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இ 152. Uchiha Obito.

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El silencio en la guarida de Akatsuki siempre tenía un peso distinto, una densidad fría que calaba hasta los huesos, pero para Obito Uchiha, aquel frío no era nada comparado con el abismo que llevaba en su propio pecho

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El silencio en la guarida de Akatsuki siempre tenía un peso distinto, una densidad fría que calaba hasta los huesos, pero para Obito Uchiha, aquel frío no era nada comparado con el abismo que llevaba en su propio pecho. Bajo la máscara anaranjada de un solo ojo, su rostro surcado por profundas y grotescas cicatrices permanecía impasible. El mundo entero creía que la tragedia que lo había quebrado llevaba el nombre de Rin Nohara, una compañera de equipo, un amor no correspondido que la historia había exagerado. Pero la verdad, su verdad más íntima y celosamente guardada, tenía otro nombre.

[T/N].

Ella no era una kunoichi, no poseía un linaje maldito ni un poder capaz de alterar el curso de las guerras. Era una civil, una mujer de sonrisa cálida y manos suaves, cuyas carcajadas alguna vez lograron disipar la espesa niebla de dolor que amenazaba con devorar la mente del Uchiha. Obito no se había unido a Akatsuki y manipulado sus hilos desde las sombras por el fantasma de Rin; lo había hecho por [T/N]. En su mente torcida, el Plan Ojo de Luna era la única garantía absoluta de crear un mundo perfecto donde ella nunca tuviera que sufrir, donde él pudiera quitarse la máscara y simplemente vivir a su lado. 

La mantenía a kilómetros de distancia de su oscura realidad, vigilándola en secreto, creyendo arrogantemente que su distancia era el mejor escudo protector.

Pero en el mundo shinobi, los secretos son la moneda de cambio más peligrosa, y las debilidades, una vez descubiertas, son sentencias de muerte.

La lluvia caía implacable sobre la Aldea de la Lluvia cuando la traición se gestó. Obito, oculto en las sombras de una de las torres más altas, escuchó las palabras que helaron la sangre en sus venas. A través de uno de los clones de Zetsu, la información había llegado a los oídos de Pain.

—El supuesto Madara tiene un ancla en este mundo —la voz de Pain resonó, metálica, desprovista de cualquier inflexión humana, mientras sus ojos anillados observaban la lluvia caer más allá del balcón—. Una civil. Mientras esa mujer respire, su lealtad al Tsukuyomi Infinito es condicional. Si la perdiera, o si alguien más la utilizara en nuestra contra, el plan entero podría colapsar.

Konan, de pie a su lado, cerró los ojos por una fracción de segundo antes de asentir con lentitud.

—Es un riesgo inaceptable —murmuró ella, con su tono gélido y pragmático—. ¿Debemos proceder?

—Eliminen el obstáculo. Que parezca un daño colateral de una escaramuza entre aldeas menores —sentenció Pain, girando sobre sus talones.

En la oscuridad de su escondite, el único ojo visible de Obito se abrió de par en par. La pupila escarlata se contrajo hasta convertirse en un alfiler mientras el tomoe del Sharingan giraba con una velocidad vertiginosa. Una presión asfixiante se instaló en su garganta. No esperó a escuchar más. El espacio a su alrededor comenzó a distorsionarse, succionándolo en un vórtice en espiral. El Kamui nunca le había parecido tan dolorosamente lento.

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⏰ Última actualización: May 12 ⏰

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𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐍𝐀𝐑𝐔𝐓𝐎Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora