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Finalmente, Chris y yo habíamos comprado una casa

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Finalmente, Chris y yo habíamos comprado una casa.

Una casa de verdad. Nuestra.

Ese espacio que tantas veces imaginé cuando me sentía sola, vacía, usada.

Un lugar que no se sintiera como un set, como una habitación de hotel o un departamento rentado con contratos opacos.

Un verdadero hogar.

Cuando la casa estuvo lista, fuimos los primeros en cruzar la puerta con el corazón latiendo desbocado.

—Bienvenida —dijo Chris, entregándome la llave mientras me abrazaba por la espalda.

Sentí un nudo en la garganta. Y no pude evitarlo.

Lloré.

Lloré con las rodillas temblando, con la emoción contenida de una niña que por fin encuentra refugio.

—¿Por qué lloras, mi amor? —preguntó Chris, apretándome más fuerte.

—Estoy tan feliz... nuestro hogar... —susurré entre sollozos.

—Tú eres mi hogar, Kylie —me dijo al oído, depositando un beso en mi cuello.

Ese momento... fue perfecto.

Chris besó mis labios con ternura, y luego sirvió champagne en dos copas. Brindamos. Reímos. Nos abrazamos.

Todo era alegría. Todo era paz.

Miramos cada rincón de la casa como si estuviéramos descubriendo un mundo nuevo, uno donde por fin podíamos ser solo nosotros dos.

Sin cámaras, sin guiones, sin gente controlando nuestras decisiones.

—¿Estrenamos la cama? —susurró Chris detrás de mí, pegando su cuerpo al mío.

Comencé a mover mi trasero contra su entrepierna, provocándolo.

—¿Tú qué crees? —dije mordiéndome el labio inferior.

Chris me inclinó con fuerza sobre la cama y me dio una fuerte nalgada.

—Dame más, papi... —gemí entre risas, con la cara recargada en el colchón.

Él bajó mi pantalón con desesperación y siguió azotándome con fuerza.

Su respiración, mis gemidos, la emoción...
Todo era deseo puro, sin culpa.

Se bajó el pantalón también, se posicionó detrás de mí... y justo cuando estaba por entrar...

TOCARON LA MALDITA PUERTA.

—Continúa... —dije, jadeando, aún inclinada, sin ganas de detenernos.

Pero su celular comenzó a sonar.

Lo sacó del bolsillo del pantalón a medio subir y al mirar la pantalla, su rostro cambió.

—Sí... espera —dijo con voz seria, subiendo su pantalón del todo.

Y sin una palabra más, salió del cuarto.

Me quedé sola, aún inclinada, los pantalones por la mitad, con la piel hirviendo.

Tardé unos segundos en reaccionar.
Hasta que gruñí con frustración.

—¡CHRISSSS! —grité molesta, subiéndome los pantalones.

Bajé las escaleras... y entonces lo vi.

Chris estaba abrazando a una mujer.

Una mujer de unos cincuenta años, elegante, perfectamente arreglada.

Su perfume se sentía desde la escalera.

Se abrazaban como si fueran madre e hijo después de una tragedia.

Me quedé ahí. Sola. Mirando.

La mujer lloraba.

—Te amo, mi niño... —dijo ella, con la voz entrecortada.

Chris apenas la sostenía, y sus mejillas estaban rojas como si volviera a tener cinco años.

Me aclaré la garganta. Ellos voltearon. Chris pareció recordar de pronto que yo también existía.

—Mamá... ella es Kylie, mi novia. Kylie, ella es mi madre..

La mujer me miró de pies a cabeza.

Su sonrisa desapareció en el acto.
La que vino después era tan falsa que dolía.

—Hola... —dije, extendiendo la mano con una sonrisa.

—Hola... —respondió ella con frialdad, sin corresponder el gesto.

Luego volvió a abrazar a Chris, apretándolo como si yo no estuviera ahí.

—Ay, mi amor, te voy a preparar tu comida favorita. Al parecer tu mujer no te alimenta bien...

¿Perdón?

Chris se sentó como si nada en la barra de la cocina, mientras ella revolvía su bolso como si fuera su casa.

—¿Ella trabaja donde tú trabajas? —preguntó la mujer sin mirar.

Chris asintió, mientras bebía un vaso de agua.

—Mmm... no se puede tomar en serio a una mujer así —dijo con desdén—. Te lo dije, mi amor. No te encadenes a nadie, y menos a alguien... así

Como si yo fuera una cosa.
Como si yo fuera "menos" por ser actriz porno.

Me quedé petrificada.

Ella hablaba como si no pudiera oírla.

Y Chris... Chris no decía nada.
No la detenía.
No me defendía.

Una parte de mí quería gritar.
Otra parte solo quería desaparecer.

Primer día en nuestra casa... y ya me sentía invisible.

Me tragué las lágrimas. No iba a llorar frente a ella.

Volví a subir las escaleras. Cerré la puerta con fuerza y me senté al borde de la cama.

¿Este era mi nuevo hogar?

¿Un lugar donde tendría que seguir fingiendo, ahora no frente a cámaras, sino frente a una madre que me odiaba por lo que hacía y un hombre que no era capaz de levantar la voz por mí?

El mundo parecía haberse burlado de mí.

Pensé que había escapado del juicio del mundo, pero aquí estaba... ahora desde el corazón de la familia.

La casa era nueva.

Pero la jaula... seguía siendo la misma.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora