Regrese.
Entré a la cocina con una sonrisa forzada, intentando salvar lo poco que quedaba de dignidad.
Abracé a Chris por la espalda con delicadeza, como si con ese simple gesto pudiera recordarle quién soy para él.
Su madre lo notó.
Rodeó los ojos, sin disimular.
Ni una pizca de cortesía. Ni un mínimo de respeto.
El silencio era sofocante.
Ni Chris decía nada.
Ni la señora que se creía dueña de su hijo.
—¿Qué va a preparar? —pregunté fingiendo una sonrisa amable.
—Comida para mi hijo —respondió, como si "mi hijo" fuera un objeto exclusivo, como si yo fuera una intrusa indeseable.
—¿Le ayudo en algo? —insistí, porque así me enseñaron: a ser servicial, incluso con quien no me quiere cerca.
—No —soltó, tajante, para luego girarse y darnos la espalda como si ya no existiera.
Volteé a ver a Chris.
Él solo elevó los hombros, como un niño que no sabe cómo defenderse.
¿Eso era todo? ¿Eso era TODO lo que podía hacer por mí?
—Bueno... estaré en el cuarto —dije en voz baja, pero con el alma hecha pedazos.
—Descansa, mi amor... —respondió él.
Me acerqué para besarlo en los labios... y me giró la cara.
Me besó en la mejilla.
Me negó. Como si me avergonzara.
Como si ya no fuera digna de su amor.
Me quedé inmóvil.
Sintiendo cómo mi cuerpo hervía por dentro.
Subí a la habitación y cerré la puerta con fuerza.
Mi corazón golpeaba en el pecho como si quisiera salir huyendo de mi cuerpo.
Sí, era su madre.
Sí, tal vez no la había visto en mucho tiempo.
Pero, ¿y yo? ¿Qué era yo? ¿Una sombra? ¿Un accesorio? ¿Una muñeca de carne y labios callados?
La señora me odiaba. Eso era evidente.
Me despreciaba con cada mirada, con cada palabra pasivo-agresiva, con cada vez que me ignoraba como si fuera basura.
Y Chris... Chris no hizo nada.
Y lo peor, fue que me negó un beso.
[.....]
Anocheció. Me dormí por el cansancio emocional.
Pero el peso de Chris en la cama me despertó.
Lo miré.
Estaba acostado a mi lado, como si todo fuera normal.
—Es mi mamá —dijo sin que yo dijera una sola palabra.
Me senté. Lo miré con los ojos llenos de rabia y dolor.
—¿Por qué dejas que hable mierda de mí, Chris? ¡Ni siquiera me conoce!
—Perdón, Kylie, pero no puedo decirle nada a mi mamá...
—¿¿¿Es neta??? —dije cruzándome de brazos, conteniendo las lágrimas.
Él no contestó. Su silencio me taladraba el alma.
—¡También me negaste un beso!
—A mi mamá no le gustan las muestras de afecto...
—¡No seas ridículo, Christopher! ¡Ya no eres un niño!
—Lo siento, de verdad lo siento... pero necesito que comprendas la atención que debo darle a mi madre
—¿¡Y así es como decidiste pasar el primer día en NUESTRA casa!? —dije con la voz rota.
Él se acercó.
—Ven, no te enojes...
—¿¡Cómo no quieres que me enoje!? ¿¡Viste cómo me trata esa bruja!? ¡Y tú no hiciste NADA!
—Vamos, Kylie, no la veo a diario...
—¡¿Y eso qué?! ¿¡Eso le da el derecho de venir a mi casa a tratarme como una cualquiera!?
—Solo ignórala, por favor... vamos a pasarla bien...
—¿¡Y ni siquiera me avisaste que vendría!? ¡¿Qué clase de respeto es ese!?
Chris rodó los ojos y negó con la cabeza.
Y entonces, lo grité.
—¡Y LO QUE MÁS ODIÉ FUE QUE ME NEGARAS UN MALDITO BESO!
—No grites, por favor... no te pongas así...
—¡No me digas cómo sentirme, carajo! ¡NO PUEDO EVITARLO!
—Es que no entiendo...
—¡TU MALDITA MADRE ES EL PROBLEMA!
—¡Kylie! —dijo él, molesto, alzando la voz por primera vez.
—¿¡Crees que no escuché toda la mierda que dijo de mí!? ¡Hasta en el maldito cuarto se escuchaba!
—Perdónala...
—¡No la justifiques! ¡NO LA JUSTIFIQUES, CHRISTOPHER! ¡Y LÁRGATE CON ELLA SI TANTO LA QUIERES!
Se puso de pie. Intentó abrazarme.
—Vamos, amor... —dijo riendo nervioso, como si todo fuera un mal chiste.
—¡NO ME DA RISA! —grité, apartándolo de un empujón—. Me da rabia, me da coraje... me hace sentir como si nunca fuera suficiente para nadie
—Es mi mamá... solo ignórala...
—¡SOY TU NOVIA, MALDITA SEA! ¡Y NO ME DISTE MI LUGAR!
—Kylie, por Dios...
—¡VETE CON ELLA! ¡DUERME CON ELLA! ¡ES MÁS, CHÚPALE LA VAGINA A ELLA TAMBIÉN! —grité con toda la furia acumulada de años.
Lo empujé fuera de la habitación.
La sangre me hervía.
Temblaba. No solo de rabia... también de tristeza.
Estaba harta.
Harta de callar.
Harta de fingir.
Harta de ser la que siempre debe comprender, soportar y aguantar.
Me senté al borde de la cama.
Respirando agitada.
Las lágrimas comenzaron a caer, una tras otra, como si finalmente hubieran encontrado permiso para salir.
¿Qué hacía ahí?
¿Era eso libertad?
¿Ese era el hogar que tanto soñé?
Me di cuenta de algo desgarrador:
Tal vez los verdaderos barrotes no están en la industria, sino en las personas que te prometen amor y te niegan en público.
Y en ese momento, supe que la pelea apenas comenzaba.
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
أدب الهواةDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
