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Salí hecha un mar de lágrimas.
No caminaba, me arrastraba emocionalmente.

—¿Estás bien? —preguntó Stassie, visiblemente preocupada al verme llegar.

—Sí... ya me voy.

—Kylie...

—No te preocupes... disfruta, mañana nos vemos.

Fingí esa sonrisa estúpida que ya se me había hecho costumbre, como si pudiese maquillar con ella todo lo que sentía por dentro.

Justo cuando estaba saliendo, Chris apareció por el mismo pasillo que yo.

Stassie lo fulminó con la mirada. Pero yo solo dije:

—Estamos bien.

Ella no respondió. Sabía que no lo estábamos.

Besé su mejilla y me fui.

No caminaba: huía.

Me temblaban las piernas, el corazón, el alma.

Subí a mi auto sin siquiera entender cómo mis manos podían sostener el volante.

Arranqué y salí de ahí como si huyera de un incendio.

Pero el incendio iba dentro de mí.

[......]

Estaba en casa, tratando de funcionar como una adulta cuando por dentro era una niña llorando por su casa en ruinas.

Leía los contratos de renta de mis departamentos mientras "Memories" de Shawn Mendes me rompía el alma en cada nota.

Era un cliché con piernas.

Una mujer rota llorando con música triste y una copa de vino.

Pero era mi verdad.

¿Qué demonios podía hacer para dejar de llorar?

Díganmelo. Porque yo ya no sabía cómo vivir con este dolor.

¿Saben lo que es llorar todos los días?
¿Saben lo que es hacerlo a escondidas para que nadie te diga que "ya deberías superarlo"?

Yo sí.

Dejé la laptop, me serví otra copa de vino.
No estaba bebiendo, me estaba anestesiando.

Encendí la televisión sin mirarla. Me acosté en el sofá.

Y entonces, mi celular sonó.
Número desconocido.

Lo respondí, sin fuerzas. Casi por reflejo.

—¿Hola?... —pregunté con voz seca.
—Kylie... ven a mi casa. —Era Chris.
—¿Qué?
—Ven.

Colgó.

Me quedé en shock.

¿Debería ir?

¿Y si estaba mal? ¿Y si era una señal?

No pensé demasiado.
Me cambié, agarré las llaves y salí volando.

[......]

Llegué a su departamento.
Aún me conocían. Me dejaron pasar sin preguntas.

Toqué la puerta.

—Está abierta... —gritaron desde adentro.

Entré. Lo que vi me dejó sin aire.

—Chris... —murmuré desde la entrada.

—Ya sé, ya no soy guapo —dijo con un cigarro colgando de los labios.

No era que no fuera guapo.
Era que ya no era él.

Estaba pálido, delgado, destruido.
Sus ojos estaban apagados. Su piel, ojerosa.
Parecía un fantasma.

Un hombre que alguna vez fue dios, ahora se arrastraba en el infierno.

—¿Qué necesitas? —le pregunté, con la garganta hecha polvo.

—Córtame el cabello —dijo, sin rodeos.

—¿Qué?

—Tú lo haces bien... por favor. Eres la única persona que tolero cerca de mí.

Me quedé en silencio.
Esto no estaba bien.
Esto no era una visita casual.
Era un grito de auxilio disfrazado de petición absurda.

Era un grito de auxilio disfrazado de petición absurda

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Se quitó la camiseta.

Le arranqué el cigarro de la boca y lo tiré.

—Oye... —dijo sorprendido.

No dije nada más.
Solo tomé los instrumentos y comencé a cortar su cabello.

Cada mechón que caía al suelo era un trozo más de mi corazón deshaciéndose.

Estar tan cerca de él...
Sentir su respiración...
Tocar su piel...
Me estaba matando.

Pero él ya estaba muerto por dentro.

—Necesitas ayuda... —susurré detrás de él.

No respondió.

—Basta, Christopher. Te ves muy mal..

Suspiró, se giró a verme.

Sus ojos eran un océano lleno de naufragios.

—No quiero estar bien —dijo sin titubear.

—Necesitas estarlo...

—Pero no quiero. Mi vida no tiene sentido..

Tragué saliva.
Las lágrimas salían como cuchillas.

Le limpié las lágrimas con mis dedos.

¿Cuántas veces más tendría que hacerlo hasta que entendiera que no podía seguir así?

—No vuelvas a llamarme... ¿okey?

Él se puso de pie, con el cuerpo cansado de luchar.

—Solo nos hacemos daño, Chris... Esto no es bueno para los dos..

—Te amo, Kylie. Te amo con locura.

Yo quería gritarle que yo también.

Quería besarle la boca hasta olvidar el mundo.
Pero no.
NO.

Esto no era amor sano.
Era una droga también.

—Solo quiero estar contigo a cada segundo... no puedo vivir sin ti..

Y yo tampoco podía.
Pero tenía que hacerlo.

Porque el amor verdadero también sabe cuándo decir adiós.
Porque no puedo amarlo si él no se ama.
Porque no puedo salvarlo si él no quiere salvarse.

Lloré.

Como nunca.

Y mientras él me miraba sin comprender por qué me alejaba...
Yo solo pensaba:

"Nos amamos tanto... y aún así no nos basta."

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