Estaba furiosa.
No ese tipo de enojo que se va con un respiro profundo o una caminata, no.
Era ese enojo que nace desde el estómago, que arde como fuego y quema hasta el pecho.
Miles de mensajes y llamadas... ni una sola respuesta.
Christopher estaba desaparecido. Literalmente.
¿Debía preocuparme?
Sí. Pero no por él. Por nosotros. Por Kiara.
Por todo lo que estábamos empezando a perder.
Kiara había salido del festival con los ojos apagados.
Su sonrisa estaba rota.
"¿Mami, por qué papi no vino?" me preguntó, sujetando su vestidito de flores como si eso pudiera darle consuelo.
Tuve que disimular mis propias lágrimas, comprarle un helado y fingir que no estaba destrozada.
Las 5:00 PM.
La hora maldita.
Y ni sus malditas luces.
Finalmente, vibró mi teléfono.
Un mensaje. Solo uno.
"Lo siento, se me hizo tarde. Llego en una hora."
Una hora. Como si eso arreglara algo.
Como si eso borrara el hecho de que se perdió el primer festival de su hija.
El primero.
Chris siempre llegaba a casa a la 1:00. Siempre.
Esto no era normal. Algo, algo muy jodido, estaba pasando con él.
Estaba parada frente a la ventana cuando escuché el sonido mecánico del garaje.
El rugido del Ferrari entrando como si nada.
Qué irónico, tanto lujo y tan poco corazón.
Me levanté de inmediato.
—Kiara, Liam... vayan a su habitación, por favor.
No era una petición. Era una orden.
Mis hijos, como si pudieran oler la tormenta, corrieron sin decir una palabra.
Él entró.
Su mirada... vacía. Como si no supiera el infierno que acababa de desatar.
—¿Qué demonios te sucede? —le solté al instante, sin filtro.
—¿Qué me sucede qué? —respondió como si fuera él la víctima.
Me acerqué, tan cerca que podía oler ese perfume que solía amar y que ahora me daba náuseas.
—¿Te estás drogando? —le pregunté, buscando en sus ojos cualquier señal, cualquier mentira.
—No, Kylie. Claro que no...
Lo miré largo rato. Algo dentro de mí se quebró.
—No sé qué demonios te pasa...
—¿Por qué dices eso? —insistió, actuando como si no entendiera.
—¿¡En serio preguntas por qué!? HAS CAMBIADO, CHRISTOPHER! Llegas tarde todos los días, te comportas como si esta familia no importara... ¡Y TE PERDISTE EL MALDITO FESTIVAL DE TU HIJA!
—Mierda... —susurró, tomándose la cabeza—. Mierda y más mierda. Perdón...
—No. A mí no me pidas perdón. Pídeselo a tu hija, que se quedó mirando la puerta esperando que entraras.
Me di la vuelta, sentía que si lo seguía mirando, lo golpearía.
Subí las escaleras con el corazón hecho trizas. ¿Cómo llegamos a esto?
—Kylie... —lo oí detrás de mí.
Le cerré la puerta en la cara. Sin una sola palabra más.
[...]
Pasó un rato. No sé cuánto. Lo suficiente para pensar en todo. En el amor, en la traición, en las promesas rotas.
Él entró, sin decir nada al principio.
—Perdóname, Kylie... —dijo mientras caminaba hacia su clóset.
No contesté. Solo lo miré.
El dolor era tan profundo que ya no tenía forma. Solo vacío.
Se quitó la camiseta y se quedó en silencio.
Yo lo observaba.
Su cuerpo seguía siendo el mismo.
Pero su mirada... no.
—¿Qué te pasa? ¿Qué es todo esto? ¿Qué estás haciendo, Chris?
—Nada. Solo estoy cansado. Tengo demasiado trabajo...
—No es solo trabajo. No me vengas con eso. Te conozco. Hay algo más, y a mí no me mientes.
Evadía mi mirada.
Siempre había sido transparente, pero ahora era un muro.
—Estás mintiendo...
—Kylie...
—Te conozco de pies a cabeza, Christopher. Algo estás ocultando.
—No estoy ocultando nada...
—Entonces mírame a los ojos y dímelo. Si ya no me amas... solo dilo.
Decirlo fue como romperme en voz alta.
Mis lágrimas brotaron sin permiso, con una furia tan silenciosa como devastadora.
—No, no, no... —dijo abrazándome con fuerza—. Jamás dejaría de amarte. Eres el amor de mi vida. Te amo más que a mi vida, Kylie. Más que a todo...
—No te creo nada... —me solté de sus brazos. Entré al baño.
Me miré al espejo. Esa mujer reflejada... ya no era yo. Estaba cansada, rota, insegura.
Me lavé los dientes solo por costumbre.
Al salir, lo vi: Christopher, sentado en la cama, con el celular en las manos.
Escribía algo, demasiado concentrado.
Demasiado... culpable.
Me paré frente a él.
Inmediatamente bloqueó la pantalla.
—¿Me prestas tu celular?
—¿Para qué?
—Quiero hacer algo...
—¿Vas a revisarlo?
—Tal vez. Quiero saber qué tanto haces ahí todo el día.
—¿Así será ahora? ¿Espiarnos entre nosotros?
—El que nada debe, nada teme, ¿no?
—No debo ni temo nada. Pero no me parece... jamás agarro tu celular.
—Entonces algo ocultas.
—No, pero no te lo voy a dar. —Se puso de pie y salió de la habitación sin volver a mirarme.
Y ahí lo supe.
Con eso lo confirmó todo.
ESTÁS LEYENDO
Pornstar Love
Fiksi PenggemarDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
