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El momento había llegado

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El momento había llegado.

Y mi cuerpo lo sabía antes que mi mente.

Las piernas me temblaban. Las manos sudaban.

Sentía como si el corazón me estuviera a punto de explotar.

Estaba de pie, frente a una enorme piscina de agua turquesa que parecía hermosa... si no fuera porque estaba rodeada de cámaras, micrófonos y miradas frías, profesionales, insensibles.

Hoy no era agua lo que me cubriría.

Sería el vacío.
El vacío de un rodaje más.
Otro video más.
Otra mentira grabada.
Otro pedazo de mí vendido al mundo.

—¿Por qué tan nerviosa? —dijo Henry detrás de mí, interrumpiendo el zumbido de mis pensamientos.

No me giré. Solo respondí.

—¿Por qué tú y Chris se odian?

Escuché su sonrisa antes que su voz.

—Porque soy mejor que él. Y él lo sabe.

Rodé los ojos. Me acomodé el bikini. Me ardía la piel. Me ardía el alma.

—Es pequeño —murmuró de pronto Henry.

—¿Qué dijiste?

—El tamaño no importa... importa cómo lo usas. ¿No lo sabías?

No respondí.
No quería saber más.
No quería estar ahí.

Pero no podía irme.

[.....]

—Bien, ¿listos? —dijo el director.

"¿Listos?"
¿Cómo se está listo para desintegrarte lentamente frente a millones de personas?
¿Cómo se prepara una para fingir placer con alguien que ni siquiera te mira a los ojos cuando apagan la cámara?

Mi corazón latía con fuerza, como si estuviera rogándome que no lo hiciera.

—Primero haremos unas tomas de Kylie caminando a la orilla de la alberca —ordenó el director.

Acomodé mi cabello, dibujé una sonrisa vacía, de esas que ya me salen por instinto.

—Acción.

Caminé. Sensual. Lenta. Como si estuviera seduciendo el agua.

—Enfoca de sus pies a su rostro —indicó el director.

—Es hermosa... de pies a cabeza —murmuró Henry.

Lo ignoré. Yo ya no estaba ahí.

Solo estaba mi cuerpo. Mi máscara.

—Tócate los pechos, Kylie.

Lo hice.
Como autómata.
Sin pensar. Sin sentir.

—Camina hacia Henry y siéntate en sus piernas..

Obedecí. Porque no podía hacer otra cosa.

Porque no me habían dejado opción desde que firmé aquel contrato con letras pequeñas y consecuencias enormes.

Me senté. La piel de Henry era cálida.
Y me repugnaba. No por él, sino porque mi cuerpo ya no era mío.

Era un objeto de consumo. Una carne rentable.

—Entrégale el aceite. Henry, espárcelo por su espalda y desabróchale el bra..

El olor del aceite era fuerte. Me mareaba.

Sentí sus manos recorrerme la espalda.

Cada centímetro de piel parecía arder bajo sus dedos.

Mi sostén cayó al suelo.
Y con él, una parte más de lo poco que me quedaba.

—Ahora toca sus pechos, juega con ellos. Kylie, finge que te excita. Que lo disfrutas..

Lo hizo.
Lo hice.
Y morí un poco más por dentro.

La voz del director sonaba como una sentencia:

—Date la vuelta y bésalo, Kylie. Rodea sus caderas con tus piernas.

Me giré lentamente.
Me senté sobre él. Lo besé.
Un beso sin alma, sin intención.
Un beso falso que será cortado, editado, vendido como real.

—Ahora Henry, sin dejar de besarla, recuéstala. Hazle un masaje en los pies. Bésalos. Juega con ellos..

¿Mis pies?
¿Qué tiene esta industria con los pies?

Henry me recostó.
Yo dejé que lo hiciera.
No tenía opción.
Mientras él bajaba hasta mis pies, mis ojos se llenaron de lágrimas contenidas.

No era placer. Era resignación.

Y entonces la orden final:

—Kylie, con tus pies, acaricia su pene. Bájale el traje de baño. Después te acercas y...

No terminé de escuchar.

Lo hice. Automáticamente.

Mi pie bajó hasta su entrepierna.
Lo acaricié por encima de la tela.
Luego bajé el traje.

Y ahí, en el absurdo de la situación, en medio de la piscina, rodeada de cámaras y luces, mi mente se quebró.

Porque ni siquiera eso tenía sentido.

Porque incluso el cuerpo más perfecto y el rostro más deseado pueden esconder vacíos.

Porque no era su tamaño, ni su cara, ni su fama...

Era yo.
Era el hecho de estar ahí sin querer estarlo.
Era la ausencia de mi voluntad.
Era la venta de mi alma disfrazada de orgasmo.

Y entonces me detuve.

En medio de la escena.
En silencio.
Con todos esperando que siguiera.

Y por primera vez, quise decir "no".

Quise gritar.
Quise llorar.
Quise salir corriendo.

Pero no lo hice.
Porque la cámara seguía rodando.
Y porque si decía que no... probablemente lo perdería todo.

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