Chris dormía profundamente.
Su respiración era suave, casi silenciosa. Su pecho subía y bajaba con calma, como si el mundo no pesara sobre él. Como si su alma estuviera en paz.
Lo miraba desde el borde de la cama, con los brazos rodeando mis rodillas, completamente despierta, enredada en mis pensamientos.
Era el hombre más bello de este planeta.
Cada línea de su cuerpo, cada lunar, cada marca... lo conocía de memoria.
Y aun así, lo sentía lejano.
Yo era la más afortunada por ser amada por él.
Pero también era la más rota.
Lo amaba con una locura que me hacía explotar la ansiedad en el pecho.
Una ansiedad silenciosa... que crecía cuando recordaba que no era solo mío.
Debía hacer algo.
Ya no quería compartirlo. No más.
[.....]
Con el tiempo, mi amor por Christopher creció como una planta salvaje: hermosa, pero incontrolable.
Me volvía más dependiente de él, y él, sin darse cuenta, también se volvía adicto a mí.
Éramos uno. O eso creía yo.
Pero seguía habiendo una grieta: su trabajo.
La pandemia nos había dado la fantasía de la exclusividad.
Lo tuve solo para mí. No más cámaras. No más actrices con las que debía compartir su cuerpo.
Solo nosotros. Solo nuestra cama.
Pero como todo en este maldito mundo, eso también terminó.
La gente volvía a sus rutinas, y Chris también.
Volvía a la industria.
A la piel ajena.
A los gemidos falsos.
Y yo...
Yo buscaba cómo mantenerme cuerda.
Abrí mis propios negocios.
Rentaba mis departamentos, abrí un salón de belleza y un spa.
Me sentía viva, productiva.
Me gustaba ser mantenida por Chris, claro... pero me gustaba aún más generar mi propio dinero, recuperar mi dignidad.
Volví a tener amigas. Risas. Salidas.
Pero nada, nada, llenaba ese vacío que crecía cuando él se iba a filmar.
[.....]
Terminé de bañarme y me puse ropa deportiva.
Amaba entrenar, amaba esa sensación de control sobre mi cuerpo.
Bajé a la cocina por mi termo de agua y caminé hasta el gymroom.
Y ahí lo encontré.
—¡Christopher! —grité, molesta al verlo fumando weed sobre la caminadora.
—¿Qué? —respondió entre risas, exhalando una nube densa de humo.
—¿Cuántas veces debo decirte que no fumes aquí? ¿Y menos en espacios cerrados?
—La ansiedad, lo siento... —dijo encogiéndose de hombros.
Lo odiaba cuando se drogaba.
Lo odiaba con cada célula de mi cuerpo.
Pero prefería eso a las otras drogas que solía consumir.
Yo conocí a Chris en su peor versión: un hombre roto, mujeriego, adicto, autodestructivo.
Y lo vi cambiar. Lo vi luchar. Lo vi renacer.
Dejó las drogas duras. Por mí.
Por nosotros.
Pero esta mierda... la marihuana... se había vuelto su refugio.
—Estoy harta de eso —dije mientras abría todas las ventanas.
—Lo siento —repitió, acercándose a mí—. Dame un beso...
—No me besarás con aliento a marihuana. Bañate y lava tus dientes..
—¿Segura? —dijo con esa maldita ceja arqueada que sabía que me encantaba.
Me crucé de brazos.
—Muy segura.
—¿No quieres iniciar con el cardio de una vez? —susurró al apretarme el trasero con descaro.
—No quiero cardio humano ahora. Quiero que te bañes..
Él rió, con los ojos brillantes de lo colocado que ya estaba.
—Báñate conmigo... —pidió, con cara de niño.
—No. Ya me bañé. Vete..
—Sabes que esto me pone muy caliente... —gruñó, acercándose más.
—No es mi problema —dije seca.
—Bien, tendré que recurrir a otras cosas...
Y salió del gym.
Suspiré. Tenía los nervios crispados.
Quería gritarle. Quería besarlo.
Quería que se fuera.
Me sumergí en mi rutina de ejercicios.
Era mi única forma de soltar el veneno que me ahogaba por dentro.
[.....]
Subía las escaleras empapada de sudor.
Exhausta.
Pero al abrir la puerta de nuestra habitación...
Gemidos.
Suspiros.
Jadeos que conocía demasiado bien.
Chris, recién bañado, estaba tirado en la cama, masturbándose.
En la pantalla: un video de nosotros dos.
Uno de nuestros tantos.
Podía verme gimiendo, montándolo, cabalgándolo con fuerza.
Podía verlo mirándome como si yo fuera el universo entero.
Me quedé congelada.
¿A ustedes les molestaría ver eso?
A mí no.
Al contrario.
Me encantaba.
Amaba nuestros videos.
Amaba cómo hacíamos el amor.
Éramos arte.
—Descarado... —murmuré, entre risas.
Chris soltó un suspiro y me miró con esa cara de niño mal portado que solo me mostraba a mí.
Mi entrepierna reaccionó al instante.
Verlo masturbarse... era un detonante.
Sin pensarlo, me acerqué a él.
Y comencé a chuparle el pene con hambre.
Con rabia. Con amor.
Su piel estaba tibia, palpitante.
Él gimió con fuerza, su mano enredada en mi cabello.
—Dios, Kylie... siempre tan perfecta...
Mis labios se deslizaban por su longitud mientras mis manos acariciaban su abdomen marcado.
Lo adoraba.
Adoraba sentir que en ese momento, aunque fuera solo por unos minutos, era solo mío.
Pero una parte de mí seguía doliendo.
Porque sabía que ese mismo cuerpo, esa misma boca, esa misma voz... pronto estaría en otro set.
Con otra mujer.
En otra cama.
Y aunque yo estuviera aquí, adorándolo, lamiéndolo, comiéndomelo con devoción...
Nunca sería suficiente para alejarlo del porno.
Y eso, eso era lo que más me partía.
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Pornstar Love
Fiksi PenggemarDos estrellas del porno que se encontraron entre la ruina y el deseo. Una historia de dos cuerpos usados por otros... ...que aprendieron a amarse en medio del ruido, el dolor, la fama y la oscuridad. 25-10-21. BY: ITZEL LUGO.
