Kylie
Obviamente no acepté las flores.
Eran de Henry Cavill.
Un tipo nefasto.
No era más que una sombra disfrazada de caballero.
Sabía sus malditas intenciones...
Sabía que lo que quería no era amor.
Era victoria.
Él quería ganarle a Chris.
Y yo jamás sería un trofeo de guerra.
Jamás en la vida le haría eso a mi Christopher.
Aunque ya no estuviéramos juntos.
Aunque estuviéramos rotos, distantes, destruidos.
Él seguía siendo el amor de mi vida.
El único que me tocó el alma como si fuera suya.
Chris
¿Cómo puede una ruptura destruirte tanto?
¿Cómo llegas a depender de una mujer hasta sentir que respiras por ella?
Nunca había amado así.
Nunca me había perdido así en alguien.
Y nunca me había dolido tanto perderla.
Kylie no era solo una mujer.
Era una diosa sin pretensión.
Era refugio.
Era verdad.
Y aunque ahora no estaba, la amaba más que nunca.
Porque fue tan valiente, tan madura...
Dejó ir al amor de su vida, no porque dejara de amarme, sino porque nuestros caminos eran incompatibles.
Ella quería un mundo que yo no podía darle.
Una vida sin cámaras, sin cuerpos vacíos, sin orgasmos ensayados.
Y yo... yo estaba atrapado en un sistema que me premiaba por degradarme.
Por vender mi cuerpo como si no tuviera alma.
Por fingir placer cuando lo único que sentía era vacío.
La amaba, sí...
Pero no podía arrastrarla conmigo al infierno.
[......]
—Oh... mierda —susurré después de inhalar la línea de cocaína sobre la mesa.
Mis manos temblaban.
Mi mandíbula apretada.
Mis ojos rojos.
Pero era lo único que me mantenía en pie.
Eso... y el sexo.
Era un puto adicto.
La ansiedad me devoraba por dentro.
Me temblaban las manos.
Tenía el corazón a mil.
Y la mente... llena de ella.
Me miré al espejo.
¿Quién carajo era este tipo?
Mi rostro seguía siendo atractivo, pero mis ojos...
Mis ojos estaban muertos.
Mordí mi labio inferior, con rabia.
Era un completo desastre, pero mi pene seguía funcionando.
Y eso me salvaba.
O eso me hacía creer esta industria.
El sexo se volvió mi única forma de sentir algo.
De fingir que no estaba completamente solo.
—¡En posiciones! —gritaron desde afuera.
Di un suspiro y salí del camerino.
London estaba allí, lista, en lencería, como si fuéramos pareja.
No lo éramos.
Nunca lo seríamos.
Y lo sabía.
Kylie la odiaba.
Yo también, en el fondo.
No por quién era, sino por lo que representaba:
Una vida que me estaba consumiendo.
[......]
—Corte —dijo el director con tono satisfecho.
—Excelente, Evans —susurró London, mordiéndose el labio inferior, intentando provocar algo en mí que no existía.
Me alejé.
El semen todavía goteaba.
Yo solo quería terminar.
Terminar con esta escena.
Con esta vida.
Corrí al camerino, con el alma en llamas.
Otra línea.
Otra mentira que me tragaba.
—Te espero en la noche... —murmuró London antes de irse.
Solo asentí.
Porque decir "no" ya no era una opción.
Porque ya no sabía cómo salir.
Porque esta industria no solo te paga.
Te encadena.
[......]
Kylie
—Salgamos, necesitas distraerte —insistía Stassie, una y otra vez.
—No —respondí sin mirarla, fingiendo estar entretenida en el celular.
Christopher.
Christopher.
Christopher.
Mi cabeza era un bucle con su nombre.
—¿Sabes? —dije de pronto, con una sonrisa triste— Tal vez esté loca, pero... ¿estaría mal pedirle su semen?
—¿Qué? ¿¡Para qué!? ¿Lo quieres para hacer mascarillas o qué? —dijo escandalizada.
—No... —reí suavemente, pero dolía— Quiero tener un bebé. Uno suyo. Aunque no esté conmigo, aunque no sepa ni lo que quiero. Solo... solo quiero que algo suyo siga conmigo.
—Estás loca —dijo tirándome una almohada.
Pero no era broma.
Mi infancia fue hermosa.
Padres que se amaban, una casa cálida, juguetes, risas.
Y por eso lo anhelaba tanto.
Ese tipo de amor.
Esa familia.
Con Chris...
Con Chris creí que lo tendría todo.
[......]
Contra todo pronóstico, acepté ir a la maldita fiesta.
Al llegar, el aire era denso.
Piel, alcohol, música y estrellas del porno en cada esquina.
Yo ya no pertenecía a ese mundo, pero estaba ahí.
Como un fantasma que volvió a su propia tumba.
Recorrí con la mirada el lugar.
Chicas jóvenes, apenas mayores de edad, maquilladas como muñecas, listas para "ser lanzadas".
Sus ojos brillaban.
No de emoción.
De miedo.
Yo conocía esa mirada.
Porque una vez, esos ojos eran los míos.
Yo firmé por necesidad.
No por placer.
No por fantasía.
Y ahora estaba aquí, de pie, viendo cómo otras caían en el mismo agujero del que yo aún no salía del todo.
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Pornstar Love
Hayran KurguDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
