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KYLIE JENNER

Era día de grabación.

Me desperté antes de que sonara la alarma.

No porque estuviera emocionada, sino porque no podía dormir.

Una ansiedad constante me apretaba el pecho, como si algo dentro de mí gritara para que me detuviera.

Me levanté y caminé hacia la ventana, esa gran pared de cristal que me mostraba la ciudad desde lo alto.

Estaba nublado. Posiblemente llovería.

Siempre he amado los días grises.
Tal vez porque se parecen a mi alma últimamente.

Me puse una bata encima, preparé un capuchino y marqué a mis padres.

Mi madre me contó que mi padre había logrado subir un poco de peso.

—Está mejorando —dijo con una sonrisa.

Yo también sonreí, aunque por dentro sentía que me estaba desmoronando lentamente.

Colgué y me encerré en el baño.
Me miré al espejo.

"Estás bien, Kylie. Estás haciendo esto por ellos. Solo un poco más."

Me duché, me vestí con ropa cómoda y tomé un taxi hasta el set.

[.......]

Al llegar, todos me saludaron con una mezcla de respeto y curiosidad.

—Buenos días —respondí con una sonrisa falsa, como siempre.

Me acerqué a la gran pizarra.

Locación 8.

Perfecto. Una de las principales.

Caminé hacia mi camerino, repasando mentalmente el guión que me habían mandado días antes.

La historia era simple, como casi todas:
Pareja en la cama, ven porno en la TV, se excitan, terminan teniendo sexo intenso.

Al llegar, me topé con Héctor, uno de los coordinadores.

—Ahí está tu vestuario. En 15 minutos comenzamos.

Asentí en silencio y entré.

Vi el conjunto sobre la silla.

Una pijama de color rosa, de esas que solo se ven en comerciales, no en una casa real.

Demasiado linda para la función que iba a cumplir.

Me la puse con resignación.

Cada vez que me quitaba la ropa en este lugar, era como si también me arrancaran un pedazo de alma.

[......]

—¿Con quién me toca hoy? —pregunté, sentándome en la cama del set.

Antes de que alguien respondiera, escuché una voz masculina y segura:

—Buenos días, gente..

Chris Evans.

Mi cuerpo se tensó.
Sentí cómo mi estómago se contraía.

Él entró como si el mundo le perteneciera.

Traje ajustado, sonrisa perfecta.

Se acercó a mí como si nos conociéramos de toda la vida.

—Encantado de actuar con la famosa Lie J —dijo, y besó mi mejilla sin preguntar.

Sentí un escalofrío.

No porque me disgustara su presencia... sino porque me incomodaba lo mucho que me provocaba.

No quería sentir eso por alguien aquí.
No aquí.

—¿Cómo estás? —preguntó, arqueando una ceja.

—Bien... —contesté con voz seca.

El se sacó ma camiseta.

El director se acercó entonces.

Nos explicó la escena, los movimientos, los puntos de cámara, las indicaciones

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Nos explicó la escena, los movimientos, los puntos de cámara, las indicaciones.

Yo asentía mientras por dentro me iba desvaneciendo.

"Chris comenzará a besar tu cuello..."

"Tú le acariciarás el pene sobre el boxer..."

"Él te tocará sobre el short..."

"Después la desnudas, y le metes los dedos..."

Yo no era actriz.
Yo no era modelo.
Yo era una chica desesperada, atrapada en un contrato, sobreviviendo como podía.

Me acosté en la cama, tratando de regular mi respiración.

Chris se acercó y me rodeó con el brazo.

—Ven —dijo con un tono suave.

—Tranquilo... —repliqué, quitando su mano de mi cintura.

Él levantó las manos, en señal de paz.

—Está bien, solo quería hacerte sentir cómoda..

—Mi trabajo es profesional. No te equivoques.

Él rió con suavidad.

—Eso me gusta... una mujer que pone límites.

Se quedó mirándome por unos segundos.

Sus ojos... tenían algo diferente.

No esa mirada vacía de los demás actores.

Había una tristeza escondida ahí.
Un tipo de dolor que reconocí.
Tal vez porque yo también lo cargaba.

El director gritó:

—¡Preparados para la acción!

Sentí que mi cuerpo entero se paralizaba.

No por la escena. No por las cámaras.

Sino por el miedo de no poder desconectarme esta vez.

De no poder fingir.

Chris se inclinó hacia mí.
Y justo antes de comenzar, susurró:

—Si en algún momento te sientes incómoda... házmelo saber. Yo paro.

Eso me desarmó.

Nadie había dicho eso antes.
Jamás.

Lo miré.
Por primera vez, sin máscaras.

Y algo dentro de mí cambió..

Ese día fue diferente.
No por la escena. No por el sexo.

Sino porque por primera vez, sentí que alguien veía a la mujer detrás del personaje.

Y aunque me dolía admitirlo...

Chris Evans había logrado derribar una barrera que pensé que nunca rompería nadie.

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