Subí a mi auto con la respiración cortada, como si el pecho me ardiera por dentro.
Mis manos temblaban sobre el volante.
Volteé con la última esperanza de que él... de que Christopher saliera.
Pero no salió.
NO SALIÓ.
Ni una sombra, ni un grito desde la puerta.
Solo el eco del portazo que yo misma había dado.
¿Lo dijo en serio?
¿De verdad había dicho que si cruzaba esa puerta, todo acabaría?
¿Y me dejó cruzarla?
Ahí entendí que no importaba cuánto lo amara, cuánto sacrificara por él... él no iba a pelear por mí.
No cuando su madre estaba de por medio.
Con su madre, yo no existía.
Desconocí a Chris en un solo día.
El hombre que me abrazaba por las noches, que me prometía felicidad, que decía que yo era su todo...
desapareció.
Mis lágrimas salían como una cascada sin control.
Golpeé el volante una, dos, tres veces, grité como una loca.
Era rabia, era impotencia, era decepción.
Salí enfurecida.
Sin rumbo fijo, con el corazón hecho trizas.
[.....]
Llegué a mi departamento con la cara empapada, el maquillaje corrido, las manos sudadas.
La ciudad se veía tan ajena desde el parabrisas empañado.
Era como si todo siguiera igual, excepto yo.
Apenas cerré la puerta, me dejé caer al suelo, abrazando mis piernas.
El silencio dolía.
La soledad me abrazaba más que cualquier humano.
Y en medio del colapso emocional...
Comencé a archivar nuestras fotos de Instagram.
Una por una.
Nuestros viajes.
Las cenas.
Las caricias.
Los "te amo".
Eliminar no era suficiente.
Tenía que enterrar. Ocultar.
Fingir que nunca pasó.
Christopher Evans, maldito hijo de puta.
No quería ni escucharlo, ni verlo, ni recordarlo.
[.....]
—¿Podemos posponer la grabación del video? —dije al director, apenas con voz—. Me siento fatal. Nauseas, vómito... todo..
Él me observó con una mezcla de fastidio y comprensión.
—Bien, nos vemos la próxima semana, Kylie.
Otra reprogramación.
Otro desajuste en la agenda.
En esta industria, no hay espacio para estar mal.
No te puedes romper. No puedes enfermarte. Ni sentir.
Regresé a mi casa sintiéndome un trapo sucio.
Física y emocionalmente, me estaba cayendo a pedazos.
Las náuseas aumentaban.
El dolor de cabeza era punzante.
Llevaba dos días encerrada, en cama, sin poder comer, llorando sin fuerzas, con el cuerpo temblando.
Y Christopher... ni una puta llamada.
Hasta hoy.
[.....]
Tocaron la puerta.
—Señorita, aquí le traigo esto —dijo el chico, levantando un ramo de rosas rojas, gigantesco.
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
FanfictionDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
