Kylie
—Ya dame el celular... —dijo Chris, de pie frente a mí, con la mandíbula apretada.
Lo miré con furia contenida, con los ojos ya cargados de llanto, pero aún con la dignidad aferrada al borde de la piel.
—No, Christopher. No hasta que me digas la verdad.
—A nadie, Kylie... —repitió, como si eso bastara—. Solo las tomo para mí.
Mentira.
Lo supe por la forma en la que evitaba mirarme.
Por ese silencio que se vuelve culpable.
Por esas miles de imágenes que nunca me había enviado a mí.
—No te creo.
Mi voz tembló. Pero no era miedo.
Era rabia. Era asco.
Eran años de heridas que creí cerradas.
—¿Qué es esto, Christopher? —le dije mostrando la pantalla—. ¿Qué mierda es esto?
Videos.
Decenas.
Cientos.
Él, masturbándose. Él, jadeando frente a la cámara. Él, mirándose al espejo como si siguiera vendiéndose al mejor postor.
—No puede ser... ¿Qué demonios haces con esto?
—Nada, Kylie... solo... solo me grabo para mí.
—¡¿Para ti?! ¡¿Para ti?! ¿A quién demonios quieres convencer con eso?
Mi voz ya era un grito.
—Dime la puta verdad, Christopher.
Se acercó. Intentó arrebatármelo.
—¡Dame el celular!
—¡DIME LA PUTA VERDAD, CHRISTOPHER! —grité empujándolo.
—¡Dame mi celular por favor!
—¿A quién le mandas esto? ¿Quién es ella?
—¡A nadie! ¡Te lo juro!
—¡No me jures ni mierda!
—¿Encontraste alguna infidelidad? ¿O solo estás loca?
—¡DIME LA VERDAD!
—¡ENTIENDE!
—¡Toma tu puto celular!
Y lo estrellé contra el piso.
Con fuerza.
Con rabia.
Con el peso de todas las veces que me sentí usada.
De todas las veces que fingí orgasmos frente a cámaras.
De todas las veces que lloré en silencio después de "cortar".
Lo pisé.
Lo destruí.
Como él estaba destruyendo nuestra familia.
—¡VETE A LA MIERDA! —gritó, rojo de ira.
—¡VETE TÚ, MALDITO HIJO DE PUTA! —le grité, lanzándole una almohada.
Y me derrumbé.
Las piernas no me sostuvieron.
Me cubrí el rostro con las manos y lloré como hacía años no lloraba.
—¿Mamá...?
Mi corazón se detuvo.
Me giré y ahí estaba Kiara. Pequeña. Inocente.
Con los ojos grandes y asustados.
Me tragué el llanto como pude. Me di la vuelta.
—Mami... —se acercó despacio.
Me abrazó por la espalda.
Y me rompí.
Solté todo. El grito mudo. Las lágrimas. El dolor.
—¿Qué tienes?
Me senté y la abracé fuerte.
La apreté como si con eso pudiera protegerla de todo.
—¿Peleaste con papá? ¿Qué hizo?
—Nada, mi amor... nada importante —mentí, acariciando su carita—. ¿Harás tu tarea?
Asintió.
—¿Te ayudo?
—Por favor...
La besé. Limpié mis lágrimas.
Fingí estar bien.
Porque no podía romperme delante de ella.
—Ahorita te alcanzo, ¿sí?
Ella salió.
Y me quedé sola.
Con la habitación helada.
Con la cama vacía.
Con la cabeza a punto de estallar.
¿Me estaba engañando?
¿O simplemente nunca dejó de ser parte de esa industria?
¿Y si ese "solo me grabo para mí" era una excusa para seguir sintiéndose deseado por el mundo entero?
[.....]
Pasaron las horas.
Chris no volvió.
Ya eran las 11 de la noche. Nada.
El vacío al lado mío se volvió una bofetada.
Dormía con Kiara y Liam.
Ellos, al menos, dormían en paz.
Yo no podía.
—¿Y papi? —preguntó Liam, abrazándome.
—Tuvo que salir, amor. Pero vendrá pronto. Ahora duerme, ¿sí?
Él cerró los ojos.
Y yo solo los observaba dormir.
Mis hijos. Mis ángeles. Mis razones.
Ellos no merecían este infierno.
Ellos no deberían cargar con los errores de dos padres que, alguna vez, vendieron su cuerpo por dinero... por fama... por necesidad... o por confusión.
Sabía que si confirmaba la infidelidad, esta familia se rompería.
¿Y qué sería de mí?
[.....]
Desperté antes del sol.
Me metí a la regadera y dejé que el agua ardiente me limpiara el llanto seco.
Después los desperté.
—¡Arriba, bebés!
Los vestí, los peiné, los llevé a la escuela.
Y al volver a casa...
Ahí estaba.
Chris. Dormido en el sillón de la sala de cine.
Solo Dios sabe a qué hora llegó.
Al rato salió de bañarse.
Lo vi salir con una toalla, el rostro sin expresión. Como si nada hubiera pasado.
—No estuvo bien lo que hiciste —dijo poniéndose un pantalón.
Lo fulminé con la mirada.
—Cállate. No quiero escucharte. Vete.
—¿Segura? —preguntó con arrogancia, parado frente a mí. Estoy harta de que no confíes en mí —siguió.
—¿¡Tengo razones para hacerlo!? ¿¡A quién demonios le mandas esas fotos y videos!?
Me ignoró.
—¡NO RESPONDES LO QUE NO TE CONVIENE!
—¿¡QUÉ DEMONIOS QUIERES QUE TE DIGA!?
—¡LA VERDAD! ¡ESO! ¡QUE ME DIGAS LA MALDITA VERDAD DE UNA VEZ!
Lloré.
Lloré como si con eso pudiera vaciar el veneno de la traición.
Y lo peor fue lo que dijo después.
—¿Segura que quieres que me vaya?
—¡Sí! ¡VETE CON TU AMANTE!
Me miró. No dijo nada.
—¡VETE!
Y entonces...
—Bien. Me iré con ella.
Y se fue.
Y yo... me quedé congelada.
No era solo una pelea.
No era solo un celular.
Era la confirmación de que el amor, cuando no sana el pasado, también puede convertirse en cárcel.
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
Fiksi PenggemarDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
