Chris
Salí de la casa como un alma que huye de sí misma.
No era solo dolor lo que sentía...
Era una condena.
Jamás me había sentido tan vacío, tan solo, tan culpable.
Había herido a la mujer que amo más que a mi vida.
Había contaminado nuestro hogar con mis secretos, mis errores, mi egoísmo.
Y el peso de todo eso... me estaba aplastando el alma.
Conducía sin rumbo, sin pensar, con el corazón reventado.
Quise morir. Lo pensé.
Una y otra vez.
Pero... no podía hacerlo.
No por mí.
Sino por ellos.
Por mis hijos. Por Kylie.
Si me iba, los dejaba rotos.
Y ya bastante daño les había causado.
Me orillé en una carretera desierta.
El motor seguía encendido, pero yo ya no estaba ahí.
Yo ya no era yo.
Apoyé la frente contra el volante mientras las lágrimas se desbordaban como un río.
¿Para qué perderlo todo... si lo tenía todo?
Una familia hermosa.
Un amor verdadero.
Una vida que alguna vez soñé.
¿Para qué carajos dejarlo ir?
Y aún así, lo estaba echando todo a perder...
La culpa me estrangulaba.
[.....]
Me fui a un bar en lo más bajo de la ciudad.
No quería cámaras. No quería ojos.
Solo quería desaparecer.
—Dame una botella de whisky —le dije al barman con la voz muerta.
No me preguntó nada. No hacía falta.
El dolor se me notaba hasta en el alma.
Salí con la botella y me encerré en el auto.
Le di un trago como si el alcohol pudiera lavarme por dentro.
No lo hacía.
Recosté la cabeza sobre el volante y cerré los ojos.
Los recuerdos me azotaban sin piedad:
Kylie sonriendo, los primeros pasos de Liam, el "papá" tembloroso de Kiara...
Y luego, mis errores, mis mentiras, mi adicción, mis noches oculto tras la pantalla.
No quería pensar. Solo quería silencio. Paz. Nada.
Conduje hasta donde el tipo que me vendía la marihuana.
Mi dealer. Mi sombra.
—Chris, hola amigo... —dijo con familiaridad, dándome la mano.
—Hola —respondí como un autómata.
—¿Ya se te acabó?
—Sí. Dámelo todo otra vez.
—¿Qué más necesitas?
—¿Qué tienes?
—Cocaína. Heroína. Metanfetaminas. Alucinógenos africanos... tengo de todo.
Me quedé callado.
Era como pararte frente a un precipicio sabiendo que, si das un paso, no hay vuelta atrás.
—Dame la coca, la heroína y la metanfetamina.
—¿Estás seguro?
Asentí.
Él me miró como se mira a alguien que ya está muerto por dentro.
[.....]
Regresé a casa.
Oculto entre los arbustos, donde solía fumar a escondidas.
La oscuridad de la madrugada me abrazaba.
Y yo sentía que me descomponía desde adentro.
Encendí un cigarro de marihuana.
El humo quemaba como mi culpa.
Vi las bolsas de droga sobre mis piernas.
Las manos me temblaban.
Era tentador. Asquerosamente tentador.
Quería escapar.
Desaparecer.
Olvidar.
Pero sabía que si cruzaba esa línea, ya no habría regreso.
Comencé a llorar con una desesperación que nunca antes había sentido.
Ya no eran lágrimas, eran gritos silenciosos de auxilio.
Y sin pensarlo más, tomé la bolsa de cocaína y la inhalé.
Todo mi cuerpo se encendió como si una chispa me hubiera incendiado desde el pecho.
El calor subía por mis venas.
Los latidos eran descontrolados.
La mente se me nubló.
Había vuelto.
Había recaído.
Y esta vez más fuerte.
¿Valía la pena todo esto?
No.
Pero en ese momento, no me importaba.
Estaba roto.
Y ya no sabía cómo reconstruirme.
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Pornstar Love
Fiksi PenggemarDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
