Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
Sentí como si algo dentro de mí se rompiera con un estruendo mudo, seco, imposible de ignorar.
Era como si me hubieran golpeado directo al corazón.
—Kylie... —dijo Chris, saliendo de la regadera con el cuerpo aún mojado, el cabello pegado a la frente, la piel brillando bajo la luz.
Lo miré apenas un segundo y luego bajé la vista. No podía verlo. No quería verlo así.
Desnudo, perfecto, con el mismo cuerpo que luego estaría compartiendo con alguien más frente a una cámara.
Negué con la cabeza, y salí del baño sin decir nada.
Chris se colocó una toalla en la cintura y fue detrás de mí.
Me alcanzó.Yo seguía llorando, de pie junto a la cama, sin saber si sentarme, correr o gritar.
—¿Qué nos está pasando? —preguntó con voz baja, parándose frente a mí.
No contesté.
Mi garganta era un nudo y mis ojos un mar.
—Lo único que hacemos es pelear —siguió—. Lo único que haces es buscar un maldito pretexto para pelear...
Puso su mano en mi mejilla con suavidad.
—Solo quiero una hermosa vida a tu lado —susurré con la voz entrecortada, como una niña rota.
—¿Y no la tienes ahora? —dijo él, con esa mezcla de ternura y desesperación en los ojos.
—Sí... pero...
—¿Entonces?
—Entonces... ya no quiero que hagas porno —dije, mirándolo por fin—. No lo necesitas. No más.
Su expresión cambió de inmediato. Se alejó un paso. Cerró la mandíbula.
—Esto no funciona así, Kylie. Tú no puedes prohibirme nada. No puedes decirme qué hacer y qué no...
Me puse de pie de inmediato, el estómago revuelto por sus palabras.
—¿En serio?
—Tú tienes la libertad de hacer lo que te plazca. Yo también.
—¿Eso crees? ¿Que libertad es hacer lo que sea aunque duela a quien amas?
Chris guardó silencio.
—No sé qué contestar ante esto
—¿Por qué quieres seguir teniendo sexo con otras personas? —grité de pronto, quebrándome—. ¿Por qué no puedes ser solo mío?
—¡Me conociste haciendo esto! —levantó la voz también, sin gritar, pero con dureza—. ¡Lo he hecho toda mi maldita vida! Y si no fuera por mí, tú ahora seguirías haciéndolo también..
Sus palabras fueron un golpe seco, directo al pecho.
Lo miré en silencio, con los ojos empañados.
¿Eso pensaba? ¿Que yo le debía mi libertad? ¿Que por eso no tenía derecho a pedirle más?
—¿No soy suficiente para ti?
Chris me miró. Sus ojos se suavizaron.
—Lo eres, mi amor. Eres demasiado. Eres la persona que más amo en este mundo. Pero tienes que entender que esto es solo un maldito trabajo. Nada más..
Un maldito trabajo.
Casi reí. Casi vomité.
¿Eso era? ¿Solo un trabajo?
El mismo "trabajo" que me hizo sentir usada, vacía, exhibida, violada emocionalmente en cada set.
El mismo que me obligo a fingir placer mientras se me partía el alma.
El mismo que hizo que mi familia me escupiera en la cara y me dijera que era basura.
¿Solo un trabajo?
Lo miré, completamente vacía.
¿Valía la pena seguir discutiendo por esto?
Tal vez no. Porque yo ya sabía su respuesta. Y él, probablemente, nunca entendería la mía.
—Bien. Lo entiendo —dije fingiendo una sonrisa que me dolió más que cualquier escena en mi pasado.
—¿En serio? —preguntó con alivio, acercándose.
Asentí. Me limpié las lágrimas.
—Te amo. ¿Lo sabías?
Asentí otra vez. Me besó los labios. Y cada vez que lo hace en momentos así, siento que no es un beso. Es una despedida lenta. Una renuncia.
—Voy a terminar de bañarme y luego salimos —dijo, volviendo al baño.
Y entonces me sentí como una niña caprichosa por no conseguir lo que quería.
Pero no era capricho. Era dolor. Era desesperación. Era amor queriendo salvar algo que se hunde.
¿Ustedes cómo se sentirían?
¿Cómo se sentirían si el cuerpo de la persona que aman es compartido con otras personas una y otra vez, aunque les jure que es "solo trabajo"?
Yo me fui al segundo baño, necesitaba pensar. Llorar en paz.
Tratar de calmar este terremoto interno.
Minutos después.
Chris se arreglaba frente al espejo mientras yo me vestía con ropa cómoda.
Hoy sería la primera vez que salíamos desde que comenzó la pandemia.
Me debería emocionar.
Pero sentía una ansiedad horrible en el pecho.
Íbamos a resolver unos asuntos de su trabajo. Yo lo acompañaría.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Pero había una incomodidad entre nosotros. Y eso se notaba. Densa. Silenciosa. Como una pared invisible.