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Salí hecha pedazos de la habitación.

Mis piernas apenas respondían, pero logré avanzar.

Cuando Chris me vio, se levantó de inmediato.

No le dije nada.
Solo corrí a sus brazos y me deshice en llanto.

Me abrazó con fuerza, como si quisiera recoger cada pedazo roto de mí.

—Vamos a casa —susurró, acariciándome el cabello.

Asentí entre lágrimas.
No tenía fuerzas para más.

Solo quería escapar de todo.

[......]

Ya de vuelta en New York, el aire era igual de pesado.

Nada se sentía como hogar.

Apenas crucé la puerta de mi departamento, me fui directo a mi habitación.

Chris venía detrás, pero cerré la puerta en su cara sin pensarlo.

—¡ODIO ESTA MALDITA VIDA! —grité desgarrada, abrazando una almohada con desesperación—. ¡SOLO QUERÍA LO MEJOR PARA ELLOS! ¡SOLO QUERÍA VERLOS BIEN!

Golpeaba la cama, gritaba, lloraba.
Sentía que me asfixiaba.

—Abre la puerta, amor... —dijo Chris suavemente al otro lado.

—¡QUIERO ESTAR SOLA, CHRISTOPHER! ¡Por favor... déjame sola!

Hubo silencio.

—Está bien... te daré tu espacio. Cualquier cosa, solo llámame. Voy a hacer unas cosas...

Lo escuché alejarse.
Y entonces, el llanto volvió a apoderarse de mí.

Mi cabeza no paraba de doler, el alma me pesaba, y el cuerpo ya no quería responder.

Ya no podía seguir con esto.
No quería grabar más.
No quería esta vida.

[.....]

Desperté otra vez después de una noche entera llorando.

Sentía el estómago vacío, el corazón en ruinas.
Como si todo en mí estuviera muerto.

Fui directo a la ducha, con pasos lentos, como si flotara entre sombras.

A mitad del baño, escuché que la puerta se abría.

—¿Hola? —dije con el corazón acelerado.

—Soy el amor de tu vida... —respondió Chris con una risita traviesa.

Rodeé los ojos y reí débilmente.

Era la primera vez en días que me reía.
Aunque fuera solo por unos segundos.

Al salir, ahí estaba él.
Sentado en mi cama, esperándome.

Viendo televisión como si estuviera en casa.
Como si aún tuviéramos algo.

—¿Cómo estás? —me preguntó mirándome con dulzura.

—Fatal —respondí mientras me amarraba la bata—. Triste. Devastada. ¿Y tú?

—Mmm... bien, digamos. Estuve haciendo unas cosas...

—Qué bien —dije bajando lentamente a la cocina.

—Cosas para la mujer que más amo. —dijo detrás de mí.

Me detuve y lo miré.

—¿Y quién es esa mujer? ¿Tu madre? —pregunté con sarcasmo, arqueando una ceja.

Él se rió, negó con la cabeza y se acercó despacio.

—No... La mujer más hermosa, valiente y fuerte del universo. La única que me hizo creer en el amor.
La primera que me enamoró de verdad.

Me quedé en silencio.
Solo tomé un vaso de agua, sin saber cómo reaccionar.

—Ve eso... —dijo señalando unos folders encima de la mesa.

Me acerqué lentamente, confundida.
Tomé los documentos con las manos temblorosas.

—¿Qué es esto?

—Léelo... —susurró acercándose.

Mis ojos recorrían las hojas, y al principio no entendía...

Hasta que vi el logo de Pornhub.

Leí línea por línea, y mi corazón se detuvo por segundos.

Era un contrato de cancelación.
Una liberación.
Una renuncia firmada.

Volteé a ver a Chris, con los ojos llenos de lágrimas.

—No puede ser...

—Eres libre. —dijo con una sonrisa suave, casi rota—. Ya no más esto para ti. No más escenas. No más contratos. No más cadenas.

Mis piernas flaquearon.
Me dejé caer al suelo y rompí en llanto como una niña.

Chris pagó todo.
Esa fortuna que yo jamás podría haber cubierto.
Y me liberó.

—¡Eres el mejor hombre del universo! —dije entre lágrimas, abrazándolo con tanta fuerza que sentí que podría deshacerme dentro de su pecho.

Era real.
ERA REAL.

—Ya no tienes que seguir en esa vida, Kylie.
Te mereces otra. Una donde seas tú. Solo tú.

Yo no podía dejar de llorar.

Por primera vez en meses...
me sentí ligera.
Me sentí humana.
Me sentí libre.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora