74

1.4K 109 2
                                        

Kylie

Terminaba de empacar mis cosas.

Mis maletas abiertas eran un reflejo de mi corazón: desordenado, a punto de cerrarse y aún con demasiadas cosas sin resolver.

Me iba la próxima semana a Los Ángeles.

Un nuevo comienzo, una nueva vida... sin él.

Grandes cambios se aproximaban.

Sentía ese hormigueo en el pecho, mezcla de miedo, esperanza y resignación.

Solo quería ser feliz.
Y, por primera vez, quería ser feliz sola.

Cerré la maleta con fuerza y me obligué a salir.

El enorme parque frente al edificio parecía un cuadro triste:
las hojas caídas, el cielo cubierto de nubes que amenazaban con llover,
y las luces apagadas de los departamentos que me recordaban lo sola que estaba... o tal vez lo sola que había estado todo este tiempo, incluso cuando estaba con él.

Me senté en una banca.

El frío del metal se filtró por mis jeans, pero no me moví.

Miré al cielo gris.
Oscuro.
Infinito.

Estaba por llover.
Y dentro de mí, ya estaba lloviendo.

Sabía que al dejar Nueva York debía dejarlo todo atrás.

Y cuando decía todo, hablaba de todo.
La versión rota de mí.
La vida como pornstar que alguna vez acepté por desesperación.
Las humillaciones que soporté.
El dolor que guardé.
Y hasta al amor de mi vida.

Chris.

Me abracé los brazos y recosté la cabeza hacia atrás.

Ahora me tocaba enfocarme en mí.

Y sólo en mí.
No en cómo hacer feliz a otro.
No en salvar a alguien.
Sino en salvarme a mí.

Porque la felicidad, entendí a la fuerza, no llega en forma de un beso o una promesa de amor eterno.

Llega cuando te abrazas tú misma y decides no soltar tu mano nunca más.

Yo podía ser feliz.
Yo sola.
Podía tener una familia.
Podía cumplir mis sueños.
Y no necesitaba a nadie para darme valor.

Saqué mi celular.
Las 9 de la noche.
No había cenado, ni siquiera tenía hambre.

Mi alma estaba exhausta.

Las lágrimas comenzaron a salir sin pedir permiso.
Ni siquiera intenté detenerlas esta vez.

—Todo lo hice por ellos... —susurré, mirando mis propias manos.

Por mis padres.
Por su salud.
Por su bienestar.
Por su vida.
Me había vendido al mundo como un cuerpo.
Como un deseo.
Como una fantasía.

Y me vacié por dentro.

A veces me preguntaba si realmente alguien lo entendía.

Si sabían lo difícil que era vivir con esa culpa, con esa marca, con ese pasado.

Pero ahora quería dar vuelta a la página.
Empezar de cero.

Aunque doliera.
Aunque sangrara por dentro.

—Tú no mereces el dolor, Kylie —me dije en voz baja—. Pero sí mereces todo lo bonito. Todo.

Y fue en ese momento, entre la niebla de mis pensamientos y las lágrimas que nublaban mi vista, que lo escuché.

Una voz.
Esa voz.
Su voz.

—Quiero estar contigo toda la vida...

Mi corazón se detuvo.
Literalmente.
Por un instante, el mundo dejó de girar.
Las luces se apagaron.
Y sólo existía esa frase... y él.

Me puse de pie de golpe.

El aire se me fue a los pulmones como un golpe frío.

—Chris... —dije temblando—. No deberías estar aquí.

Estaba parado frente a mí, bajo la tenue luz del farol del parque.

Llevaba una chamarra oscura, jeans, y una expresión que me hizo añicos.

No estaba drogado.
No estaba ido.
Estaba él.
Mi Chris.
Ese hombre del que me enamoré.

—Tú eres mi rehabilitación... —dijo dando un paso hacia mí—. Siempre lo has sido..

Mi boca temblaba.
Quería correr, abrazarlo, llorar.
Pero mis pies no se movían.
El corazón me latía tan fuerte que sentía que se me iba a salir del pecho.

—Dejemos que este amor nos lleve a donde nos tenga que llevar —continuó—. No tengo todas las respuestas, pero sí sé algo: no quiero estar sin ti..

Me cubrí la boca con las manos.

Las lágrimas me recorrían como ríos desbordados.
Sacudí la cabeza, negándome, resistiendo, luchando contra todo lo que sentía.

Mis labios temblaban.
Mis rodillas flaqueaban.
Lo amaba tanto.

El silencio se hizo eterno entre los dos.

Sus ojos, llenos de verdad, chocaban contra los míos, llenos de miedo.

Y en ese silencio, algo dentro de mí se rindió.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora