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Kylie

Dejé de abrazarlo y tomé su rostro entre mis manos con ternura y firmeza, como si de ese contacto
pudiera extraerle el dolor que cargaba desde niño.

—Eres la persona más increíble del mundo, Christopher —le dije, mirándolo directo a los ojos, dejando que mi voz se quebrara sin miedo—. Eres tan fuerte que nadie imaginaría lo que viviste. Porque aún después de toda esa mierda, tú... tú te mantuviste de pie

Su labio temblaba. Las lágrimas caían por sus mejillas con una delicadeza cruel.

—Sobreviviste a lo impensable y aun así tuviste éxito. Brillaste. Conquistaste el mundo con una sonrisa que nadie sabía que estaba rota por dentro. Te convertiste en uno de los hombres más admirados del planeta. No importa lo que fuiste, no importa si tuviste que vender tu cuerpo en el porno, no te defines por eso. Te defines por todo lo que construiste desde esas ruinas

Le limpié las lágrimas con los pulgares, como si borrar su tristeza fuera tan sencillo como acariciar.

—Tuviste éxito, Chris. Lograste tanto, incluso con todas esas heridas abiertas

Sonrió débilmente. Yo sonreí también, esa sonrisa que solo se da cuando el corazón duele pero ama.

—Y si alguien tiene dudas, yo no las tengo: eres el mejor padre del mundo

Él soltó un suspiro quebrado.

—Te veo con nuestros hijos. Te veo mirarlos con devoción, con un amor tan puro que me llena el alma. Sé que tomé la mejor decisión de mi vida al elegirme para tenerlos contigo. No me equivoqué, Christopher. No me equivoqué contigo

Me incliné y deposité un beso suave en sus labios, un beso que no pedía nada, que solo ofrecía todo.

—No me equivoqué al enamorarme de ti. Ni al entregarte mi vida. Y quiero que sepas algo: no voy a permitir que el sufrimiento vuelva a apoderarse de ti. Voy a estar contigo, cuidándote, amándote, protegiéndote... como tú siempre lo has hecho por nosotros

Él sollozó, tragándose el dolor como podía.

—No te merezco... —musitó, sin poder sostenerme la mirada.

—No, mi amor. —Le levanté el rostro con los dedos, suave, pero firme.— Tú y yo somos uno solo. No hay "merecer", hay amor. Nacimos para estar juntos

Chris se quebró.
Se derrumbó en mis brazos como un niño.
Y yo lo sostuve. Como madre. Como esposa. Como amiga. Como todo.

—Te ayudaré a sanar, Chris. Te lo prometo. Ya no estás solo. Nunca más lo estarás. Me tienes a mí. A Kiara. A Liam. A Dylan. Tienes una familia que te ama con locura, con todo, sin condiciones

—Eres el amor de mi vida —dijo con la voz más rota y verdadera que le había escuchado—. Te amo como no tienes una maldita idea...

—Tú eres el amor de mi vida, Christopher. Te amo más de lo que jamás podré explicar

Y nos besamos.

No fue un beso de pasión, fue uno de redención.
De entrega. De pacto eterno.

Cuando nos separamos, me puse de pie.

Él me miró como si necesitara que yo le guiara el camino.

—Vamos.

Le tomé la mano. Lo llevé a nuestra cama, y nos acostamos juntos.

Él, recostado sobre mi pecho, como un niño que por fin encuentra un lugar seguro.

Yo, acariciando su cabello, besando su nariz, abrazándolo como si con eso pudiera repararlo por dentro.

—Eres mi hogar, Kylie —murmuró, con los ojos cerrados y la voz casi inaudible—. Siempre lo fuiste

Mis lágrimas cayeron una vez más, silenciosas, sin permiso. Pero esta vez no eran de angustia, sino de alivio.

—Te amo, Christopher. Te amo demasiado

Y era verdad.

Su confesión me había partido en mil pedazos... pero también me había hecho amarlo más.

Entender su dolor era comprender sus decisiones.

Sus heridas eran cicatrices de guerra.
No lo hacían débil. Lo hacían humano.

Chris Evans, el hombre que el mundo admiraba, era el niño que yo juraría proteger por el resto de mi vida.

Y eso haría.

[......]

Los días pasaron. Y Christopher, por primera vez en su vida, aceptó ayuda.

Él, que tanto había renegado de la terapia, finalmente accedió.

Sabía que era el paso más importante.

Que no era solo por él, sino por sus hijos, por nosotros, por el futuro que queríamos construir.

Sanar no sería fácil. Había cicatrices profundas.

Había fantasmas que aún habitaban su mente.
Pero ya no caminaría solo.

Ahora tenía mi mano.
Tenía el amor de sus hijos. Tenía su familia.

Y aunque los traumas no se borran, se pueden convertir en cicatrices limpias.

Se puede aprender a vivir con ellas sin que definan todo.

Ahora empezaba nuestro verdadero camino: el de la sanación. El de la reconstrucción.

El del amor real.

Pornstar LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora