlado por él.

Un hombre que había sido víctima y verdugo...
Y ahora era solo humano.

Nos besamos.
Lento, profundo, salvaje.
Con hambre.
Con ternura.
Con cicatrices.

Me subí sobre él, en el capó del auto.

Mi vestido ya estaba levantado.
Mis bragas, en su mano.

—Hazme tuya... solo tuya, —le rogué.

Chris bajó la cabeza y empezó a besar mis pechos, suaves, temblorosos, con devoción.

Sus manos, expertas por oficio, ahora se movían con amor, no con mecánica.

Y cuando sus dedos entraron en mí, fue como volver a casa.

—Quiero sentirte... completo, —dije entre gemidos.

—Tú eres mi redención, —murmuró.

Se desabrochó los pantalones.
Nos miramos.
Y nos fundimos.

Mi cuerpo tembló al recibirlo.
Y al mismo tiempo, mi alma lloró.

Porque esto no era sexo.
Esto era reparación.
Era amor.
Era paz.
Era vida.

Hicimos el amor al ritmo del viento y de nuestras respiraciones entrecortadas.

Chris se vino dentro de mí, con un suspiro contenido, como si se liberara de toda una vida de cadenas.

Y al terminar, no dijo nada.

Solo me abrazó fuerte, tan fuerte como si ese abrazo le diera sentido a todo su dolor.

—¿Estás bien? —le pregunté mientras aún estábamos entrelazados.

—Sí... por primera vez en años... estoy bien.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora