Dos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo.
Una historia de dos cuerpos usados por otros...
...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad.
25-10-21.
BY: ITZEL LUGO.
Después de una plática divertida con Chris —de esas que me hacían olvidar por un instante dónde estaba y lo que hacía—, llegué a casa con una sonrisa involuntaria.
Pero todo se desmoronó apenas abrí Instagram.
A Chris Evans lo seguian los paparazzi a cualquier lugar donde iba.
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Las redes estaban inundadas de fotos nuestras.
"¿Lie J y Chris Evans? ¿Una historia de amor en el porno?"
"¿Romance entre las estrellas de Pornhub? ¡Lo que sabemos de la química explosiva entre Chris y Kylie!"
Decenas de fotos, titulares amarillistas, rumores sin base.
Mi rostro. Mis gestos. Mis movimientos. Todo estaba bajo lupa.
Jamás me había sentido tan... observada. Y esa visibilidad no era fama, era exposición.
Yo no quería esto. No lo pedí. No buscaba brillar, solo sobrevivir.
Hasta ahora, me había mantenido relativamente anónima en este infierno disfrazado de industria.
Pero gracias a Chris —y al éxito explosivo de nuestro video— todo eso se había terminado.
Y mis padres podrían verlo.
Aunque no usaban redes sociales, las personas a su alrededor sí.
Vecinos. Amigos. Compañeros de trabajo.
No faltaría el que hiciera un comentario casual, destruyendo mi vida entera con solo una frase.
[.....]
—¿Y qué ha pasado con el guapo de Evans? —preguntó Stassie, mientras bebíamos vino y veíamos una serie que ya ni recuerdo.
—Seguimos hablando... —respondí con una risita. Una de esas que salen sin permiso.
Chris se había vuelto constante.
Mensajes, bromas, memes, audios.
Y por más que me juré no caer, comenzaba a gustarme demasiado.
Era guapo, millonario, divertido, protector...
Pero también era un actor porno. Y yo también lo era.
—Si no lo agarras tú, lo agarro yo —dijo Stassie con una sonrisa pícara.
Yo reí... aunque por dentro sentía una punzada.
No de celos. De realidad.
No podía permitirme enamorarme de alguien que folla con otras frente a una cámara.
Ni siquiera podía perdonármelo a mí misma.
Y aunque Chris insistía, yo sabía que, si él realmente quería algo, tendría que luchar por ello fuera del set.
[.....]
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Pasó apenas un mes cuando nuestro video fue lanzado oficialmente.
Más de cinco millones de streams en el debut.
El video más visto en la historia de la plataforma.
No sabía si reír, llorar o vomitar.
¿Tantas personas viendo cómo fingía placer mientras luchaba por conservar mi alma?
Después vinieron las campañas, los contratos, las "oportunidades".
Ofertas que antes hubieran emocionado a cualquier actriz nueva.
Pero a mí no. Yo no quería fama. No quería ser la cara de la industria.
Y sin embargo... ahí estaba. Viral. Visible. Vulnerable.
Chris intentaba animarme. Decía que lo merecía, que era mi momento. Pero mi corazón gritaba otra cosa.
—¿Cenamos esta noche? —preguntó Chris, arqueando una ceja cuando salíamos de una entrevista con un youtuber famoso.
—Tal vez... —respondí sin mirarlo, caminando al frente.
—Vamos, Kylie... no te hagas tanto del rogar conmigo.
Justo cuando estaba por girarme para responderle, apareció ella.
Una mujer alta, delgada, perfecta.
Ojos verdes, castaña, escote hasta el ombligo.
—¡Omggg Chris! —dijo, abrazándolo como si fuera su novio de años.
Y sin dudarlo... le besó los labios.
Mi estómago se hundió.
—Tanto sin verte... —dijo él, devolviéndole el beso.
La incomodidad me asfixió.
Sentí el rostro arder y una rabia mezclada con decepción crecer en mi pecho.
—Mira... —dijo Chris, apartándola—. Ella es Kylie Jenner..
—Sí, ya sé quién es... —dijo ella, con una sonrisa que no llegaba a los ojos—. La que me quitó el puesto, ¿no? Es broma, linda. Hola, un gusto.
Extendió la mano. Yo no la tomé.
—Ella es London Shay Goheen —dijo Chris, incómodo por primera vez.
—Vaya presentación, Evans... —dijo ella mientras le agarraba el pene con total descaro.
Mi mandíbula se tensó.
Y así conocí a London.
La resbalosa, la manipuladora,
la que sería la sombra que Chris no quería soltar.
Y la que estaba dispuesta a destruir lo que apenas empezaba a nacer entre nosotros.